Sangre muerta Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—¿Dustuyev lo contactó a usted antes de morir, Su Alteza? —preguntó el agente, por puro protocolo, solo para sostener la mentira, mientras se acercaba la libreta a la cara.

Aleksei negó. No dijo nada pero por dentro algo se quebró. «¿Por qué no me llamó a mí? ¿Por qué a la Triple S?».

Dustuyev. Su hermano de siglos. Su igual. El que lo conocía mejor que nadie. Y había muerto solo.

Sí, era un ermitaño. Se había retirado al Amazonas tras de la muerte de Collette, su amante y gran amor, después de la inquisición de los impuros. Uno de los episodios más oscuros en la historia de su especie. Fue su forma de desaparecer, de darle la espalda al mundo y a lo que quedaba de él mismo.

Nada de eso borraba lo que los amigos habían sido ni la promesa que se hicieron junto a una fogata, bajo estrellas perdidas en algún siglo.

Estarían el uno para el otro cuando llegara la hora final.

Una promesa que no necesitaba cumplirse.

Solo importaba que la hicieron porque se querían, porque eran hermanos, aunque la sangre no lo dijera.

Ahora, ese hermano había muerto. Y la promesa se había roto. Le había fallado. No estuvo ahí cuando más lo necesitaba. «Por segunda vez».

—¿Dónde tienen el cuerpo? —rompió al fin el silencio—. Quiero verlo. Las fotos no son suficientes.

—Y lo hará —dijo Colona, con la calma de quien juega una carta segura—, pero no todavía. Está resguardado en la bóveda, el Departamento de Investigación y Desarrollo de la Triple S. Hasta que termine la investigación, nadie podrá verlo. Ni siquiera usted, Su Alteza.

—Dustuyev pertenece a mi clan —respondió Aleksei. La voz baja casi temblaba de rabia—. Tenemos derecho a reclamar su cuerpo.

—No si es pieza clave en una investigación —refutó Colona, tajante—. Ni usted puede estar por encima de los protocolos de la Triple S. Protocolos que, según tengo entendido, usted mismo ayudó a redactar hace siglos.

Y tenía razón. Aleksei, junto a otros de su especie, había trabajado con humanos para fundar la Triple S. La alianza para evitar una guerra. Para imponer reglas, construir un equilibrio y sostener una tregua que les permitiera vivir entre ellos sin ser descubiertos.

Ahora, esa misma estructura lo mantenía atado y lo alejaba del cuerpo de su hermano.

Con el tiempo, la Triple S dejó de mediar y pasó a convertirse en una máquina burocrática autosuficiente.

Tomaba decisiones sin consultar a nadie y menos aún a los vampiros.

Aleksei lo entendía, pero lo irritaba porque, en el fondo, creía que los vampiros eran la cúspide de la cadena.

Depredadores supremos. No un pueblo que tuviera que pedir permiso para enterrar a los suyos.

Pero romper las reglas, saltarse a la Triple S, significaba arriesgar el equilibrio y abrir heridas viejas. Una nueva guerra entre humanos y vampiros. Y eso era lo último que necesitaba.

—¿Y ahora qué hará la Triple S? —preguntó el príncipe.

—Desde este momento, todos los servicios de donación quedan suspendidos —continuó Colona—. Hasta nuevo aviso. Y ya comenzamos a interrogar a los vampiros cercanos a Dustuyev.

Más mentiras. Más teatro innecesario, pensó Aleksei. Su instinto le decía que el agente solo había venido a sacar a Lucas de allí, y cada vez estaba más seguro. «¿Qué sabe Colona que yo todavía no veo?».

—¿Informarán a las familias? —preguntó Aleksei, solo para seguirle el juego—. ¿Le avisarán al clan del rey Seun, señor de los Olorun? Rad servía a uno de sus príncipes.

—Esa es una decisión del director Pangellis —respondió Colona, por poco se le escapó el fastidio—. Supongo que sí, pero el suele manejarlo con tacto. Prefiere tener información suficiente antes de divulgar la noticia.

Señaló hacia los invitados.

—Aunque no puedo controlar lo que ellos digan —dijo Colona—.

Esto ya debe estar corriendo como pólvora en sus canales de comunicación.

Aun así, no me preocuparía. No saben lo de Dustuyev.

Lo ocurrido aquí los tiene confundidos, mírelos.

No entienden qué pasó en realidad. Creo que tenemos unas horas antes de que empiecen los cuestionamientos serios.

Para ellos, por ahora, es un episodio aislado. Como usted dijo.

Colona volvió a mirar a Lucas, retomando su actuación de investigador.

—¿Alguien más bebió de tu sangre entre ayer y esta noche, Lucas? —preguntó con una inocencia demasiado estudiada.

Lucas negó con la cabeza. No estaba seguro si Aleksei había llegado a probar su sangre cuando le pasó la lengua por el cuello.

—Perfecto. De momento, no hay más casos aparte de estos dos, y ambos se conectan por el donante —dijo el agente—. Investigaremos a fondo qué ocurrió en ambas donaciones. No voy a especular hasta entender mejor. Se lo aseguro, Su Alteza.

Hizo una pausa, miró el cuerpo.

—En unos minutos vendrán por él. Será llevado a la bóveda junto con el cuerpo de Dustuyev. No lo muevan, no lo toquen ni lo alteren.

Colona dio el paso final.

—Ahora —dijo, con voz más grave, sin molestarse en ocultar que se había pasado por el culo la orden original solo por el placer de torturar al que ostentaba el poder—. Lucas Luna debe venir conmigo.

Y sonrió. Más frío que nunca.