Sangre Primigenia. El Despertar Inmortal (El Destino de la Sangre 1) 14. ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJA? #2
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14. ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJA? #2

Sin embargo, la pregunta que podía haberlo condenado a un castigo bien merecido no llegó.

Ragnasson tenía problemas mucho más serios que conocer la imprudencia de uno de los suyos.

Pese a que podía haber puesto en peligro a todo el campamento, Eirik lo dejó pasar porque seguían a salvo y nadie conocía su posición.

Ahora debía centrarse en el movimiento del ejército de los dos lacayos de Mørket y en poner a salvo a la Elegida, aunque eso cambiara de manera sustancial la predicción del futuro que había visto antaño.

Con el tiempo, esta había ido modificando algunos detalles, así que tendría que valerse del recuerdo de lo último que se le había revelado.

Vidar y Gudrun se colocaron a ambos lados del rey para mostrale su apoyo. Él asintió y retomó la conversación.

―Ren, ¿ya habéis conseguido sonsacarle algo al vampiro que habéis capturado?

―Aún no hemos podido interrogarlo, pero no hay duda de que es un perro de Abbadon. Llevaba el emblema del escorpión en sus ropas. Uno de los míos lo hirió en el cuello con su daga. En cuanto llegamos, lo llevaron a la casa Sjaman. Esperemos que hayan podido salvarlo.

―Me temo que poco habrán podido hacer dado que son incapaces de curar a los nuestros las heridas causadas por el acero dojehî . Avisadme si sobrevive. Con suerte, puede que logremos sonsacarle algo. Más tarde pasaremos a verlo ―dijo mirando a Vidar y Gudrun.

―Yngvar, en cuanto a Thyra, ¿de verdad que la viste con vida? ¿Ella se encontraba bien? ―insistió con seriedad.

―Sí, mi señor. Vi cómo Oskar caminaba con ella y se detenían fuera de la casa de la… Elegida ―nombrarla le costó más de lo que estaba dispuesto a admitir.

―¿Por qué será tan cabezota? ―vociferó. Se dio la vuelta y dio un fuerte golpe en la mesa―. Entonces, ¿dices que la última vez que los viste estaban en la casa de la…?

La rabia en la mirada de Eirik haría temblar al guerrero más fiero. Yngvar afianzó los pies en el suelo para no amilanarse y trató de erguir su cuerpo. Las heridas comenzaban a sanar, pero no tan rápido como lo hacían en la raza de los «No Muertos».

―Sí, mi rey. Oskar me aseguró que volverían al campamento tras aclarar algo con ella.

―¿Y qué es lo que tenía que aclarar?

―Eso no lo sé, señor.

―¿No erais amigos? ¿Pretendes que crea que no te ha dicho cuáles eran sus intenciones para con ella? ―Su voz tronó con tanta fuerza que algunos pájaros piaron con fuerza. Por suerte, la protección del campamento eliminaba cualquier sonido fuera de sus límites.

―Señor, Oskar es un errante honorable. Así que comprenderá que no me haya revelado lo que iba a hablar con su prometida .

Eirik unió ambas manos y apoyó los dedos a la altura de los labios. El joven Knutsen tenía razón. Un errante jamás le confiaría a otro lo que hablaba con su pareja destinada. Menos aun cuando no se había llevado a cabo el ritual del sjelevenner.

―¡Maldita sea! Está bien, Yngvar. Te creo. El problema que se nos presenta ahora es que eso nos deja solo dos posibilidades: o están dando un rodeo porque, al igual que tú, se han topado con las tropas de los vampiros, o los han capturado.

―¿Capturado? ―dijo el joven guerrero con la expresión demudada.

―Mi rey ―dijo Gudrun―, enviaré enseguida a dos destacamentos a buscarlos.

―Gudrun, no dudo de tu lealtad, pero tus guerreros han resultado ser de muy poca ayuda. Estos dos muchachos dieron antes con mi hija que los tuyos, así que no quiero oír nada de las excusas que vas a ponerme por las que no han dado con ella.

El guerrero apretó la mandíbula con fuerza. El Šāhanšāh acababa de menospreciar sus decisiones y lo relegaba a un lugar mucho más alejado de lo que había sentido que estaba hasta ahora.

―Vidar, prepara un pelotón con veinte de tus mejores guerreros. Esta vez no dejaremos nada al azar. Tú los comandarás. Trae a mi hija y al joven Isaksen sanos y salvos antes de la siguiente luna. Esa unión debe llevarse a cabo. Es de vital importancia para la raza y para el destino de todos.

―Mi rey, haré cuanto esté en mi mano para encontrarlos.

El de la casa Eide asintió con respeto. Después salió de la tienda para empezar a organizar el rescate. De un modo u otro, debía encontrarlos antes del plazo establecido.

Gudrun permaneció en silencio. No había podido disimular su molestia ni ante la mano derecha de Eirik ni ante el propio rey.

Su cometido como segundo en la jerarquía consistía en salvaguardar a los guerreros de la raza Errante, y, el de Vidar, cuidar al rey y a sus descendientes.

Durante milenios había sido de ese modo.

Ahora acababa de ser ridiculizado por culpa de la princesa, que había escapado hacia Dios sabía dónde.

Miró con ira al joven Knutsen mientras pensaba en que si los suyos, que eran los mejores rastreadores que existían sobre la faz de la tierra, no habían dado con Thyra, ¿cómo habían conseguido hacerlo dos muchachos inexpertos que apenas llevaban unos pocos años entre ellos ?

Sí, algo no cuadraba. Así que el valiente guerrero se volvió hacia el Šāhanšāh y observó cada uno de sus movimientos tras salir Vidar.

El rey no confiaba en él, pero aún no sabía la razón.

Más tarde hablaría con Ren y trataría de aclarar qué demonios habían estado haciendo durante tres días en mitad de los bosques para no dar con la princesa.

Un dolor le atravesó el pecho, puesto que había dedicado su existencia en servir a Eirik con honor, con verdadera lealtad.

Mientras escuchaba cómo repasaba con Yngvar lo sucedido, una idea tomó forma en su cabeza.

Puede que el futuro, por primera vez en mucho tiempo, fuera diferente.

Volvió a apretar la mandíbula porque eso abría la posibilidad a un nuevo destino, y tal vez el rey no fuese capaz de verlo.

Inspiró despacio tratando de centrar aquellos pensamientos.

Si se precipitaba, acabaría desterrado o muerto.

Por el momento, no le interesaba ninguna de esas dos opciones, de modo que relajó la postura un poco y se acercó a Eirik mientras asentía, dándole así a entender que aceptaba su decisión.

El rey dibujó una leve sonrisa y prosiguió hablando con el de la casa Knutsen, quien se veía necesitado de un descanso con urgencia.