Sangre Insolente. El Resurgir de los Condenados (El Destino de la sangre 4) 4. AQUÍ NO #3
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4. AQUÍ NO #3

―He de cumplir con mi deber. Era necesario que sucediera, pero aún no me ha sido revelado por qué. Solo sé que tenía que ocurrir así. Yo no puedo decidir, Nîga.

―¿Por qué? ¿Cuántas vidas más tendrán que ser sacrificadas para que esté contento tu dios? ―replicó la Drăgoi con rabia.

―Dios no está contento con la muerte de nadie. No blasfemes, por favor.

―¿Erke morirá? ―Cerró los ojos al darse cuenta de que aquella pregunta había sido muy egoísta―. ¿Ambos…? ―la rehízo para incluir al errante.

―No, si llegamos a tiempo.

―¿A qué estamos esperando? ―añadió la vampira, dispuesta a continuar sin descanso hasta encontrarlos.

―Las cosas no son tan sencillas. Todo ha de pasar a su debido tiempo. Si nos precipitamos, el futuro puede cambiar.

―¿Me estás pidiendo que me quede de brazos cruzados sabiendo que Abbadon va a torturar a Erke cuando se dé cuenta de que ya no está vinculado a él?

¡Exigirá conocer cómo ha ocurrido y no dudará en martirizarlo hasta sonsacárselo!

¿Y qué va a ser de Yngvar, eh? Un errante en manos de ese malnacido no va a durar vivo…

―¡Basta, Nîga! ―dijo en un tono bajo que reverberó en todos como una advertencia―.

¿Crees que no lo sé? ¿Crees que me ha sido fácil dejarlos ir?

Lo sé desde antes de marcharnos del campamento.

ÉL me mostró que así debía ser. ¡Yo no voy a ir contra Sus designios!

¿Es eso lo que me estás pidiendo? ¿Quieres que rechace Su camino y decida por mí?

¡Yo no sé nada! Acepto que solo soy un instrumento y acato lo que se me dice porque siento en mi corazón que es lo correcto.

Me estás reprochando algo a lo que sabes de sobra que no podía negarme.

Todo lo que ocurre y va a ocurrir es para darnos una única oportunidad de vencer a Mørket.

Con gusto te cedería mi lugar, pero ÉL escogió a mi estirpe. ¿Por qué? ¡No lo sé! ―gritó.

Ni siquiera Eirik pudo asegurar que su voz no hubiera sido oída por encima de la protección de los suyos. Parecía que el mismo aliento del Altísimo hubiera salido por su boca.

―Alana ―intervino él para no alargar aquella discusión―, estoy seguro de que ninguno de nosotros duda de tu criterio ―agregó, mirando a la vampira.

―No comprendo cuál es Su plan ―acabó diciendo Nîga, tratando de mantenerse entera―. Llevo cerca de cuatro mil años separada de Erke… Por favor, no me digas que he desperdiciado todo este tiempo, que lo he recuperado para verlo morir.

―Para eso tendrás que hacer sacrificios.

Ante nosotros se abren miles de caminos, pero solo uno nos llevará hasta ellos.

¿Cuál es? Aún no lo sé. Solo veo retazos, lo justo para tomar la decisión adecuada.

No puedo exigir o forzar una respuesta. No está en mi mano, y tampoco lo haría.

Sabes por qué. ¡Lo sabes, Nîga! Si no lo aceptas, muy a mi pesar, tendré que pedirte que no nos acompañes.

―¿Me impedirás rescatarlo? ―la acusó con la mirada ida por la rabia.

―No, te impediré que destruyas la posibilidad de hacerlo por tu imprudencia.

Las pautas no las decidimos ni tú ni yo.

Debes escuchar a tu corazón. ÉL te está hablando, pero estás tan ofuscada que es imposible que lo oigas.

Detén tu ansia de venganza. Tu necesidad de poner por delante de todos tu mayor deseo.

Te está brindando Su mano, Nîga. Deja que te ayude y podremos rescatarlos.

Si nos abandonas y tratas de ir en su busca por ti misma ―la vampira cambió la expresión porque era justo lo que estaba pensando en ese momento―, morirán.

―¿Cómo puedes estar segura?

―Porque ÉL está en mí ―dijo sin posibilidad de réplica.

―¿Solo una posibilidad? ―insistió, buscando un mínimo resquicio para poder cambiar el destino de todos.

―Así es.

La Drăgoi bajó la mirada y asintió, aceptando Sus propósitos.

―Entonces, por favor, regresemos cuanto antes.

―Es justo lo que iba a pediros.

Eirik dio la orden de levantar el campamento y se pusieron en marcha, corriendo más rápido que nunca.

Mientras avanzaban compitiendo con el viento, Thyra no pudo mantenerse al margen y compartió un pensamiento con las dos.

«Alana, ¿por qué no nos lo dijiste antes? ¿Por qué has preferido cargar tú sola con ese peso?».

«Cualquier error hará que Mørket venza. Si dudo, ganará. No puedo permitirlo. Aunque se me rompa el alma en pedazos, no desfalleceré. Si podéis entenderlo, seremos imparables».

«Fe, amor y confianza», pensó Nîga para centrarse y volver a ser ella misma. Aquellas tres palabras significaron un todo para las tres.

«Fe, amor y confianza», repitieron las dos.

«Sois mi ancla», añadió Alana.

«Y tú la nuestra», dijeron al mismo tiempo la princesa y la vampira.

Sin mirar atrás, se internaron en la espesura del bosque. A aquel paso, llegarían mucho antes de lo previsto.

Thyra deseaba volver a abrazar a Oskar. Él se había salvado, pero sus amigas tendrían que lidiar con la angustia de saber que Yngvar y Erke estaban a merced de Abbadon.

Se llevó la mano al corazón y rezó una oración para que pudieran llegar a tiempo. Tanto Nîga como Alana la oyeron.

Ninguna lo dijo en voz alta; sin embargo, ambas repitieron con profundo sentimiento cada palabra.