5. LA SØSTERSKAP #2
―No pondré al grupo en peligro por una especulación.
Nessa nos pidió que no la buscáramos. Nos guste o no, deberíamos regresar.
Los nuestros llevan semanas en el sur esperándonos.
Ya hemos averiguado todo lo que queríamos.
Contra todo pronóstico, Helmet ha vencido a su hermano.
Ninguno de nosotros daba una moneda por ello, menos aún que el Drăgoi se aliara con Dorek y Gunnar.
Que Abbadon lo hiciera con Velkan y Traian era de esperar.
―Waddell apretó la mandíbula al oír sus nombres―.
Sé que os ha sido muy difícil no atacarlos en plena batalla, pero hemos de mantenernos en las sombras si queremos sobrevivir.
En cuanto a Nessa, hasta que no tengamos más noticias, no haremos nada. Eso sí, nos prepararemos para todo.
Vivica frunció el ceño.
―¿Y si no hay más misivas?
Eierløs la miró con serenidad.
―Entonces, iremos en su busca. Si se topó con una patrulla de los suyos, significa que continúan en estas tierras.
Debemos estar aún más alerta. Si damos con ellos, podremos seguirlos y encontrar el campamento.
No regresaremos con los nuestros sin estar seguros de que está viva y a salvo.
Si estáis conmigo, le daré de plazo hasta la siguiente luna.
Un silencio solemne se impuso entre todos. Aquello no era una amenaza, sino una promesa. Y cada uno de ellos sabía que, si llegaba el momento, la cumplirían.
El crepúsculo tiñó de escarlata las tiendas del campamento errante.
En la cuarta jornada, el grupo cruzó la entrada.
Durante las dos anteriores, la inglesa había impuesto un ritmo casi imposible de seguir.
La resistencia de los guerreros fue llevada al límite, casi sin piedad.
Algo más le preocupaba, pero ni Thyra ni la vampira fueron capaces de averiguar qué la mantenía en un estado de vigilia constante.
Apenas había dormido, tampoco comido. Empezaron a sospechar que algo no iba bien, pero ella les insistió en que lo sabrían en cuanto llegaran.
Antes de alcanzar el campamento, Alana redujo la marcha.
El rey miró a Gunnar y después a sus hijos, sorprendido por aquel cambio, y no tardó en preguntarle la razón a la Elegida.
Ella explicó que aquel leve retraso les permitiría evitar el encuentro directo con varias patrullas Ursu que se dirigían hacia Richborough.
Nadie cuestionó su explicación y, sin hacer comentarios, continuaron avanzando con mayor cautela.
En cuanto avistaron la entrada del campamento, se relajaron.
Tras cruzar el campo de protección, el calor de las hogueras les devolvió tibieza a sus miembros y a sus corazones.
La Elegida sintió un nudo en la garganta cuando vio a la reina, a Asvoria, Oskar, Vidar y Borgervern correr a su encuentro.
Soren, Bahoz y Ejder fueron prudentes y no los adelantaron, pero se morían por saber algo más.
El padre León junto a Leala y Fairfax cerraron aquella comitiva.
Ambos abrazaron a su pequeña nada más verla.
Brina hizo lo mismo con Eirik y sus hijos.
Thyra corrió hacia Oskar y él la sujetó con fuerza entre sus brazos.
Los suyos los habían avisado en cuanto los vieron acercarse.
―Elegida, mi rey ―dijo el de la casa Eide, inclinando la cabeza―. No tengo buenas noticias.
―Lo sabemos ―confirmó Eirik con austeridad―. Vayamos a la tienda principal y nos cuentas cómo ocurrió. ―El general asintió―. Parêzvanan, gracias por vuestros servicios. Podéis ir a descansar.
Las patrullas se retiraron. Había sido un gran esfuerzo para ellos mantenerlos bajo protección durante casi ocho días seguidos.
Antes de que el resto se dirigiera a la tienda, Soren cerró los puños y se atrevió a detener al rey para pedirle algo impensable. El «No Muerto» no estaba dispuesto a quedarse fuera de aquella reunión. Se había enterado a retazos de lo ocurrido y necesitaba oírlo de primera mano.
Su general y el joven Knutsen estaban en peligro.
Lo cierto era que Yngvar había cambiado por completo su actitud con ellos tras lo ocurrido con la Drăgoi.
Su relación se había vuelto más estrecha e incluso habían practicado juntos.
Pero, más que nada, quería saber qué había sucedido con Erke y cuál era el plan para recuperarlos.
―Rey Eirik… ―dijo, interponiéndose en su camino.
