Capítulo 44
Lucas
Me hicieron tragar un tranquilizante. A nadie pareció importarle mi berrinche de niño atrapado en una pesadilla ajena. Supongo que, en el gran esquema de esta mierda, mis gritos histéricos eran solo ruido de fondo. Molestos, sí, pero inofensivos.
Amanda me trajo otra taza de té de manzanilla.
Con la esperanza de que eso fuera a reiniciarme el sistema.
Se la acepté igual. Por educación. Por inercia.
Porque no tenía fuerzas para decir que no, pero el miedo seguía agarrado a mí igual que una garrapata rabiosa que me mordía la nuca.
No soltaba. No dejaba de susurrar cosas que no quería escuchar.
«Te quieren usar. Eres un arma. Cuando se sepa lo que eres, estás listo. Listo y frito. Los vampiros querrán matarte. La Triple S querrá encerrarte. Algunos querrán usarte».
Es que yo no era Lucas. Era un experimento. Un proyecto de laboratorio que respiraba. Y lo único que podía pensar era que yo no había pedido serlo. No pedí convertirme en una amenaza biológica para nadie.
—Aleksei —la voz de Pietro cortó el aire con preocupación—. ¿Qué quieres hacer?
Aleksei me miró, pero lo que dijo después no era para mí. Era para todos.
—Podríamos quedarnos aquí debatiendo teorías todo el día —dijo—, pero no podemos darnos ese lujo. Una cosa está clara, según lo que entiendo de los archivos y videos, no hay más humanos idénticos a Lucas. Él es el único prototipo. La única muestra funcional.
Sentí un cubo de hielo invisible subirme por la espalda hasta la nuca. Literal.
—El hecho de que Colona no nos haya soltado lo confirma —siguió Aleksei—. Lo necesitan para la siguiente fase. Sé lo que pretenden, quieren replicar su sangre en otros humanos. Pero esto no es una transfusión común. Es más complejo.
Pausó un momento. Inhaló, exhaló. Pensaba.
—Tienen que validar si los receptores pueden adaptarse al Rh nulo modificado —añadió—. Y por lo que vimos, también planean implantar dispositivos en ellos para asegurarse de que la toxina se active como debe.
Me mareé. No sé si por el tranquilizante que hacía speedrun en mi cuerpo o porque era la primera pieza de un plan genocida, así de simple.
—Nada de eso ha ocurrido todavía —continuó Aleksei—. Las fechas en los archivos lo prueban. Lo único que podemos hacer ahora es proteger a Lucas. Evitar que lo capturen. Esconderlo.
Yo solo quería desaparecer. Cerrar la sesión en mi vida.
—¿Y por qué no me sacan el maldito aparato? —solté al fin, harto de tanto análisis y ninguna acción—. Sáquenlo. Ya.
Pietro soltó un suspiro largo, sentí que él hablaba con un niño que no entiende que el fuego quema. O sea, yo.
—No serviría de nada —dijo con el tono de quien sabe que lo que va a decir te jode igual—.
Lucas, tu sangre ya no es tu sangre. Ya fue modificada.
Podríamos retirar el implante, sí, pero no cambiaría gran cosa.
Además, necesitaríamos el equipo adecuado y a alguien que sepa lo que hace.
La zona es delicada. No podemos arriesgarnos a hacerlo mal.
Lo miré, y esperé algo que sonara a esperanza. Una rendija. Lo que fuera. Pero no. Solo más mierda.
—Te guste o no —intervino Aleksei—, eres el único en el mundo con este nuevo tipo de sangre. Sacar el dispositivo no cambiará eso.
Ese comentario fue un balde de agua helada. Y no de los que refrescan rico, sino de los que te dejan tembloroso, empapado y con ganas de hacerte bolita y llorar en un rincón.
Mierda. Mierda. Mierda. ¿En qué carajos había estado pensando? ¿Que si me sacaban el bicho de la espalda todo se arreglaba? Claro, tipo cuento de hadas de Disney.
