Samada: la Colonia del Sur (Samada 4) CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Inconveniencia

L a noche transcurrió tranquila. Cada una durmió como pudo, debido a la incomodidad del suelo macizo que no ofrecía tregua al cansancio.

Wade se despertó con el brazo entumecido, porque Kai lo utilizó de almohada desde que terminó su guardia.

La observó durante unos instantes en silencio.

Todavía no asimilaba que una mujer tan bella pudiera ser su amante.

Le despejó un mechón de la mejilla; su piel era suave y blanca, diferente a la suya, negra y curtida; su cuerpo, de curvas perfectas y femenino.

Ella era corpulenta, sin cintura, y por sus facciones angulosas, en alguna ocasión la habían confundido con un hombre.

La situación en la que se encontraban le generaba ansiedad.

El destino estaba escrito. Si Nut conseguía proclamarse de nuevo la patrona del Sur, tarde o temprano, cuando llegase el fin de su mandato, nombraría a Kai como sucesora del cargo.

Esta tendría que jurar celibato y jamás podría volver a tocarla.

—¡Arriba! —el grito de Sora la sacó de su abstracción—. He conseguido el desayuno.—Alzó una red desde el otro lado de la carretilla.

La palabra «desayuno» resonó en los oídos de Kai como maná caído del cielo y abrió los ojos. Apartó de un empujón a Wade, se incorporó y dirigió la mirada a Sora.

—¿Ranas? —preguntó asqueada, al contemplar como los anfibios todavía saltaban atrapados en la red.

—¿Nunca las has probado? Sus ancas son un manjar —ironizó Sora.

—No pienso comer esos bichos repugnantes. —Arrugó el gesto—. Pescaré en el manantial.

—¿Con qué?

—Procedo del Norte. ¿Lo recuerdas? Solo necesito un arpón.

—Ja, ja, ja, ¿un arpón?

—Sí, no es difícil de fabricar. Buscaré un palo largo y lo afilaré. —Echó un vistazo a su alrededor—. ¿Dónde está Nut?

—En el manantial, aseándose —puntualizó Lina. Estaba despierta porque había permanecido de guardia en el último turno.

—Le pediré el cuchillo —dijo, decidida.

—Espera —intervino Sora de nuevo. Después de todo, no le pareció tan descabellada la idea de Kai—. En la carretilla hay una cadena, quizá si conseguimos desdoblar un eslabón dándole forma de gancho y unirlo al palo…

—¡Claro! ¡Gracias! —la interrumpió entusiasmada.

Mientras las demás asaban las ranas para el desayuno, Kai se sentó a cierta distancia. Golpeando con una piedra la cadena.

—¿Qué hace? —preguntó Nut.

—No quiere comer ranas —soltó Sora.

—Fabrica un arpón para pescar —añadió Wade, a la vez que lanzaba una mirada recriminatoria a su compañera por el comentario.

—Si lo consigue, ahumaremos los peces. Así se conservarán en buen estado para el viaje —explicó Lina.

—Necesitaríamos una gran cantidad para aprovisionarnos —objetó Nut—. Así que, en cuanto terminéis de comer, ayudadla. Fabricad más arpones, nos servirán no solo para pescar, sino como defensa cuando salgamos de aquí.

A media mañana, Kai les enseñaba cómo utilizarlos.

Los peces grandes se ocultaban en el fondo, así que ella, a pesar de que la temperatura del venero era fría, buceaba para pescarlos.

Las otras, de pie, sin que el agua les cubriera la cintura, esperaban pacientes hasta divisar su presa.

Como Kai les había aconsejado, apuntaban un poco por debajo de la silueta del pez, y con un golpe rápido y firme lo atravesaban.

La tarde la dedicaron a limpiarlos de vísceras y escamas, cortarlos en tiras finas y, por último, los colgaron en un soporte de madera sobre el fuego, a cierta altura para no quemarlos.

El primer problema al que debían enfrentarse era la madera del carro. No les duraría mucho; a lo sumo un par de días para alimentar la hoguera. Los tablones sobrantes los cargarían para las noches del desierto. Debían aprovisionarse antes de que sucediera.

El segundo era cómo transportar el agua; el odre que Nut había robado, de aproximadamente cinco litros, no las abastecería ni una jornada de trayecto.

Así lo expuso Nut ante las demás en la comida.

Cada una de ellas aportó una idea, aunque la única posible era moldear recipientes con arcilla, al no disponer de pieles de animales, cortezas de árbol o cactus.

