Sangre muerta Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

En ese instante, Colona recordó la orden de su jefe: «No hables de más. No des detalles. Solo dile que investigamos, que seguimos el protocolo. No queremos que reaccione».

Pero él sabía que eso no bastaría. No con Aleksei. El príncipe no lo dejaría salir de ahí con evasivas. Tenía que dar más detalles de lo pactado con Pangellis. Y lo último que necesitaba era un choque frontal, porque si eso ocurría, él y sus hombres iban a perder.

Su jefe no entendía con quién trataba. Colona sí. Necesitaba algo que sostuviera su jugada, algo que no dejara espacio a dudas. Aunque violara el protocolo y le costara la cabeza.

Se plantó en esa línea y vaciló entre obedecer la orden o seguir su instinto. Pero también quería ver la reacción del príncipe. Quería provocarlo. Cinco segundos. Eso tardó en decidir.

—Las primeras evidencias apuntan a que fue un humano. Un donante —soltó y mandó el protocolo al demonio.

—¿Un donante? —Aleksei escupió la palabra, los ojos encendidos de furia.

—Es la primera hipótesis —aclaró Colona—. Con lo ocurrido aquí en efecto encaja. Pero la base aún no es sólida, falta mucha investigación. Lo que creemos, por ahora, es que su sangre está contaminada de alguna manera y resultó ser tóxica. ¿Premeditado o no? Aún no está claro.

Más allá de la muerte de Dustuyev, para Aleksei ese era el verdadero problema. La posibilidad de sangre humana capaz de matar vampiros no era una amenaza, era una catástrofe. Una fisura en el muro de su mundo. Si era cierto, algunos humanos podían ser usados como un arma. Y eso lo cambiaría todo.

—¿Contaminada? —Aleksei exhaló. La palabra le quemaba en la boca.

—Así es, Su Alteza —confirmó el agente.

La idea era ridícula. No existía tal cosa. La sangre humana era alimento, nunca veneno.

«A menos que…».

Un pensamiento fugaz lo cruzó, una sombra inquietante. Pero lo apartó de inmediato. No iba a dejarse arrastrar por teorías absurdas. No aún.

Recuperó el control. Levantó la mirada. Fija.

—Creen. Creen —repitió Aleksei, ya sin rastro de cortesía. Intentaba expulsar de su cabeza esa idea de la “sangre contaminada”—. ¿Hay algo de lo que estén realmente seguros? ¿Cómo llegan a una hipótesis así con solo dos casos aislados?

—Ese es el punto, Su Alteza —respondió Colona—. No son casos aislados.

La paciencia de Aleksei estaba por romperse. Reconocía la astucia de Colona. Pero esa astucia venía mezclada con odio y gozo. Aun así, se obligó a mantenerse sereno, necesitaba entender.

—Explícate —ordenó.

—Plasma Corp. registra cada donación y cada traslado —dijo Colona de inmediato—. Nuestro trabajo es cruzar esos datos y reconstruir la escena. Evaluar los contactos de la víctima: con quién estuvo, cuándo y por cuánto tiempo. En el caso de Dustuyev, analizamos sus últimos días… y sus últimas horas.

Colona avanzó un paso.

—Con base en nuestras hipótesis sobre el donante, la Triple S obtuvo el número de identificación del último humano que estuvo con él. —Hizo una pausa—. Donante 457896ORhn.

Aleksei frunció el ceño un instante. Colona lo notó. Esa fracción mínima en la que el príncipe no entendía era un festín.

—¿Dos casos aislados? —continuó Colona, con voz baja y cruel—. Pues no lo son. Ese donante —señaló con la cabeza—. Es él. Lucas Luna. Portador de una sangre muy rara. La sangre dorada. Lucas tiene sangre Rh nulo de tipo O.

El aire se hizo piedra.

—Dustuyev bebió de su sangre —añadió—. Hasta donde sabemos, el último contacto que tuvo antes de morir.

Aleksei no se movió, pero algo en su mirada cambió. Giró despacio hacia Lucas. El chico seguía en su silla más pálido que antes. Fue un segundo suspendido en el tiempo. Un instante que nadie, excepto Colona, había anticipado. Y sabía exactamente lo que acababa de detonar.

—¿Y descubriste esa conexión aquí? —preguntó Aleksei—. ¿Ahora?

Colona tragó hondo.

—Sí —contestó el agente. Lo más convincente que pudo—. Para mi sorpresa, la confirmé aquí mismo, después de que el joven Luna me facilitara su información.

El instinto de Aleksei le dijo que eso era una sarta de mierda. Colona ya sabía a quién venía a buscar. Todo lo que había montado hasta entonces no era más que teatro barato.

Colona no perdió tiempo. Tenía que seguir. Miró a Lucas, medio derrumbado en la silla.

—Señor Luna —dijo el agente—, ¿le molestaría responderme unas preguntas?

Lucas negó apenas, sin saber si hacía lo correcto, pero sin fuerzas para discutir.

—Ayer tuvo su primera donación —dijo Colona, leyendo de su libreta—. El transporte de Plasma Corp. lo recogió en Albrook Mall a las 5:30 p. m. ¿Correcto?

Lucas asintió.

—Luego lo llevó a la cabaña. Por el tráfico tardaron tres horas. Llegaron a las 8:35 p. m. ¿Es así?

—Sí —respondió Lucas.

—Bien. —Colona pasó la página—. Usted estuvo con el señor Dustuyev otras tres horas. El transporte salió a las 11:35 p. m. Exacto. Ni un minuto antes ni un minuto después.

Lucas tragó hondo y asintió otra vez.

—Nos demoramos porque… —se limpió el sudor de la frente— porque yo tenía miedo. Sí.

—¿Recuerda en qué momento exacto ocurrió la donación y cuánto duró? —preguntó Colona.

Lucas lo pensó. Se pasó la lengua por los labios resecos.

—A eso de las… —buscó la hora— once. Creo. Sí, once. —Hizo una pausa y se encogió de hombros—. Duró… no sé. Quince minutos, más o menos.

—Después lo dejaron en el apartamento de su amigo Bandhu Kapoor a la 1:30 a. m. ¿Correcto?

—Sí —soltó Lucas—. Sí.

—Gracias, señor Luna. —Colona se volteó hacia Aleksei y marcó cada palabra—.

La Triple S recibió una llamada de auxilio a la 2:05 a.m. De Dustuyev.

—Soltó una risa corta, incrédula—. ¿Se imagina la cara de la mujer que atendió?

Nunca habíamos recibido una llamada de auxilio ¡y mucho menos de un vampiro!

Cuando llegamos a la cabaña, a eso de las 3:55 a.m., Dustuyev ya estaba muerto.

El silencio se hizo más tétrico.