Amanda, que hasta ese momento había estado en modo analítico, lanzó una pregunta que nos hizo girar a todos.
—Mi única duda es… —dijo, y miraba a Aleksei—. ¿Existe la posibilidad de que todo esto haya sido una coincidencia? ¿Que se encontraron con Lucas por pura casualidad?
Pietro se quitó las gafas, las miró con estupor.
—No fue casualidad —dijo con un tono frío y seguro—. Para mí está clarísimo. Lucas fue llevado a Plasma Corp. a propósito. Ya sabían que él tenía ese tipo de sangre.
Sentí los pulmones vaciarse de poquito.
—Existe un registro de personas en el mundo con Rh nulo —continuó Pietro—.
Según los archivos, ya habían probado con otros antes que él.
No con todos, pero sí con varios. Algo fallaba, la edad, la salud, alguna enfermedad genética, quién sabe.
Variables hay muchas. Tal vez por eso no funcionó con ellos.
Pero contigo sí. Tú fuiste el espécimen perfecto. El cuerpo ideal. Todo encajó.
Casi podía ver las piezas unirse en su cabeza. Y en la mía.
—Por eso no pueden perderte —siguió—. Porque la probabilidad de replicar esto en otro con Rh nulo es muy baja. Y eso siendo optimistas. Yo diría que es imposible.
Entonces me miró. No fue una mirada normal. Fue la de alguien que observa un experimento, no a una persona. Me dieron ganas de vomitar otra vez.
—Dijiste que fue tu amigo, Bandhu, quien te habló de Plasma Corp. y los vampiros, ¿cierto?
Asentí, sin saber a dónde iba con eso, pero algo en el estómago me dijo que no era nada bueno.
—¿Qué tanto confías en él?
Sentí que con la pregunta me acababan de escupir en la cara.
—¿Y si lo usaron para llevarte ahí sin que sospecharas?
—dijo Amanda, buscaba la verdad en mis ojos—.
Si todo fue voluntario, sin forzarte, no levantaron ninguna alerta.
Si te hubieran raptado, tus padres, tus amigos, la policía, alguien habría notado algo.
Y eso es justo lo que ellos no quieren, ruido. El poder está en pasar desapercibidos.
La sangre se me congeló. Bandhu. Mi mejor amigo. No. No. Ni de broma. No podía ser.
Todos me miraban esperando que dijera: “Bueno, ahora que lo dicen…”. Ni que solo hiciera falta un empujoncito para que todo encajara y confirmaran su sospecha. Pero no. ¡No! Bandhu jamás me haría algo así. Ni aunque le ofrecieran una fortuna. Jamás.
Y se lo dije claro y firme. A gritos.
—Quizás lo engañaron —intentó Amanda, con esa voz blandita de 'no te lo tomes a mal'—. O lo presionaron. Tal vez ni siquiera lo sabe.
—¡Que no! —estallé. Sentí el nudo en la garganta subir. La rabia me ardía en los dientes—. ¡Él jamás me haría algo así! Si de verdad tuviera algo que ver no me habría llamado para avisarme de la fiesta de sangre en casa de Aleksei. Si era secreto, no me habría buscado. No, él no.
Silencio. Sudor frío. Nadie decía nada, pero todos lo pensaban. Bandhu era el traidor perfecto. Una pieza que encajaba demasiado bien, pero mi argumento los hizo reflexionar. Me dieron ganas de arrancarme la piel si con eso hubiera podido apagar las miradas, las suposiciones no dichas.
Aleksei se acercó. Me puso una mano en el hombro. Un gesto que mi piel reconoció enseguida. Un toque simple, pero suficiente para bajarme un par de rayitas la adrenalina, aunque mi cuerpo seguía en modo pelea por si alguien me miraba raro.
