12. TÚ GANAS #3
Antes de darse cuenta, había bebido cuanto pudo del primero hasta que Qil lo obligó a dejarlo ir, no sin antes enseñarle que debía lamer las heridas para evitar que se desangrara.
Tras hacerlo, y ensalzado por el sabor de la sangre en su lengua, se ensañó con el segundo hasta que fue capaz de notar cómo se le escapaba la vida.
Xwîn lo apartó del muchacho y dejó que atacara al tercero.
Helmet observaba la escena con deleite. A ningún neófito se le había permitido nunca alimentarse de tres cuerpos.
Su fuerza al transformarse era tal que, con solo la sangre de uno, a lo sumo dos, podían resistir casi una semana.
A Alistair se le había empujado a llenarse de vida, a colmar su primera sed por completo con los tres, por lo que enfrentarse a él iba a suponer un verdadero reto.
Qil llamó a Bêw y Wêr. Ambas aparecieron seguidas de varios soldados a los que habían sometido. Ellos se encargaron de llevar a los tres muchachos a las cocinas para que se alimentaran lo antes posible.
Una vez que salieron, el heredero quiso seguirlos. Helmet se lo impidió poniendo la palma de la mano sobre su pecho.
―¿A dónde creéis que vais?
―A hablar con mi padre. ―Apartó la mano del de la casa Drăgoi sin apenas hacer fuerza.
―Lo haréis, pero antes necesito averiguar algo muy importante.
Sin mediar palabra, Helmet soltó un puñetazo con todas sus fuerzas contra el rostro del heredero. Alistair, que no lo esperaba, acabó volando por la habitación y aterrizó sobre el escritorio, que dejó hecho añicos por el impacto. Como si apenas lo hubiera rozado, se puso en pie.
―¿Estáis loco? ¿A qué ha venido eso?
Helmet miró a los suyos, quienes hicieron un leve movimiento de cabeza para que continuara.
―Así es la transición, pequeño príncipe. ¿Os he hecho daño? ―se burló el viejo vampiro.
―No tanto como el que voy a haceros yo.
El inglés cubrió en tres pasos la distancia que los separaba y contraatacó, impactando el puño en el estómago de su adversario, que apenas se inmutó.
Una lluvia de empujones, golpes directos, patadas, hasta mordiscos por parte del joven hicieron de la pelea un verdadero entretenimiento para los dos generales, que observaban atentamente a su señor.
En un momento dado, la balanza pareció inclinarse hacia el neófito, quien sonrió con arrogancia y autocomplacencia por haber conseguido que Helmet cayera al suelo después de un golpe certero en la mandíbula.
―¿Acaso no habéis tenido suficiente, vejestorio? ―gritó fuera de sí con la vanidad del que se cree vendedor.
Él miró un instante a los suyos y decidió que había llegado el momento de acabar con aquella desequilibrada pelea.
Se puso en pie, y se lanzó contra Alistair.
Lo sujetó del cuello y lo empotró en el suelo de piedra.
Después, le asestó otro puñetazo brutal, que acabó por hacerle perder el conocimiento.
Xwîn y Qil se acercaron al príncipe. Por su experiencia en el campo de batalla, supieron al instante que el combate había acabado. El joven se repondría en poco tiempo, pero que su señor lo hubiese vencido significaba que las dudas de su posición por fin habían quedado aclaradas.
Helmet había logrado ganar a un neófito de Abbadon. A un verdadero contrincante con la fuerza de al menos veinte humanos tras la enorme ingesta de sangre. Aquella noticia los impactó de tal forma que los hizo reír a carcajadas.
Al oírlos, Alistair se levantó al momento con cara de pocos amigos.
―Estoy preparado para seguir luchando ―dijo con los puños en alto mientras trataba de contener la rabia.
―Habéis superado la prueba con creces, príncipe. ―El líder Drăgoi le dio un ligero golpe en el hombro.
―¿Qué prueba? ―preguntó desconcertado.
―La de la transición para convertiros en vampiro.
Esta debió de hacerla vuestro creador, pero aún no ha llegado y no podíamos esperar más ―mintió Helmet con soltura―.
No reveléis jamás a nadie lo que aquí ha ocurrido.
Esta prueba solo se reserva a los reyes, y vos habéis sido el más rudo y valiente al que me he enfrentado nunca.
―Pero he perdido.
―No, joven Alistair. Sois el vampiro que, en su primer combate, más número de golpes ha resistido. ¡Menuda gesta, muchacho!
―¿Lo decís en serio?
Los dos leales guerreros asintieron con un gesto de asombro mientras le sonreían para felicitarle por lo que había logrado.
―Hay algo que no entiendo, ¿por qué no puedo contarlo? ―preguntó Alistair desconfiando de ellos.
―Os lo he dicho ―dijo Helmet con voz grave―, debió de hacerlo Abbadon. Si os pregunta si habéis completado la transición, decid que sí. Confirmadle que os alimentamos lo suficiente, pero no digáis el número de sirvientes. Como os he dicho antes, solo los reyes pueden hacerlo de tres hombres.
―Pero yo no soy rey… ―insistió Alistair.
―Aún ―añadió Helmet―, pero lo seréis. Xwînxwar, llama ahora mismo a su padre. Nuestro príncipe acaba de convertirse en un verdadero vampiro.
Con esta declaración, su mano derecha dejó la habitación para avisar al rey. Apenas si podía contener su júbilo, pero aún quedaba mucho por hacer como para despreciar la capacidad del ejército de su enemigo por un simple combate con un advenedizo.