11. ESA ES RAZÓN MÁS QUE SUFICIENTE PARA MÍ #3
Bêwestan había presenciado esa escena tantas veces que prefería no pensarlo.
Como vampira, debería serle indiferente.
El dolor ajeno había dejado de importarle hacía mucho, sin embargo, por alguna razón, aquella noche no se sentía ella misma.
Lo sopesó un instante y decidió guardarse para sí lo que había visto y sentido con el sacerdote.
Lo más probable fuera que no significase nada, así que para qué alarmar sin razón.
O, más bien, para qué exponer su debilidad ante todos.
Qiloçker levantó la copa al verla y le guiñó un ojo.
Ella bajó la mirada y negó un par de veces.
Frunció los labios para aguantar una leve sonrisa.
Volvió a fijarse en aquella exhibición y decidió acabar de una buena vez para retirarse.
En realidad, en ese momento no tenía ganas de presenciar depravaciones.
Y, aunque Qil desprendiera sensualidad por cada poro de su piel, esa noche no necesitaba revolcarse con nadie, sino estar sola para poder centrarse.
Helmet la vio y le hizo un gesto para que se acercara. Ella obedeció, quería soltar lo que sabía y después alejarse de allí.
―Bêwestan, has llegado antes de lo que esperaba.
―He venido lo más rápido que he podido, señor.
Sin demora, le resumió lo ocurrido, aunque el resto ya se lo había relatado con anterioridad.
Sabía que a su jefe le gustaba oír la versión de cada uno, así que ella se la contó sin más.
También aportó la historia inverosímil de Landon sobre la herida del príncipe.
Athelstan respiró aliviado al saber que se hallaba fuera de peligro.
No cabía duda de que esa conversación era demasiado importante como para tenerla en aquellas circunstancias, por lo que Helmet detuvo la música y paralizó a los humanos. Xwînxwar se dirigió a la puerta y liberó a los sirvientes. Después la cerró y se mantuvo allí para que nadie más entrara.
―Entonces, ¿mi hijo está bien? ―insistió en saber el rey.
―Así es. El heredero no tiene ni un rasguño. Las armaduras inglesas deben de estar forjadas con un acero excelente ―dijo ella para tranquilizarlo.
―Pensaba que lo habían herido de gravedad ―intervino Wêranker.
―Y yo, pero la sangre que tenía no era suya, sino de su atacante.
Señor ―añadió mirando al rey―, les he pedido que permanezcan en la posada hasta que enviéis los refuerzos.
Para que lleguen a Richborough, será de vital importancia que el grupo sea de al menos cincuenta hombres.
Por supuesto, algunos de nosotros también deberíamos acompañarlos.
Helmet la observó un instante. Bêwestan era una vampira fiel. Siempre había confiado en ella; así que, si ella hacía tal petición, era algo que veía necesario.
El rey miró al «No Muerto». Este asintió como respuesta .
―Mañana saldrán sin demora ―dijo Athelstan preocupado. No solo la vida de su hijo estaba en riesgo, sino también la alianza que necesitaba para mantenerse en el trono.
―Entendido ―respondió ella.
―Qiloçker, tú y tus mejores oficiales iréis con ellos ―ordenó Helmet. No estaba dispuesto a que Abbadon asesinara al heredero sin saber el motivo―. Creo que podemos dar por acabada la… velada.
―Os lo agradecería ―respondió el gobernante, asqueado.
―No volverá a ocurrir, «mi rey». Hoy ha sido un día extraño. Perdonad mi falta de tacto.
Helmet hizo un gesto a los suyos. Estos se acercaron a los humanos para susurrarles que volvieran a vestirse y olvidaran cuanto allí había ocurrido. Ellos obedecieron enseguida y se marcharon a toda prisa.
Tras quedarse a solas, el rey volvió a pedirle a Bêw que le contara lo sucedido. Ella repitió sus palabras al ver cómo Helmet aceptaba que lo hiciera.
Athelstan bajó la mirada y maldijo. Aquella alianza le estaba trayendo muchos problemas.
Al no tener más opción que aceptarla, estuvo tentado de pedirle a su invitado que le hiciera olvidar el acuerdo al que habían llegado, puesto que ya no podía soportarlo.
En el último momento, tras sopesar las consecuencias, permaneció en silencio.
Después, se despidió hasta el día siguiente.
Situación que aprovecharon los acólitos de Helmet para reunirse a su alrededor.
―Abbadon está arriesgando mucho trayendo hasta aquí a sus bestias. Me temo que tendré que enviarle una misiva para que se explique porque no pienso aceptar esta situación. Mørket me eligió a mí para esta empresa, por lo que no sé a qué demonios está jugando ese malnacido.
―Señor, ellos van a matar, y no les importa en absoluto si son humanos o vampiros. Esta noche he tenido que deshacerme de Svart. Él ha sido quien ha atacado al príncipe.
―Eso no le va a gustar nada… ―Helmet sonrió con satisfacción―. En fin, descansad. Mañana debéis proteger a los hombres del rey con vuestra vida. Esa alianza debe llevarse a cabo como sea.
―¿Por qué te importa tanto, jefe? ―Xwînxwar no entendía la fijación que tenía su jefe con esa unión.
―Porque Abbadon trata de impedirla, y esa es razón más que suficiente para mí.