Al instante, una decena de guerreros lo rodeó con las espadas desenvainadas, preparados para arrebatarle la vida al menor movimiento.
―¡Alto! ―dijo el líder errante―. ¿Qué quieres, Soren?
―Los tres os agradeceríamos poder estar presentes para averiguar qué ha ocurrido y cómo podemos ayudar a rescatarlos.
Antes de responder, Eirik miró a Alana. Ya no se planteaba tomar una decisión sin conocer qué opinaba al respecto, pues seguir la línea de lo que debía suceder dependía de sus visiones o de lo que le fuera revelado.
Ella asintió para que se lo permitiera.
―Está bien, acompañadnos.
Los tres vampiros agacharon la cabeza en señal de agradecimiento y esperaron a que todos avanzaran.
Cuando entraron en la tienda, media docena de guerreros llegó con bandejas de carne asada, pan, fruta y quesos.
Otros tantos llevaron jarras de agua y vino.
Los recién llegados repondrían fuerzas mientras eran informados con detalle de lo sucedido.
Por desgracia, no podían permitirse el lujo de descansar, y menos aún mientras dos de los suyos seguían cautivos.
Sabían que Alana consideraba a Erke uno más.
De hecho, en poco tiempo, se había ganado un lugar entre ellos gracias a lo ocurrido con Nîga, y ni siquiera Eirik tenía dudas de que el Ursu haría cuanto estuviese en su mano para proteger a su errante.
Vidar esperó la venia y comenzó a contarles cómo había sido el cruento ataque.
―Media jornada después de marcharos de Felsted, nos topamos de frente con Abbadon, Rău y cuatro de sus patrullas.
Algunos estaban tan afectados por la batalla que no se percataron de nuestra presencia.
No nos habían descubierto, pero un ciervo chocó con el campo de fuerza.
Su rastro de sangre delató nuestra ubicación. Nos vimos obligados a pelear…
―¿Y la…? ―preguntó el rey, mirando al padre León.
―A salvo, rey Eirik, pero… ―Se detuvo el párroco.
―¿Pero qué? ―presionó Nîga sin poder contenerse.
―Yngvar y Erke fueron capturados ―agregó Vidar.
Un silencio sepulcral recorrió la estancia.
―Llegamos a un punto en que los nuestros caían sin poder repeler su ataque ―prosiguió el general―.
Eran casi cinco a uno. Rău reconoció a Erke.
―Nîga se estremeció al oírlo―. A fin de que no pensaran que estaba con nosotros, comenzó a discutir a modo de distracción.
Luchó con él mientras se quejaba de que había destrozado su argucia.
Después trató de convencer a Abbadon diciéndole que se había logrado mezclar en nuestras filas y que le llevábamos a nuestro campamento a cuatro jornadas de allí.
Trataba de ganar tiempo para darle la oportunidad a Borgervern de escapar y avisar a los nuestros…
―Obvió también lo de la vasija, dado que los tres Ursu estaban presentes―.
La lucha continuó; íbamos a morir todos.
Entonces, Yngvar se inventó una historia aún más inverosímil.
Los engañó a todos diciéndoles que él era el Elegido.
Abbadon no lo creyó al principio porque solo percibía en él su parte errante.
Para justificarlo, agregó que era descendiente de un humano y una de los nuestros. De esa manera, lo protegía la sangre…
Alana se mantuvo en silencio. Leala, que se había colocado a su lado, sintió una oleada de calor muy intenso proveniente de su hija. Miró a su alrededor, pero nadie parecía notarlo. Se acercó a ella y la tomó de la mano.
―Tranquila… ―le susurró.
Ella asintió y se aferró a su tacto para tratar de no perder la perspectiva.
―¿Dónde está? ―exigió saber el rey.
―Abbadon propuso un trato. ―Torció el gesto, culpándose por haber aceptado―. Si se lo entregábamos, no nos mataría a todos.
Alana cerró los ojos un instante.
―¿Y Erke? ―musitó Nîga. Sus labios temblaban.
Vidar negó con la cabeza.
―Lo obligó a irse con él ―confirmó el general.
El golpe fue demoledor. Nîga palideció aún más.
―¡Dios mío…! ―Thyra se llevó una mano al corazón.
Oskar le pasó el brazo por los hombros para reconfortarla.
Llevaba días esperando que regresaran, y ahora estaban perdiendo un tiempo precioso mientras su mejor amigo, casi hermano, se hallaba en manos de su peor enemigo.
No sabía cuándo irían a rescatarlo, pero estaba deseando que aquella conversación terminara cuanto antes para salir en su busca antes de que tomaran el primer barco hacia Dios sabía dónde.