Sangre Primigenia. El Despertar Inmortal (El Destino de la Sangre 1) 5. UN TRATO A LA FUERZA #3
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5. UN TRATO A LA FUERZA #3

―He logrado distinguir a uno de ellos ―añadió su tutor―.

Su aspecto era bastante similar al de los invitados del rey, solo que más fornido y fiero.

Me ha parecido que sus ropajes eran algo diferentes.

El caso es que se ha convertido en humo delante de mis ojos mientras clavaba sus colmillos en la garganta de uno de los nuestros.

―¿Estás diciendo que son…?

―«No Muertos».

―¿Vampiros en Essex? ―dijo Alistair en un tono de incredulidad absoluto―. Creía que eran una leyenda…

―Y yo, pero lo que he visto no tiene explicación. El invitado del rey creo que no es quien dice ser. Es muy probable que vuestro padre esté en peligro.

―¡Debemos regresar enseguida! ―exigió Alistair, poniéndose de golpe en pie.

―Mi príncipe, mucho me temo que esta noche no podemos volver al castillo.

―¿Por qué?

―¡Porque es demasiado peligroso! ¿Es que acaso queréis morir? ―Landon lo sujetó del brazo con fuerza. Su expresión mostraba que eso era justo lo que iba a suceder si salían de aquellas cuatro paredes.

―¿Y qué pretendes que hagamos? ―respondió con rabia.

―Tomaremos una ruta alternativa. Al amanecer, enviaremos a los dos emisarios para informar de lo que ha ocurrido y nosotros iremos a conocer a vuestra prometida.

No sabemos si el castillo aún es seguro.

Comprended que no puedo arriesgarme a poneros en peligro, y todavía faltan algunas jornadas para llegar a nuestro destino.

Si vuestro padre… ―Se detuvo un instante―.

Vos seríais el rey, y ahora, más que nunca, necesitamos esa alianza.

Si todo está en orden, los otros emisarios llegarán en unos días al punto acordado.

Ellos nos esperan en Richborough. El problema es que dudo mucho de que mañana avancemos lo esperado antes del anochecer porque hemos castigado a los caballos hasta la extenuación, así que habrá que buscar otra posada para resguardarnos .

―¿Qué te hace pensar que solo nos atacarán de noche? ―Alistair hizo la pregunta que todos temían―. ¿Y si los que están ahí fuera solo están descansando para aniquilarnos en cuanto salgamos?

―Eso no os lo puedo garantizar. Solo os hablo desde la poca información que tengo sobre estos seres. ¿Vos conocéis algo más, Terrel? ―dijo Landon mirando al capitán que estaba bajo su mando.

―Había oído algo, pero jamás pensé que viviría para verlo. Las leyendas dicen que se alimentan de sangre. Algunos solo caminan de noche, otros pueden ver la luz. No lo sé, señor. Puedo preguntar a mis hombres, aunque creo que es mejor dejarlo para mañana.

Alistair miró a su protector, que asintió para darle la razón al capitán. Con pesar, el heredero tomó justo la decisión contraria a la que le pedía su corazón.

―Está bien. Esta noche nos resguardaremos aquí, pero mañana, al alba, que dos de vuestros hombres busquen por la zona caballos frescos. Como sea, da igual el precio, hemos de llegar a Richborough.

Varios golpes en la puerta distrajeron a Helmet del deleite que estaba sintiendo mientras bebía sin pudor de aquella criada.

Con la excusa de que la noche se presentaba más fría que de costumbre, había solicitado que le llevaran otra piel para calentarse.

En cuanto la chica la dejó en el lecho, el vampiro se situó a su espalda y se ganó su voluntad susurrando una pequeña orden.

Sin pensarlo dos veces, la joven se descubrió la garganta y parte del pecho izquierdo, dejándose completamente expuesta a su voluntad.

Al de la casa Drăgoi no le interesaba su cuerpo, solo la sangre templada que corría cada vez más lenta por sus venas, dado que se estaba dando un verdadero festín.

En cierto modo, se alegró de que lo interrumpieran, de lo contrario, habría acabado con esa vida sin inmutarse.

―¡Adelante!

Xwînxwar pasó con un semblante de preocupación.

Estaba seguro de que las noticias que traía no le iban a gustar nada a su jefe.

Helmet lo observó un instante antes de lamer despacio las incisiones que le había provocado a la muchacha y le ordenó cubrirse.

Mientras tanto, le indicó a su primero con un gesto que se sentara en la banqueta que se encontraba a un lado de la estancia.

Tras asegurarse de que la herida estaba ya cerrada, acompañó a la chica a la puerta.

Una vez la abrió, le ordenó que ya podía volver a sus quehaceres sin recordar que había estado en aquella alcoba.

Nada más cerrar, el curtido vampiro se puso en pie para informarle de lo que había sucedido.

―Están aquí ―dijo sin florituras.

―¿Quiénes?

―Los perros de Abbadon. Dos de mis hombres han seguido al séquito del príncipe. Han sido atacados por tres guerreros. Llevaban el emblema de la casa Ursu.

―¿Han podido atraparlos?

―No, se han escabullido en el bosque. Lo que me dice que ya conocen al dedillo la zona. Eso solo puede significar que llevan aquí más tiempo o que han venido a la par que nosotros.

―¿Y por qué habrán atacado al heredero? Abbadon va a tener que explicarme qué pretendía quitándolo de en medio. Ya tenemos lo que queremos, a no ser…

―¿Qué, mi señor?

―Si muere Alistair, Athelstan no obtendrá la alianza que busca con Ricardo. Sabe que tenemos órdenes de no interferir en el mundo humano más de lo necesario, así que me pregunto a qué está jugando.

―No entiendo qué puede importarle ese acuerdo.

―Ni yo, mi buen amigo, pero vamos a averiguarlo.