CAPÍTULO 16
Conversión
M oisés eligió el segundo domingo de Adviento para bautizar a las custodias. Con el rito de la conversión se integrarían de pleno en Los Desterrados.
Nut no había desaprovechado sus encuentros con Sansón, a quien, además de mostrarle sus técnicas en la lucha, había engatusado con sus dotes de seducción; con un roce medido en su antebrazo al corregirle, con un contacto accidental o con miradas furtivas en los pasillos.
Sin embargo, la ambigüedad era su verdadera trampa; le ofrecía una cercanía que parecía a punto de convertirse en intimidad.
Él, a cambio, le daba lo que ella le pedía: información y reserva, con el pretexto de que Wade, su supuesta pareja, no recelase de la relación que mantenían.
Lina ocultaba un secreto: Luan había recuperado parcialmente la visión y su cuerpo se fortalecía; podía dar unos pasos con ayuda de un bastón. Ambas compartían conversaciones y complicidad, y el inicio de una amistad.
Aviel las vigilaba siempre que tenía oportunidad.
Observaba la interacción de cada una de ellas con el resto de los habitantes.
Aparecía cuando menos lo esperaban en su vivienda, incluso llegaron a sospechar que la registraba si se encontraban desempeñando sus tareas.
Moisés, sin embargo, no volvió a requerirlas.
Como buen líder, delegaba en su perro guardián.
—¿Estáis preparadas? —escucharon la voz de Aviel al otro lado del pasillo.
—Sí —contestaron al unísono.
Vestían las túnicas blancas que se utilizaban solo en los ritos, y sus pies no calzaban las botas de cuero, sino unas babuchas bordadas con una cruz. Además, colgados al hombro, llevaban unos paños de lino de uso personal para secarse después de ser sumergidas en el agua bendita.
Emprendieron el camino hacia la iglesia sumidas en sus pensamientos. Ninguna de ellas creía en Dios, ni siquiera Lina. Así lo habían hablado la noche anterior.
Al entrar en el templo, Moisés las esperaba. Solo.
—Sed bienvenidas a la casa del Señor —las saludó solemne, con ese halo espiritual suyo tan característico.
Ellas se persignaron—. Tomad asiento. —Obedecieron—.
Sé por Miriam que habéis asistido a las catequesis, así que sabéis lo importante que es este día para vosotras.
—Asintieron—. Antes de la ceremonia. ¿Tenéis alguna duda de vuestra fe?
Moisés no podía imaginar los motivos reales de su supuesta conversión. Ninguna habló.
—Bien, tras tomar el Sacramento del Bautismo, vosotras dos os casaréis, podéis elegir la fecha de aquí a dos meses vista —señaló con el dedo acusador a Wade y Nut—, y vosotras —se dirigió a Sora y Lina—, buscaréis a un buen hombre.
«Y los bendijo Dios, diciéndoles: “Procread y multiplicaos y henchid la Tierra”».
Génesis 1:28. El matrimonio es un espacio donde el amor se vuelve fecundo. ¿Lo habéis entendido?
Wade abrió los ojos de par en par, incapaz de articular palabra.
La admiración y el deseo que sintió por la patrona, antes de enamorarse de Kai, habían muerto.
Nut, a su lado, frunció el ceño, incrédula.
Se miraron mutuamente, como si esperaran que la otra rechazase lo que acababan de oír. Ninguna lo hizo.
Sora, en cambio, apretó los labios con un gesto de fastidio, ni loca lo haría. Lina, por su parte, sonrió con una serenidad ingenua. La idea le pareció no solo razonable, sino incluso placentera.
Nut levantó la mano, todavía aturdida.
—Perdone… —dijo respetuosa tragándose su orgullo y mirando al guía espiritual con cautela—. Si el fin del matrimonio es la procreación… ¿qué sentido tiene que dos mujeres se casen?
—Os diré por qué es necesario en vuestro caso. Las relaciones extramatrimoniales están prohibidas sin importar el género de quien las practica. Tendréis derecho a una nueva vivienda donde compartiréis techo e intimidad. Así se evita el desorden, la tentación y la falta de responsabilidad.
—Pero… —intentó intervenir Nut.
Moisés alzó la mano.
—Está dicho. Os dejo a solas unos minutos para que meditéis. Vuestros padrinos no tardarán en llegar —concluyó, sin dar opción a una réplica.
La indignación explotó en cuanto Moisés salió del templo.
—¡¿Lo habéis escuchado?! —gritó Sora, con la cara desencajada.
—Baja la voz, puede oírnos —la regañó Nut.
—A mí me parece buena idea, lo malo será encontrar a ese hombre —el comentario de Lina contribuyó a aumentar el enfado de Sora, quien no salía de su asombro.
—¡Eres imbécil, Lina! ¿Has olvidado cual es nuestro propósito? —Nut lanzó la pregunta a modo de reprimenda.
—Yo…
—Tú nada —la calló Nut—. Continuaremos con la farsa, es improbable que encontréis pareja antes de ejecutar mi plan y, en cuanto a nosotras, no creemos ni en Dios ni en el matrimonio, será un mero trámite para no levantar sospechas. Solo el Samada existe para nosotras.