30. NO NECESITO VUESTRO PERMISO #2
Salió hacia la carpa principal. Se sorprendió al ver marchar a la Elegida con los vampiros hacia la tienda que se les había asignado, aunque no se detuvo a pensar qué habrían hablado con su esposo. Tenía algo más importante que solucionar, e iba a hacerlo en cuanto hablase con él.
―Brina ―dijo Eirik, extrañado de verla allí.
―Mi reina ―añadieron a la vez Vidar y Gudrun.
―Quiero ir a verla.
―No, es demasiado peligroso.
―Lo sé, pero esto es algo que debo hacer. Vuestros guerreros pueden protegerme ―dijo mirando al segundo del rey.
―Por supuesto, mi reina.
―Sabes que la voluntad no es suficiente ―insistió el Šāhanšāh .
―Se acabó tenerle miedo. Acompáñame, ¡que lo hagan todos si es necesario! ―gritó, levantando ambos brazos―. No puedes impedirme que la vea. Ninguno de vosotros.
La forma en la que los miró ella les recordó sus errores. Si no se hubieran confiado, no estarían en esa situación tan complicada. Pero la vida se les había presentado de aquella manera y no podían si no hacerle frente, o quién sabe si Nessa volvería a intentar salirse con la suya.
―Está bien, Brina ―acabó aceptando Eirik―. Iremos todos.
Ella asintió y se desplazaron en silencio hasta la zona de los Fengsel. Leifur se sintió muy honrado de ver a los reyes y a sus generales visitar su pequeño territorio, y así se los hizo saber.
―Amigo mío, venimos a ver a la prisionera ―aclaró el rey.
―Lo he supuesto. Al principio, no la recordaba.
¡Ha pasado tanto tiempo! No es demasiado…
amable. Gracias a vuestra advertencia, los míos no han caído en sus redes.
―Los cuatro lo miraron sin entender cómo lo habían conseguido―.
Cera de abeja en los oídos creada por los Sjaman. Contar con su magia es una ventaja.
―Sois muy inteligente.
―Más bien son ellos los que han trabajado arduamente para protegernos. Adelante, por favor. Os recomiendo que también os la pongáis, su alcance es considerable.
―Gracias de nuevo, Leifur.
―Mi rey, es un honor serviros.
Tras haberse impregnado con un poco de aquella cera, los cuatro avanzaron hacia la parte de las celdas destinadas en exclusivo a las hembras.
Siempre era mejor tener a cierta distancia a los presos.
En este caso, tan solo tenían al vampiro y a la recién llegada, así que aquella separación se había vuelto mucho más que necesaria en previsión de si la errante fuese capaz de conectar con él.
Cuando Brina se colocó delante de aquel cubo transparente, Nessa, con arrogancia, se acercó hasta casi pegar su rostro al campo protector que la rodeaba.
―Dichosos los ojos, querida hermana ―soltó la presa con un tono de burla y desprecio.
―Lo mismo digo, hermana. La muerte os sienta bien.
―Ya me conoces, puedo esconderme en cualquier lugar. Incluso delante de las narices de tres guerreros con aires de grandeza, pero tan cobardes y desleales que me dan ganas de vomitar.
―¿Desleales? ¿A quién? ¿A ti?
―¡A la verdad! ¡Él era mío! ―señaló a Eirik, quien no se movió porque mantuvo la respiración al ver su rostro.
―Qué curioso, yo nunca he pensado eso de él, puesto que el amor no es una posesión, sino un regalo.
―Me es indiferente lo que creas que tienes que decirme. Tu amor, que no tu posesión ―remedó con retintín―, me hizo una promesa.
―Eso es justo de lo que quería hablarte. Nada de las palabras que le obligaste a decir se cumplirán.
―Ya veo que sois tan cobardes que todos estáis usando esa cera. ¿Acaso teméis que quiera controlaros?
―¡Esto acaba aquí, Nessa!
―No, Brina. Esto apenas acaba de empezar. ¿Sabe el pueblo errante que «tu amor» ya no tiene visiones?
―¿Has estado espiándome? ―gritó Eirik, golpeando la celda―. ¿Cómo entraste en el campamento? ¿Te escondiste tras tu don?
―¡Mira quien me critica, el que no se sabe ni cuándo el suyo dejó de acertar! ―Rio de forma estridente.
―No mereces mi perdón ―añadió la reina―, pese a todo, te doy la oportunidad de que te enfrentes a nuestro pueblo y les cuentes cuanto hiciste. Si ellos son capaces de aceptarte, quizás con el tiempo puedas volver a ser una de los nuestros.
―¡Ni que me importara! Ahora tengo hermanas que me cuidan y aceptan sin juzgarme por lo que soy. Mi clan os encontrará y acabará con todos.
―¿Humanas?
―¡Ni se te ocurra subestimarlas! Son más fuertes y poderosas de lo que crees.
―Hermana, de verdad que no sé qué hizo que perdieses la razón, pero quiero que te quede claro que jamás ninguno de mis hijos te entregará a su primogénito.
―¡Tú no puedes romper la promesa de un rey!
―¡Y tú no volverás a engañar a nadie! Recapacita, Nessa. Dentro de unos días, volveré para saber qué has decidido.
―Me parece bien. Reconozco que me asquea tu compañía, aunque sin duda es mucho más entretenida que la de los temerosos guerreros que me alimentan. Dulces sueños, «mi reina».
―Doy gracias a que madre no vive para ver en qué te has convertido.
―Ella estaría orgullosa de mí por no rechazar un don que tú despreciaste por temor a ser más poderosa que él ―añadió, levantando el mentón hacia Eirik.
―Nuestros dones son un presente que nos concedió el Creador para proteger a la Elegida y devolver a Mørket a donde pertenece.
―Yo prefiero protegerme a mí misma. El Creador está muy ocupado con sus cosas.
―¡No blasfemes delante de mí!
―Entonces, no tenemos nada más que hablar. Eso sí, la próxima vez, ven sin cera. Tengo ganas de ver cómo te arrodillas ante mí.
―Pide perdón, Nessa. De lo contrario, yo misma te degollaré delante de todos los errantes, te hayan indultado o no.
―Tus amenazas no tienen valor.
Brina se acercó a la celda y pulso la mano en el campo invisible.
―Solo una necia no temería a una madre que defiende a sus hijos. Cree o no lo que te he dicho. Por el momento ―agregó, mirando el cubo que la retenía―, disfruta de tus aposentos.
La reina se dio la vuelta. Leifur se despidió de ella con un gesto de cabeza. Eirik la siguió después de cruzar unas palabras con Vidar y Gudrun, que permanecieron junto al jefe de los carceleros.
―Brina, espera.
―La detesto ―soltó, cubriéndose las mejillas con las manos.
―Lo sé. Yo también, pero ahora debemos esperar a que Thyra regrese y también la Elegida.
―¿Alana? ¿A dónde se marcha?
―Regresemos a la tienda, tengo mucho que contarte.
Ella lo miró sin comprender por qué la que debía salvarlos los iba a dejar tan pronto. Sin embargo, no le extrañaba nada que la aparición de Nessa tuviese mucho que ver en su decisión.