Sangre Primigenia. El Despertar Inmortal (El Destino de la Sangre 1) 12. A MÍ NO ME ENGAÑAS #2
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12. A MÍ NO ME ENGAÑAS #2

Qil se incorporó un poco más, obligándola a sentarse en sus fuertes muslos. Volvió a sostener su cara entre las manos y la miró como si lo que había ocurrido fuera una señal.

―¿Me amas, Bêw?

Ella unió los labios y asintió sin decir nada. Dos lágrimas volvieron a teñir su rostro como respuesta. Qiloçker se las limpió con los pulgares mientras se perdía en sus ojos.

―Somos monstruos, amor mío ―ella suavizó la expresión al escucharlo―, pero incluso la bestia más cruel y terrible de la tierra es capaz de sentir.

Yo siento por ti algo que no soy capaz de explicar, pero te aseguro que podría matar al propio Mørket si se le ocurriera tocarte con uno de sus sucios dedos .

―Es la declaración de amor más original que he oído nunca, aunque puede que tengas razón ―dijo, entrelazando sus manos―.

Sí, somos monstruos, pero te amo igual que podía cuando estaba viva.

Sé que es imposible y, lo más probable, que mi mente sea la que se lo esté inventando.

Aun así, no me importa. Tenemos la eternidad ante nosotros, así que aceptemos cuanto tenemos y lo que somos capaces de sentir el uno por el otro.

El vampiro le enseñó sus colmillos antes de volver a sus labios. El baile de sus lenguas heladas contrarrestaba con el calor que aún desprendía el agua. Sí, su piel era tan fría como el hielo, pero ambos se comportaban como si pudieran crear el fuego más vivo con solo tocarse.

Qiloçker lamió sus labios, el mentón, el cuello…

Su boca era demoledora. Bêwestan cerró los ojos e inspiró para poder suspirar después.

Oír aquel sonido lo encendió aún más. Al verla tan entregada, pero de forma distinta, supo que no quería poseerla como siempre.

Esta vez no iba a ser ni rápido ni duro.

Esta vez se esforzaría en mostrarse a ella no como un animal salvaje, de eso estaba más que saciado, sino que lo haría como el hombre que fue.

Solo que ahora podía aguantar asalto tras asalto sin perder el resuello.

Ella se dejó caer hacia atrás, ofreciéndole su cuerpo para que hiciera lo que más le gustaba.

Qil se introdujo un pezón en la boca para disfrutar de su dureza con la lengua.

Succionó despacio, recreándose. Su frialdad provocó estragos en el centro del placer de la vampira.

Bêw lo sujetó del cabello para acercarlo aún más.

En respuesta, él la asió como si pesara igual que una pluma y masajeó con deleite sus glúteos desnudos.

Bajó los dedos para rozar la unión de sus piernas bajo el agua. La descarga que sintió ella en su interior hizo que se le escapara una sonrisa.

―Así que he conseguido hacerte reír… ―susurró en sus labios. Bêwestan se estremeció de nuevo ante la invasión en su interior―. A ver si te puedo hacer gritar.

Con sumo cuidado, pese a que no era necesario, sacó los dedos de su interior para levantarla un instante. Tras besar su boca como si su existencia maldita le fuera en ello, se colocó en su entrada y la hizo descender para perderse en su interior.

Despacio. Sin prisas.

Sus movimientos lentos y profundos comenzaron a desesperarla. Lo quería todo de él, pero entonces la miró a los ojos de una manera que hizo que entendiera qué era lo que buscaba .

―Nunca volveremos a ser humanos, Qil ―dijo ella con pesar. Apoyó las manos en sus hombros para que se detuviera.

―Lo sé, pero podríamos elegir comportarnos como tales. ¿No te parece? Aunque solo sea una vez. Un hombre y una mujer que se aman mientras hacen el amor. Igual que cuando perdimos la inocencia.

―Yo no sé lo que es hacer el amor, tan solo sé buscar el placer sin pensar en nadie más que en mí misma.

