19. NUNCA PEDÍ SER ESTO #3
―Ahora estás a salvo, Hawin. Te lo prometo ―añadió la Elegida, separándose de las tres―. Sentémonos y pensemos qué vamos a hacer en los próximos días.
―Alana, yo no puedo acompañarte. Soy una vampira. Tu acérrima enemiga. Seguro que Bêwestan ya me está buscando para encerrarme de nuevo en las mazmorras.
―Tú no eres ni nunca serás mi enemiga.
―Si cumpliera con mi deber, tendría que entregarte a Helmet. Le contaría quién eres, lo que puedes hacer y que, en un futuro, acabarás con todos nosotros.
La inglesa le dedicó una dulce sonrisa antes de responder.
―¿Y vas a hacer todo eso?
Ella negó mientras los ojos se le empañaban de nuevo.
―Jamás podría traicionar aquello por lo que llevo luchando toda mi existencia: ser libre ―dijo, bajando la mirada―.
Eres la primera a la que le he dado mi sangre y creía que con ella únicamente iba a curarte.
No sabía que con solo beberla pudieras convertirte en lo que yo soy. Nunca había transformado a nadie…
―Y no lo has hecho, Nîga ―agregó Alana, segura de lo que decía―. Tu intención siempre fue la de salvarme.
―Chantajeé a Thyra en mi propio beneficio…
―Si no hubieras querido hacerlo, ninguno de nosotros podría haberte convencido.
―En eso tienes razón. Te miré y me exasperé porque no merecías morir.
Te encerraron injustamente por culpa del heredero.
Su codicia te llevó a compartir esa celda conmigo.
Dada mi naturaleza, se supone que no tendría que importarme el dolor ajeno; pero nunca he sido de esa manera.
Lo que me impulsó a salvarte fue que me vi reflejada en ti…
en ese día fatídico. En cierto modo, me salvé a mí misma.
―Lo sé, Nîga. Por esa razón, hemos de ir con ellos a su campamento. Eirik tiene respuestas que necesito conocer. Solo os pido un poco de paciencia.
―Alana, nosotros no podemos quedarnos, debemos partir cuanto antes ―dijo Thyra con determinación―. Mi padre estará desesperado buscándonos. Solo faltan dieciséis días para la luna llena y tenemos que… unirnos. Oskar y yo ―aclaró.
―Con todo lo que está ocurriendo, ¿tú solo estás pensando en desposarte? ―preguntó la vampira en un tono de incredulidad completa.
―Nuestro pueblo no se parece en nada a… a… vosotros. Nuestro destino está escrito y se nos exige cumplirlo ―se justificó como pudo.
―Bueno, no os enfadéis. Tu ritual se llevará a cabo ―le aseguró Alana a Thyra―, y tú estarás a salvo con nosotros ―miró a Nîga―.
A cambio, solo os pido que paséis tres días en mi hogar.
Antes de sacrificar mi vida por todos, necesito ser solo Alana.
Quiero ver a mi hermano, reír con mis padres y correr por el bosque hasta el río.
―Hija, Wade está con tus abuelos a más de un día de camino. ¿Crees que os compensa retrasaros?
―Sí, madre. Aunque solo pueda compartir un instante con él, vale la pena. ¿Podrías pedirle al tío que después de visitarlos lo traiga? Estoy segura de que no le importará.
―Está bien, hija. Le avisaré para que lo haga.
―Alana, no sé si Oskar querrá esperar tanto para partir ―insistió la princesa.
―Tú misma nos lo has dicho. Lo más probable es que los vuestros os estén buscando, ¿verdad? ―Ella asintió―. Si nos quedamos aquí, os encontrarán mucho antes.
―¿Eso crees?
―Estoy convencida.
―Bueno, hablaremos con él. A ver qué opina.
―De acuerdo ―volvió a mirar a la vampira.
―Yo no puedo quedarme. Ella dará conmigo ―expuso, tratando de hacerle entender el peligro que corría quedándose en el mismo lugar demasiados días.
―No lo hará, piensa que has ido al norte ―dijo con esa expresión de calma que mostraba cuando estaba segura de que esa era la opción más plausible.
―¿Por qué iba a hacer tal cosa?
―Porque ya trataste sin éxito de llegar a Richborough. Tú única oportunidad es buscar otro puerto en las Highlands .
―Alana, ¿qué podría conseguir yo yendo allí?
―Una alianza con algún clan.
―No creo que Bêwestan razone como tú.
―Todos pensarán que me has llevado contigo para tener de quién poder alimentarte. No serías tan necia de volver a Felsted o de avanzar por bosques que no conoces y donde te has perdido con anterioridad.
―Puede que lo que dices no sea tan descabellado ―agregó Leala mientras asentía.
―No lo había pensado de esa manera ―reconoció la Drăgoi.
―Entonces, no hay más que hablar ―dijo Alana, poniéndose en pie―. Preparemos el almuerzo y esta tarde avisaremos al tío para que traiga a Wade. Pasará mucho tiempo hasta que podamos volver a vernos porque no quiero poneros en peligro. ―Se acercó a su madre y la besó en el rostro.
Mientras las tres se dedicaban a cortar verduras y a poner varias ollas en el fuego, Nîga las miró con un nudo en el estómago. Leala le insistió en que se lavara la manos para pelar unas zanahorias. Aquella escena era lo más cercano que había estado de sentirse en familia desde hacía mucho.
Sin más, dejó de preocuparse por Bêwestan y por tener regresar junto a Helmet. Si Alana se equivocaba, jamás la atraparían con vida porque antes le pediría a León que le rebanara el cuello, o ella misma se clavaría un cuchillo en el corazón.
De un modo u otro, sería libre.