17. ES MUY INJUSTO #3
De pronto, el sonido de un caballo los hizo volverse.
Ambos agudizaron el oído. Unos pasos raudos se acercaron a la parte de atrás.
Al distinguir a una chica embarazada, los dos se miraron mientras negaban al mismo tiempo.
La pobre vomitó profusamente nada más apoyarse en la primera caja que encontró.
La muchacha, algo más repuesta después de sacar de su cuerpo cuanto le había exigido su estado, se limpió los labios y se llevó la mano al incipiente bulto que se distinguía bajo sus ropas.
Un joven se le acercó corriendo para abrazarla.
Supusieron que era el esposo, que no había tenido tiempo de amarrar las riendas del caballo.
Ambos pudieron oír cómo le decía palabras de consuelo mientras la acompañaba de vuelta a la entrada de la posada.
―Es muy injusto… ―susurró la vampira.
―¿El qué?
―Que me arrebataran la posibilidad de ser madre, de encontrar un buen hombre que me amara. Vivir una vida sencilla y ver crecer a mis hijos y, con suerte, a alguno de mis nietos.
―¿Era ese tu sueño?
―No lo sé, pero nunca podré averiguarlo.
Y todo se lo debo a él. Lo odio con tanta intensidad que siempre le he pedido que me enviara a las misiones más lejanas con tal de no verlo.
Doy gracias por haber tenido siempre facilidad para aprender las lenguas de los lugares que me tocaba visitar, aunque detesto haber masacrado a pueblos enteros por el temor de que se desarrollaran antes de tiempo.
―Has sufrido mucho durante tanto… ―Se mantuvo en silencio un instante mientras pensaba en qué podría decirle para ayudarla―.
Siento no encontrar las palabras adecuadas que te proporcionen algo de consuelo.
Todas me parecen vacías, y no creo que te sirvieran de mucho; pero déjame decirte que lamento profundamente todo lo que has tenido que padecer.
No quiero ni imaginar qué daño ha podido hacer en tu corazón cometer el mal sin poder negarte.
―León, ya no tenemos corazón. Y a mí hace mucho que no me late.
―Eso no lo dudo, pero estoy convencido de que aún lo tienes. De otro modo, ahora no estarías hablando conmigo.
―¿Qué quieres decir?
Las risotadas de una pareja hicieron que la conversación tuviera que esperar a otro momento más apropiado.
Una ramera y un hombre bastante achispado caminaron con decisión al hueco que quedaban entre las cajas.
Se veía que ella lo había hecho con anterioridad, puesto que no se molestó ni en mirar hacia los lados.
Los dos vampiros se colocaron en posición.
―Ve tú, yo no lo necesito ―reconoció él.
―De acuerdo. Más tarde me tendrás que contar por qué piensas eso, pero primero he de alimentarme.
―Por favor, no lo mates.
―Jamás lo haría sin verme obligada a ello.
Ambos compartieron una sonrisa antes de que se dirigiera hacia los dos humanos. Sin demasiado esfuerzo, les robó la voluntad en un instante. Tras saciarse, borró sus recuerdos. No obstante, dejó que continuaran donde lo habían dejado.
Tras volver a su lado, León tuvo que aguantarse la risa.
El hombre se había caído al suelo tras sentirse mareado.
La muchacha que lo estaba satisfaciendo, de pronto, también se había encontrado algo indispuesta.
Aun así, le reclamó el pago por su servicios.
Sin discutir, él accedió a darle lo merecido.
Nîga también sonrió cuando León y ella oyeron decir al hombre que regresaran a la taberna para comer algo. La chica aceptó encantada y se perdieron en el camino de vuelta.
―Gracias por no acabar con ellos.
―De nada, sacerdote. ¿Ahora me vas a contar por qué piensas que aún tengo corazón?
―Querida niña ―comenzó. Aquella forma de hablarle hizo que ella volviera a sonreír―, eres una vampira que podría haber despedazado a dos humanos sin titubear ni tener remordimientos de ningún tipo.
Sin embargo, los has dejado ir sanos y salvos solo porque yo te lo he pedido.
Pero voy más allá. Me has asegurado que jamás lo harías si no te vieses obligada.
Si eso no es tener corazón, no sé qué más puedo decirte.
Sin pretenderlo, nunca has dejado de tener humanidad.
Piensa lo que eres, una «No Muerta» que defiende la vida.
Dime, ¿acaso puede haber algo más contradictorio?
Ella lo miró con los ojos brillantes. Oír que aún tenía algo de la joven Hawin la hizo estremecer.
―¿Tengo corazón…? ―dijo mientras sus mejillas se teñían de color ligeramente carmesí al dejar escapar un par de lágrimas.
―Más que muchos humanos.
Como si acabara de entregarle el regalo más preciado, Nîga se abrazó a él mientras dejaba salir parte del dolor que sentía por haberse convertido en un ser despreciable.
Poco después, pusieron rumbo a la parroquia. No podían dormir al raso, y aún les quedaba mucho de qué hablar. Si Alana portaba ambas sangres, ¿cómo podría estar seguro de que aceptaría la responsabilidad de acabar con los que ahora también eran los suyos?
León recordó que la hija de Eirik aguardaba en la casa de la Elegida.
Quizás había llegado la hora de reencontrarse con él, eso siempre que un maldito vampiro no reclamara su servidumbre.
Esperaba que la visión del rey fuese exacta, si no, su destino iba a ser muy diferente de lo que el errante le había augurado.