Bêwestan se quedó callada un momento. Llevaba siglos tratando de olvidar esa experiencia, pero, por mucho que lo había intentado, no había sido capaz de dejarla atrás.

El que él no le preguntara fue lo que logró que ella se abriera lo suficiente como para revelarle ese secreto.

―Mi primera vez no fue… ―se detuvo porque no era necesario describir los detalles.

Se sacudió para olvidar aquella escena―.

Pasaron años antes de poder vengarme, pero asesiné a quien me forzó en cuanto me convirtieron.

Ni siquiera me alimenté de él. Le corté el cuello con mi daga y me sentí liberada al ver cómo se desangraba ante mis ojos.

El desgraciado rogó por su vida mientras sus manos se teñían de una sangre oscura y espesa.

Ni me moví, tan solo le sonreí y disfruté de cada uno de sus últimos momentos.

Aún más cuando se ahogó entre estertores.

Qiloçker apretó la mandíbula con ira. Ella nunca le había contado nada de su vida antes de formar parte del ejército de Helmet. Saber que había sido ultrajada hizo que quisiera destrozar con sus propias manos a quien le había hecho tal atrocidad.

―Lo siento, Bêwestan. Debió de ser terrible para ti.

―Lo fue. Tenía trece años y él era el hijo del jefe de mi aldea. Cuando se lo confesé a mi madre, me abofeteó y me hizo callar. Poco después, escapé de allí porque… En fin, creo que no es el momento de recordar eso, ¿no crees? ―dijo dibujando media sonrisa, señalando a ambos en la tina.

―Tienes razón. Salgamos de aquí.

Con cuidado, abandonó su interior y la puso en pie. La cogió en brazos y la sacó del agua. Tras dejarla en el suelo, la cubrió con una de las toallas limpias para secarla.

―Qil, ¡para! ―Él la miró con la ira instalada en las entrañas―. Estoy bien. Eso pasó hace mucho tiempo. Siglos en realidad.

―Tienes razón, pero yo acabo de enterarme.

―No sé por qué te pones así. Te has alimentado de cuanto humano has querido, asesinado a un número incontable, y seguro que has violado …

―¡Jamás! Nunca he violado ni he permitido que ante mi presencia uno de los nuestros abusara de ninguna humana.

―Eso me parece muy difícil de creer ―dijo ella mientras se sentaba en la cama.

―Soy implacable. Reconozco que puedo matar tanto a humanos como a vampiros sin sentir ningún tipo de remordimiento, pero mancillar a una mujer es algo que no puedo soportar. Créeme cuando te digo que nunca he consentido que se hiciera delante de mí.

Ella lo miró extrañada. Lo cierto es que no había reparado en ese detalle cuando se alimentaban o entraban en batalla y después hacían prisioneros o acababan con los supervivientes.

Trató de recordar si él había incumplido aquello que afirmaba, pero fue incapaz de encontrar una situación en la que Qil no hubiese frenado tal acto.

―Siempre lo has impedido… ―dijo ella entrecerrando los ojos, con voz sorprendida.

―Así es.

―¿Sabes? Quizás podamos hacerlo.

―¿El qué?

―Comportarnos como dos humanos cualesquiera cuando estemos a solas ―añadió, poniéndose en pie y dejando caer la toalla que la cubría en el camino.

―¿Sí? ¿Crees que seremos capaces?

―No lo sé, pero me muero por averiguarlo.

―Bêwestan, ya estamos muertos.

―Eso no te lo discuto, pero te aseguro que aún puedo incendiarte por dentro, aunque tu piel continue fría como la escarcha.

Qiloçker se lanzó a su boca. La cogió en brazos y la apoyó en el muro de piedra. Puede que hubiera un término medio entre vampiro y humano, pero, sin duda, tener la fuerza y resistencia de diez hombres era una buena ventaja.

La miró a los ojos y se hundió en ella sin detenerse. Quería formar parte de su cuerpo, de su alma, aunque estuviera condenada. Comenzó a moverse en su interior, a entrar y salir cada vez más deprisa mientras la sostenía con sus manos como si no pesara nada.

―¡Más fuerte! ―susurró ella.