—Tranquilo, Lucas —dijo él con calma que me sostuvo, casi un salvavidas—. Solo son hipótesis. Así trabajan los científicos, contemplan todas las posibilidades. Tú conoces a Bandhu mejor que nadie. Y nosotros confiamos en ti.
No lo dijo bonito. Lo dijo serio. Era un hecho. Giró la cabeza hacia los demás y ahí se le salió el príncipe.
—Ya basta con el tema. Podemos pasarnos la noche inventando teorías, pero necesitamos concentrarnos en los hechos. Y lo único seguro es que Lucas es lo que ellos quieren. Y no voy a dejar que lo consigan.
Con solo decirlo, sentí que algo en mí se aflojaba. Me sentí protegido. Por un segundo supe que no estaba solo contra el mundo.
Aleksei se apartó en silencio y se sirvió un trago de whiskey. Se quedó ahí, de pie, miraba a la nada, perdido en quién sabe qué pensamiento oscuro. Después nos miró.
—¿Vieron algo más en los análisis? —preguntó él—. ¿Algo que deba saber?
Amanda se pasó una mano por el cabello.
—La información que trajiste tiene mucho más de lo que alcanzamos a ver en tan poco tiempo —dijo ella—. Solo hemos rascado la superficie.
—Perfecto. —Aleksei asintió—. Ustedes sigan con eso. —Tomó otro sorbo—. Yo tengo que salir. Si la Triple S está metida en esto junto con Plasma Corp., entonces hay algo que el malnacido de Rugo no me dijo. Quizás por eso me ayudó. Para manipular la historia. Para incriminarme. Y le funcionó.
Aleksei calló, pensativo, intentaba unir los puntos.
—Aunque algo no cuadra —dijo por fin—. Incluso podría pensar que Rugo no sabía, pero había un vampiro ahí, y vampiro solo obedece a vampiro, a su creador.
—Dejó escapar un suspiro, no era cansancio—.
Necesito entender qué papel tuvo, y tanto él como el director de la Triple S tienen mucho que explicar.
Su mirada se cerró.
—Quiero verlo a la cara y saber si me miente.
Puso el vaso a un lado y entonces se giró hacia mí.
—Lucas, vienes conmigo.
No fue una pregunta. Ni siquiera sonó a una sugerencia. Fue una orden. Obvio, no discutí. Prefería salir con él que quedarme atrapado en esa sala llena de teorías científicas sobre cómo mi sangre podía ser el principio del fin.
Pero antes de dar un paso, y tras ver cómo una cosa conectaba con otra en este rompecabezas, algo me prendió el foco. Algo en lo que no había pensado antes.
—No podemos irnos todavía. Hay algo más —dije firme.
La sorpresa fue casi audible. Aleksei arqueó una ceja, seguro recordó que yo no era solo un chiquillo arrastrado por todo esto. Me miró raro, con curiosidad y sospecha. Sentí que me acababan de salir colmillos.
Pietro y Amanda se detuvieron. Atentos.
—Cuando fuimos a la cabaña, encontramos un mensaje —solté antes de que Aleksei pudiera interrumpirme—. Unas marcas en forma de X.
Saqué el celular. Los dedos me temblaron. Empecé a buscar las fotos, la pantalla se me resbalaba con el sudor.
—Una arriba del borde de una puerta —seguí—. Otra cerca del suelo, junto a la ventana. Creemos que tienen algún significado, porque también había un mensaje oculto en código Morse.
—¿Qué? —soltaron Amanda y Pietro al mismo tiempo.
—Sí, eso mismo dije yo: qué —respondí, y disfruté un poquito el momento, no voy a mentir—. Pero es real. Aleksei lo notó. ¿Tienes todavía las fotos de Dustuyev, Pietro?
Les conté todo lo que Aleksei me explicó en la cabaña, el mensaje en Morse que decía "VEN", y que cada símbolo parecía tener intención, que nada era casual. No dejé que me interrumpieran. Esta era mi jugada. Mi forma de demostrar que podía hacer algo más que gritar y berrear.
