Samada: la Colonia del Sur (Samada 4) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Amor

E l cuarto domingo de Adviento llegó sin avisar.

Para Nut, aquel día funcionó de fogonazo de salida, una señal o un empujón que llevaba semanas esperando.

Hasta entonces, su cabeza era un cúmulo de ideas, planes, pequeños detalles que iban y venían mientras imaginaba cómo alcanzar cada uno de sus objetivos.

El primero de ellos tenía nombre propio: Sansón.

Habían quedado en la galería vieja, como siempre. Pero esa vez no iban a entrenar. Nut llevaba días ensayando mentalmente lo que quería decirle, aunque sabía que al final improvisaría. Siempre improvisaba mejor cuando Sansón estaba delante. Era fácil. Sabía de su admiración por ella.

Caminaba hacia la galería con determinación y una sonrisa juguetona.

Y, aunque no lo admitiría nunca en voz alta, también había un punto de diversión.

Porque Sansón la miraba con el deseo de un enamorado.

Para él, Kai era un enigma que nunca terminaba de descifrar, y Nut sabía cómo usarlo a su favor.

Lo encontró esperándola sentado en el banco de piedra pulida. Sintió un pequeño triunfo anticipado. Sansón siempre llegaba antes y, cuando advertía la presencia de Nut, se erguía y adquiría cierta seriedad en su rostro. Disimulaba mal.

—Hoy no venimos a entrenar —dijo Nut, sin darle tiempo a hablar.

Él levantó una ceja, desconcertado, lo justo para confirmar lo que ella sabía, que lo tenía donde quería.

Nut se acercó despacio, generándole la necesidad de tenerla a su lado. No era manipulación, se decía; era estrategia. Y, además, Sansón no parecía sufrir demasiado bajo su influjo. Al contrario, la seguía con los ojos recreándose en los movimientos del deseo personificado.

—Necesito que en Nochebuena me acompañes —continuó—. Quiero descubrir lo qué hay tras la puerta negra.

Sansón tragó saliva, un gesto habitual en él cuando algo no era de su agrado. Aquel lugar era territorio prohibido, y ambos lo sabían. Pero Nut inclinó apenas la cabeza, lo suficiente para que él sintiera que la petición venía envuelta en más allá que simple curiosidad.

—¿Por qué?

—Necesito saber si los pasadizos que oculta son un camino hacia la Colonia del Sur.

—¿Tanto deseas volver? ¿No eres feliz aquí? —preguntó inseguro, no quería escuchar una respuesta que confirmase sus sospechas.

Nut negó con la cabeza y se acomodó junto a él. Su actuación solo acababa de comenzar. Le sostuvo la mirada con expresión de gravedad, y le dio a entender que hablar de sus verdaderos motivos le suponía un esfuerzo o le era doloroso.

—Cuéntamelo —insistió Sansón.

—Es… complicado. Ella… —Consiguió que sus ojos se humedecieran.

Sansón tomó sus manos.

—Antes de que continúes, llevo días intentando decirte algo.

Sé que nunca podrás entenderlo, porque no me deseas.

Te amo —soltó Sansón sin más. Nut abrió la boca, fingiendo sorpresa.

Él la silenció colocándole el dedo índice en los labios—.

No tienes que decir nada —murmuró, retirando la mano con suavidad—.

Ya sé que no sientes lo mismo, no espero que lo hagas. Solo quiero que seas feliz.

—Gracias por tu sinceridad. Ahora también debo ser honesta contigo. Moisés ha fijado una fecha límite a mi matrimonio con Wade, y no lo deseo, no como antes, porque…, Sansón… —titubeó muy en su papel.

——No. No me debes explicaciones. Solo déjame estar a tu lado mientras quieras. Eso me basta.

Nut lo miró entonces, de verdad, y comprendió que su plan para convencerlo de acompañarla no necesitaría estrategias ni seducciones involuntarias. Sansón ya había decidido. No por aventura, sino por ella. Aun así, daría la estocada final.

—Soy bisexual —confesó—. Y también te amo.

—Eso es… —Sansón reaccionó. Aproximó sus labios a los de Nut y, antes de que pudiera atraparlos, ella se levantó.

—No puedo, lo siento, no puedo traicionarla. Si Wade llega a enterarse de lo que siento por ti, no sé de lo que sería capaz. Por ese motivo, necesito alejarme de ella. ¿Lo entiendes? —Ocultó su cara entre las manos.

—Lo entiendo. Si es cierto lo que supones, huiremos juntos —dijo con determinación.

Nut sonrió por dentro, satisfecha.

El plan estaba en marcha.