Sangre Insolente. El Resurgir de los Condenados (El Destino de la sangre 4) 21. ES COMO DEBE SER #3
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21. ES COMO DEBE SER #3

―¿Cómo me habéis llamado?

―Delara ―repitió con firmeza―. Hasta que Helmet te despojó de ese nombre y te llamó Bêwestan. «Implacable». Así quiso que te vieras. Así quiso que fueras.

Todo ocurrió tan deprisa que a la vampira no le dio tiempo de reaccionar: Alana sintió un leve vahído y se vio obligada a cerrar los ojos un instante.

Fue apenas un destello, pero tan nítido que casi pudo oler aquel campo que se extendía ante ella.

Después, sangre. Espadas chocando. Gritos.

Nîga de rodillas. Una enorme figura inclinándose sobre ella.

Abrió los ojos de golpe. No había sido una visión completa, solo un fragmento, pero lo que le había revelado era más que suficiente.

En ese momento, Bêw la sostuvo entre sus brazos.

―¿Qué os ha pasado? Parecía que ibais a desmayaros.

―La situación ya era grave ―afirmó, apartándose con cuidado―, pero ha empeorado… y no a nuestro favor. Estás aquí porque ÉL te ha elegido para acompañarnos en nuestra próxima misión.

La Drăgoi frunció el ceño, desconcertada.

―¿De qué estáis hablando? ―La pregunta salió de sus labios más lenta de lo que pretendía.

―Regresemos a la tienda principal. Necesito que vengas conmigo.

―De… acuerdo.

―No me refiero solo a la tienda del rey, te estoy hablando de emprender una nueva misión que exigirá un cambio radical en ti: rescatar a Yngvar, el errante a quien amo, y a Erke, un Ursu.

Bêwestan se detuvo en seco a pocos pasos de la tienda principal. Todo en ella rechazaba la idea de exponer su vida por aquella causa. Alana vio la duda en sus ojos.

―ÉL sabía que no sería fácil volver a entrar en vuestros corazones, pero ha llegado el momento de la verdad más absoluta: o estás a nuestro lado o no.

La vampira la miró a los ojos y algo dentro de ella se quebró. Quizá fuera que su alma comenzaba a estar cansada de tanta maldad impuesta por la sangre, o que haber recuperado parte de su humanidad gracias a Alana le había devuelto mucho más que la capacidad de llorar.

―Iré ―respondió sin la más mínima duda.

Qiloçker no necesitó acercarse demasiado para oír la conversación. Había aguzado el oído sin disimulo. En el fondo, no se fiaba de los errantes ni de la Elegida.

Tras separarse del grupo, la joven inglesa había escuchado con nitidez cómo el vampiro le había pedido al errante que esperaran a que ambas terminasen de hablar.

No le importó, puesto que sabía que era necesario que él también tomara partido.

Cuando percibió su presencia, no se volvió; simplemente aguardó a que él decidiera mostrarse.

Qil apareció entre las hileras de tiendas, flanqueado por el guerrero errante, y avanzó con paso firme hacia las dos.

―¿Te has vuelto loca? ¿Qué es eso de que vas a embarcarte en una misión con ella? ―le espetó a Bêw sin molestarse en disimular.

―¿Ahora me espías? ―lo reprendió la Drăgoi.

―¡Contéstame! ―exigió, colérico.

―Me has oído alto y claro. Voy a ir con ella.

Qiloçker se volvió hacia Alana y alzó la voz:

―¿Qué brujería le has hecho?

Ella no cedió ante su mirada de rechazo. Sabía que había escuchado cada palabra y comprendía, en parte, su reacción.

―Entiendo que quieras protegerla, Aram, pero te aseguro que no necesitas hacerlo de mí ―dijo la inglesa.

Qil negó una vez. Luego otra.

―¿Cómo me has llamado?

Bêwestan se quedó paralizada al oírlo. Él jamás le había revelado su nombre humano, igual que ella no había sido capaz de compartir el suyo.

―Aram ―prosiguió Alana―. Hijo de Dara y Helin, hermano de Berivan. Tu madre y tu hermana fueron asesinadas por Rău delante de ti, y tu padre cayó a manos de un siervo de Mørket.

―¿Có… cómo puedes saber eso? ―balbuceó Qil, destrozado al recordar a su familia.

―Nada puede ocultarse ante Sus ojos. Aram…

―repitió―, tu amor por Delara ―miró a la vampira―, por quien siempre has conocido como Bêwestan, es puro.

Sé que has oído nuestra conversación, pero no voy a preguntarte todavía si deseas unirte a nosotros.

No es una decisión que debas tomar a la ligera; antes has de comprender que la misión que vamos a emprender puede resultar más difícil para ti que para el resto.

Ahora acompañadme. He de hablar con Nîga y Thyra.

Él se colocó frente a la Elegida y habló con firmeza:

―Si ella va, yo iré.

―¿Estás seguro?

―Con mi vida y mi sangre. ―Se llevó la mano a la garganta.

―Entonces, así será ―confirmó Alana.

Ella avanzó de nuevo, pero el Drăgoi volvió a impedírselo.

―Dime cómo has averiguado mi verdadero nombre ―insistió.

Bêwestan continuó en silencio, como si aquella conversación careciera de importancia y lo que estaba por revelarse influyera mucho más que ese simple detalle.

―Su verdad está en mí y se me revela cuando es necesario.

―¿Era necesario conocer mi nombre para esa misión?

―Aram, Qiloçker… cada uno de nosotros cuenta. Créeme: si hemos de estremecer la misma tierra para cumplir Su voluntad, así será. Entremos; aún queda algo que debéis saber.

Qil se apartó sin entender por qué. Bêw le dedicó una leve sonrisa y ambos la siguieron sin añadir palabra.