Pietro extendió la mano y me quitó el celular sin pedírmelo. Ni brusco ni amable. Simplemente con la eficiencia de vampiro científico.
—Increíble —murmuró él. En dos movimientos, se envió las imágenes y las proyectó junto a las de Dustuyev.
Amanda se acercó tanto al monitor que parecía que iba a meterse dentro. Pietro se inclinó, tenía la cara como si le hubieran dado café con cocaína. Mientras sus cerebros hacían lo suyo, solté algo que me rondaba desde hacía rato.
—Ahora que lo pienso, tal vez la posición tiene algo que ver —dije, y señalé con el mentón—. Una arriba, otra abajo.
Al decirlo, mi propio cerebro hizo clic.
—Y hay algo más —seguí lento—. En la X superior los extremos de abajo eran más largos; en la otra, los de arriba se estiraban. Quizás no son marcas sueltas. —Pausé, reflexioné—. ¿Y si… se conectan? ¿Y si juntas forman algo?
Las palabras me salieron solas, eran un eco de un pensamiento adormecido. El escalofrío que me recorrió fue automático.
Pietro abrió tanto los ojos que por un microsegundo creí que le habían enchufado un cable por el culo. Literal. Se enderezó tan rápido que la silla chirrió. Amanda ya tecleaba en el sistema, uñas contra teclado, clac, clac, clac. La pantalla parpadeó, el software procesó… Y ahí apareció.
Dos simples marcas. Dos líneas cruzadas. Nada del otro mundo quizás, pero algo en eso me heló la sangre, porque de pronto no eran “dos X”. Era algo. Un símbolo.
—¡¡Lucas, Lucas, Lucas!! —Pietro gritó, con una emoción que jamás le había visto—. Pequeño genio humano.
No es que necesitara aplausos, pero, carajo, que un vampiro científico y de muchos siglos dijera eso, pues sí, me infló un poco el ego.
—Genio —repitió Amanda, fija en la pantalla—. Esto es un mensaje, es claro. Ustedes, vampiros, seguro lo han visto antes.
Aleksei habló, pero con una voz más baja, cargada. Parecía dolerle cada palabra.
—Es la runa inguz —dijo—. Del antiguo futhark germánico. Su simbolismo sobrevivió entre los vikingos. Representa nuevos comienzos, renacimiento y transformación.
—Y cierre de ciclos —agregó Pietro—. En la mitología germánica estaba ligada al dios Ing, o Freyr. Fertilidad, sí, pero también el fin de algo para que algo nuevo comience.
Miré la proyección otra vez. La runa ahí, perfecta en su simplicidad.
La runa estaba pintada con sangre y no era decorativa.
Era un mensaje claro, intencionado, con saña.
Ahí quedó. Una advertencia envuelta en poesía.
Era una premonición de que algo grande se venía. Algo que no iba a gustarle a nadie.
Pietro chasqueó la lengua.
—Dustuyev y sus mensajitos —soltó, con una mezcla de fastidio y respeto.
Aleksei dio un paso atrás. En su cabeza, ya había tomado una decisión que no pensaba consultar con nadie.
Mi instinto me lo confirmó, él sí entendió ese último mensaje que su amigo le dejó.
Se le notó en la cara. En la forma en que los hombros se le asentaron.
Pero no lo compartiría. Al menos, no aún. No a nosotros.
—Profundicen en lo que mencioné antes —dijo, y le falló un poquito la voz—. Yo… yo me encargaré de esto.
Pietro y Amanda asintieron al unísono, sin chistar.
Caminamos hacia la salida. Las pantallas atrás parpadeaban llenas de datos. Cuando ya estábamos por cruzar la puerta, Aleksei se detuvo, miró a Pietro y Amanda.
—Si no hacemos algo ya —dijo, casi un soldado—, toda nuestra especie podría desaparecer. Confío en ustedes.