Capítulo 9
Terraza
El vampiro se desplomó como si le hubieran arrancado el alma. La mano extendida, temblorosa, pidió una ayuda que no llegó. La carne ya no era carne y los músculos se endurecían. Se petrificaba por dentro. El aire entraba, pero no salía. Un gruñido ahogado vibró en su garganta y se apagó.
Lucas, aún débil y muy asustado, retrocedió por reflejo, trastabilló con una silla y cayó de espaldas, con el corazón disparado. Nadie de los pocos que quedaban afuera por las donaciones se movió. Por un instante, el silencio fue absoluto. Luego, el pánico estalló.
Los gritos brotaron igual que alarmas. Humanos y vampiros por igual.
Algunos corrieron a la puerta, otros al cuerpo.
La música se apagó de golpe. Del interior del penthouse salieron más invitados y donantes, atraídos por el caos, entre esos Bandhu.
El murmullo se volvió estampida, el horror colectivo se propagó sin control.
El vampiro dejó de moverse, pero no fue una muerte cualquiera.
La piel, negra y roja, se pegó a los huesos, parecía papel quemado.
Su cara se deformó. Ya no era un rostro, era una masa arrugada, podrida, irreconocible.
Los dedos se encogieron, las uñas cayeron, el cuerpo quedó seco. Disecado. Con la eternidad drenada.
Lucas seguía en el suelo. El grito se le había quedado atorado en la tráquea. No era miedo, era otra cosa, entumecimiento. Bandhu llegó hasta él e intentó levantarlo.
—Luqui, ¿qué pasó? —preguntó, con voz temblorosa.
Lucas no pudo responder. Lo primero que hizo fue vomitar. Los demás sí gritaron. El murmullo se transformó en murmuración. Pasaron minutos y el rumor llegó hasta los guardaespaldas en la entrada. Un oleaje de ojos, todos lo miraban.
Hasta que alguien habló. Una mujer vampiro, con voz firme. No gritaba. Acusaba.
—Fue él —afirmó mientras señalaba a Lucas—. Rad bebió de él. Rad estaba bien. Él lo hizo.
Un paso rompió la tensión. Aleksei había llegado sin que nadie lo notara, igual que un mal presagio que llega tarde. Vio el cuerpo primero, después a Lucas. Cruzó el tumulto sin pedir permiso, apartó a Bandhu y alzó a Lucas del suelo.
—¿Qué ocurrió? —le preguntó Aleksei a Bandhu.
Bandhu asustado por ver a su amigo así solo se encogió de hombros.
Aleksei bajó la mirada hacia Lucas.
—Lucas, ¿estás bien?
Lucas temblaba. La cara estaba desencajada, sin fuerzas, sin comprender nada.
—N-no… no sé qué pasó… él… empezó a a-ahogarse…
La multitud había escuchado y visto. La chispa ya estaba encendida.
Mientras tanto, lejos del centro del caos, en la periferia, la Sombra entre las sombras se llevó el teléfono al oído. La llamada fue corta, pero precisa.
—¡Mierda, ocurrió! —dijo. La voz vibró cargada de un tono oscuro. Ansioso—. Deben sacarlo ¡ahora!
Y colgó.