Sangre muerta Capítulo 59
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Capítulo 59

Selva

Los que quedaron en el suelo obedecieron. Vieron cerrarse la herida del príncipe, la regeneración avanzaba y él empezaba a despertar. Dudaron, pero dispararon. La descarga eléctrica le atravesó el cuerpo y Aleksei se desplomó otra vez.

No alcanzaron a moverlo. Algo más había llegado. Algo que nadie había advertido a tiempo. Y cuando por fin se dieron cuenta ya era tarde.

Cayeron uno por uno. Sin tiempo para gritar ni defenderse, solo un murmullo de muerte y cuerpos que se desplomaban en el barro.

Cuando todo terminó, solo quedaban Mickey y Aleksei.

—Su Majestad… —susurró Mickey, entre asombro y alivio.

El rey Fyodor estaba allí. De pie frente al cuerpo de su hijo, surgido de la misma oscuridad. Lo alzó con una facilidad sobrehumana.

—¿Puedes caminar? —preguntó, sin emoción.

Mickey asintió.

—Te espero en la casa.

Fyodor desapareció entre árboles y sombra, y con él se fue la noche. Mickey, herido, pero en pie, lo siguió.

A cierta distancia, entre ramas y lluvia, Bosco observaba. Llegaba tarde otra vez. Lucas ya estaba en manos de la Triple S. Aleksei, bajo la custodia de su padre. La misión había fracasado. Pero no pensaba rendirse, no mientras le quedara aliento.

El helicóptero del rey aguardaba en el claro. Las hélices golpeaban el aire. Filomena subía justo cuando Mickey apareció, tambaleante. Fyodor ya había acostado a Aleksei en el interior, envuelto en una manta.

—A Calovébora —ordenó el rey al piloto, sin alzar la voz.

Filomena giró la cabeza, despacio. El nombre le caló la piel.

—Mmmm… ¿Iremos al Consejo de la Alianza? —preguntó la mujer.

—No hay otra opción —dijo Fyodor—. La única forma de limpiar el nombre de Aleksei es mostrarles la verdad o convencerlos de ella.

Si no lo hacemos, mi hijo será un paria.

Pasará el resto de su vida huyendo. —La miró directo—.

Tú lo conoces bien, Filomena. Él no huye.

Él aceptaría su destino. Y su destino sería la muerte.

El silencio cayó. Mickey y Filomena se miraron. Sus respiraciones eran lo único que se oía en la cabina.

—Aleksei no tendría problema alguno con eso —continuó el rey, más grave—. Pero yo sí. Y haré lo que sea para protegerlo. Ya después me tocará a mí explicar las muertes de estos soldados de la Triple S, pero eso es lo de menos. La Triple S cruzó el límite. Y para un rey, casi todo tiene solución.

Fyodor se volvió hacia Mickey.

—Lamento la muerte de Brock. Fue un guerrero excepcional. Valiente. Leal. Digan lo que digan de los mercenarios, los tuyos han servido a mi familia por generaciones. Has perdido a un hermano. Y yo a un aliado.

Mickey bajó la cabeza. No respondió, una sola lágrima le cruzó el rostro, muda, lenta.

—Su Majestad, necesito quedarme aquí —dijo él sin titubeos—. Revisar la red de seguridad y los sistemas mientras ustedes estén en Calovébora. Yo los mantendré al tanto.

El rey lo entendió con un leve asentimiento. El helicóptero despegó enseguida y devoró el cielo con su rugido de metal.

—¿Y qué hay de Lucas? —preguntó Filomena, con la mandíbula tensa.

—Si lo que mi hijo me contó es cierto —dijo Fyodor, con la calma de quien está acostumbrado a decidir quien vive y quien no—, no lo lastimarán.

Lo necesitan. Nuestra tarea es encontrar dónde lo tienen.

La bóveda de la Triple S sería el lugar más lógico, por eso mismo no creo que esté allí.

Ya activé a los míos. Lo encontrarán. —Hizo una pausa—.

Más allá del peligro que ese chico representa para mi especie, creo saber lo que significa para Aleksei.

El helicóptero voló entre la niebla. Detrás, el cielo ya se teñía más amarillo con las cicatrices del día.