CAPÍTULO 17
Alegría
E n el tercer domingo de Adviento, las mujeres engalanaron los rincones de la ciudad subterránea proclamando así la alegría por la próxima llegada de Jesús. Hecho que las cuatro custodias seguían sin entender. De igual modo, mostraban una felicidad impostada, sonreían y colaboraban.
Nut necesitaba explorar lo que ocultaba la puerta negra.
La posibilidad de que Moisés se uniera a su causa cada vez la concebía más lejana.
El interés del guía espiritual era mantener la armonía de su rebaño y controlar que ninguno de ellos se descarriara del camino de la fe.
Aviel entraba y salía del santuario de Moisés con instrucciones precisas que comunicaba a los habitantes.
Nadie contrariaba sus órdenes, no había quejas ni rebeldes.
El conformismo era tal que exasperaba a Nut.
Tenía que encontrar una manera de encender la chispa de la insumisión, y así se lo expresó a sus custodias aquella noche, cuyas indagaciones no habían servido de nada.
—A partir de mañana, quiero que contéis las bondades de vivir en la Colonia del Sur. Lo haréis de una forma sutil —dijo recostada en la cama.
—¿Sutil? —preguntó Lina.
—Sí, comparando la comida, explicando lo que es disfrutar de la luz del sol sin tener que esperar turno, cazar en sus bosques y, si es necesario, mentid. Hay que correr la voz de que, tras la liberación de los rangos, no tienen por qué vivir ocultos.
—¿Y qué conseguiremos? Lo saben y nunca han expresado ni el más mínimo interés —objetó Sora.
—Es verdad, aquí son felices —apuntilló Lina, huyendo de un nuevo enfrentamiento o una batalla que intuía perdida.
—¿Felices? Ja, ja, ja. Observad sus gestos, su curiosidad… Solo necesitamos infundirles dudas, las suficientes para conseguir apoyos. El Adviento finaliza con el inicio de la Navidad, esa noche se celebrará un rito en la iglesia. Todos estamos convocados, pero yo no asistiré.
—Imposible, Moisés no lo permitirá —intervino Wade.
—Solo los enfermos están eximidos de acudir a los actos religiosos. Fingiré malestar y diarrea. Lina, tú me cubrirás.
—¿Yo? ¿Cómo? Marta examina a cada uno de los pacientes, sabrá que mientes.
—Seguro que encuentras una solución, ingéniatelas. No me falles.
Lina dio un silencio por respuesta.
—¿Pretendes entrar sola por esos pasadizos? —A Wade la invadió su instinto protector. Olvidado en los últimos días.
—No, Sansón me acompañará. ¿Quién asigna las rondas de guardia?
—Aviel —contestó Wade.
—En cuanto sepas quienes se encargarán de la vigilancia esa noche, comunícamelo.
—¿Sansón sabe tus planes?
—Todavía no.
—¿Y crees que aceptará?
—Claro que lo hará. Ahora, dormid y soñad con la Colonia del Sur. Muy pronto saldremos de esta maldita ciudad en la que no somos habitantes, sino prisioneras de una fe ridícula y esclavas de Moisés.
Sora sonrió. Por primera vez desde su llegada sintió alegría.
Sabía que Nut tenía trazado un plan y no descansaría hasta consumarlo.
Wade, sin embargo, comprendió que la confianza que siempre había depositado en ella se desvanecía en favor de Sansón.
El recuerdo de Kai, al que se aferraba para seguir viviendo, también se apagaba.
Lina, por otro lado, se enfrentaba al mayor de sus miedos, que Nut descubriera la identidad de Luan si ambas coincidían en la sala de curas.