26. HOY NO ME PIDAS ESO, VIDAR #3
―Leala, ¿le importaría decirnos por qué vuestra hija ha dejado al príncipe y va camino de…? ―no pudo ni acabar la pregunta.
―¿Dejado al príncipe? ¿Es que no sabéis que él ha muerto?
―Siento deciros que Alistair es un «No Muerto» y también que permitió que la encarcelaran ―soltó Yngvar sin más.
―Eso no es lo que Alana nos contó. Cuando salieron de las mazmorras, solo oyeron decir a los criados que él se había caído rodando por las escaleras y que no pudo salvarse…
Leala les reveló cuanto había ocurrido. Cuando confirmaron que una de las que la acompañaba era Nîga, al principio pusieron el grito en el cielo.
Después de conocer el resto, no tuvieron más remedio que aceptar que aquello había pasado y que pronto se toparían con ella.
Les costó mucho asimilar que la Elegida portaba ahora las dos sangres y que confiaba plenamente en la «No Muerta».
Leala y Fairfax se quedaron atónitos al oír de sus labios lo que habían descubierto sobre el heredero.
Poco después de compartir cuanto sabían, se despidieron de la pareja e Yngvar le dio recuerdos para el pequeño Wade, que llevaba ya unas horas durmiendo.
Cuando salieron al cobijo de la noche, el joven Knutsen no pudo callar.
―Ahora mismo podría matar al príncipe con mis propias manos si no estuviera ya muerto. No puedo entender cómo permitió que el rey la encarcelara en las mazmorras.
―Tranquilo, hijo. Averiguaremos pronto por qué obró de aquella manera y cuál es la razón de convertirlo en uno del Ejército de la Sangre, pero ahora debemos continuar. Los nuestros nos llevan mucha ventaja, y no puedo permitir que en el camino de vuelta les suceda algo.
―Por mí podemos seguir hasta encontrarlos.
―Yngvar, «Hielo por corazón y mente serena» ―le recordó su lema para tratar de que se tranquilizara un poco.
Él le puso la mano en el hombro, mostrando una expresión tan oscura como la noche que los envolvía.
―Hoy no me pidas eso, Vidar. El Destino acaba de darme una oportunidad y juro por lo más sagrado que no la dejaré escapar.
El líder Eide lo miró sin entender a qué venía esa declaración, pero ya tendría tiempo de preguntarle en cuanto se pusieran en marcha. La noche solo acababa de empezar, y todos tendrían que esforzarse un poco más si querían dar con ellos antes de que llegaran al campamento.
Corrieron sin detenerse ni un momento, puesto que temían que los suyos fuesen de nuevo capturados o que se vieran atrapados en una emboscada de alguna patrulla de vampiros.
Mucho antes de la media noche, Gransker había encontrado el rastro de un grupo de cinco que avanzaba mucho más veloz que ellos, pero las pisadas eran reconocibles.
El rastreador le mostró al líder Eide que en una zona habían descendido el ritmo, lo que les beneficiaba para poder alcanzarlos mucho antes.
Poco más adelante, encontró huellas muy recientes de haberse detenido en un punto para después volver a la carrera. Por la trayectoria que estaban tomando, casi podía asegurar que eran ellos y que no se había topado con nadie más en el camino.
Yngvar se sentía tan feliz por las buenas noticias que incluso el aire le parecía más ligero.
Al fin, su amigo y la princesa regresaban a casa.
Al recordar las palabras de Leala, lamentó que no hubiesen coincidido antes de que se marcharan de su hogar, pero estaban sanos y, por lo que decía Gransker, a salvo.
Y esas eran las dos mejores noticias que podían haber recibido.
―Bien, errantes. Nos queda un último esfuerzo ―dijo Vidar, que se sentía aliviado de que la distancia que les faltaba por recorrer era nimia en comparación con lo que ya habían hecho.
―¿Llegaremos antes del mediodía? ―preguntó Yng.
―Solo si no nos detenemos hasta alcanzar el campamento ―aseguró―. ¿Qué me decís, guerreros?
―Volvamos a casa ―respondió uno mientras el resto asentía.
―De acuerdo ―añadió con una sonrisa, satisfecho de que los suyos fuesen incansables―. Partamos ya.
Erke y los otros tres habían oído de forma nítida la conversación del grupo.
Por una vez, parecía que avanzaban sin titubeos.
Bahoz le confirmó que el rastreador estaba en lo cierto.
Las pisadas que seguían desde la madrugada eran las mismas habían encontrado saliendo de Felsted, por lo que iban en el buen camino.
Al general y a él les había faltado poco para no toparse de bruces con el grupo cuando habían esperado a Soren y Edjer cerca de aquella casa donde se habían detenido la vez anterior, aunque habían conseguido reaccionar a tiempo y lograron reunirse con ellos sin más problemas.
Mientras Nessa continuaba haciendo uso de su don y seguía oculta bajo su manto de protección, los vampiros habían pasado todo el camino susurrándose cómo lograrían entrar en el campamento de los errantes. Lo que sí tenían muy claro era lo que iban a hacer si lo conseguían.
El general los miró y ellos asintieron. Corrían más peligro que nunca si su plan no funcionaba, pero esperaban que la suerte quisiera estar por una vez de su lado.
De todos modos, los cuatro «No Muertos» sabían algo con certeza, y es que ya no había vuelta atrás.