Tuvieron suerte y, en una zona alejada de la mina, encontraron barro compacto y uniforme.

Como pudieron, fabricaron recipientes y los secaron al sol.

En caso de que el Samada les regalase lluvia durante el viaje, podrían utilizarlos para almacenar el agua.

Pasaron dos días afanadas, sin pensar en el peligro que les acechaba en el desierto.

Nut estaba convencida de que vería cumplido su deseo.

Llegó la mañana de la partida. Kai se alejó de la entrada de la mina para hacer sus necesidades; una zona con cobertura vegetal alta.

No sentía vergüenza por mostrar sus posaderas, pero necesitaba intimidad.

Cuando se disponía a subirse los pantalones, escuchó un sonido: un ruido sibilante.

No lo dudó, se giró despacio y constató lo que suponía, una serpiente de cabeza grande, triangular y aplanada, y piel cobre bufaba retadora.

No podía moverse ni gritar o la víbora la atacaría.

Miró de reojo a su alrededor y no encontró nada con lo que defenderse.

Despacio, comenzó a dar un paso hacia atrás con la intención de alejarse de ella.

Olvidó que los pantalones todavía estaban a media pierna, tropezó y sintió los dientes del reptil hundirse en su muslo desnudo.

El veneno le provocó un ardor intenso y rápido en la mordedura.

—¡Aaah! ¡Ayuda! ¡Ayuda! —gritó angustiada.

Al escucharla, las demás corrieron hacia su posición, armadas con las lanzas y arpones que contaban.

—¡Cuidado! ¡No os acerquéis! ¡Aún está aquí la serpiente! —les indicó.

Wade fue la primera en llegar, aguardó unos segundos y antes de que la víbora lo advirtiera, le aplastó la cabeza de un golpe certero. Después, se agachó, acercó su boca al muslo de Kai y succionó el veneno, escupiéndolo después en varias ocasiones.

—No te preocupes, saldrás de esta —decía mientras seguía chupando con ansia una y otra vez la herida. Sabía del efecto mortal del veneno. No podía morir, aún no. La amaba demasiado.

—No servirá de nada —susurró Lina, quien se mantenía a escasa distancia.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Nut.

Le hizo una seña con la cabeza para alejarse.

—Sin un antídoto, morirá en menos de veinticuatro horas. —Bajó la mirada contrita.

Nut le levantó la cabeza y la abofeteó. Lina apaciguó el dolor con la palma de su mano.

—¡Espabila! ¡Busca una solución! Fuiste sanadora.

—No puedo… —Rompió a llorar, no por la humillación, ni siquiera por la pérdida de una compañera, sino porque intuyó que ninguna sobreviviría a esa locura.

—Deja de llorar y piensa. Un torniquete o amputar, ¿funcionaría? —conjeturó Nut. Para ella, Kai era la custodia más importante, en realidad, necesaria, para ejecutar sus planes en un futuro.

—No, el torniquete reduce el flujo sanguíneo, y la herida está en el muslo; la amputación no es posible —objetó Lisa, a su pesar.

—¡Maldita sea! ¿Y qué haremos?

—Esperar, pronto aparecerán los síntomas: problemas de visión, hinchazón de las extremidades y dificultad para respirar, hasta que…

—¡Calla! No quiero escucharte. Aplazaremos la salida hasta mañana.

Regresaron junto a Kai, la trasladaron al interior de la mina y la tumbaron.

Wade acomodó la cabeza de su amada sobre sus piernas.

Ni Lina ni Nut se atrevieron a decirle la verdad, aunque no era necesario, ella lo sabía.

La acariciaba con ternura y le susurraba al oído.

Serían las últimas palabras que escucharía antes de que el Samada abriera sus puertas para ella.

—Tranquila, mi amor, estoy aquí contigo. No me iré de tu lado. —Reprimió las lágrimas. No la vería llorar, no mientras siguiera con vida.

—Tengo sed. —Su garganta todavía no se había cerrado, así que accedió a la petición.

—Bebe despacio. —Llenó la palma de su mano del odre y se la acercó a la boca. Dejó caer el agua gota a gota. Pese a ello, Kai comenzó a toser y, tras unos minutos de luchar por una batalla perdida, se desmayó.

Wade dirigió la mirada hacia a otro lado. Estaba al tanto de que la agonía sería dolorosa hasta el final y no quería verla sufrir. En ese instante, tomó una decisión.

—¡Ayudadme! —gritó.

—¿Qué pretendes? —preguntó Nut.

—Llevarla al manantial. Nació junto al mar, el agua es su elemento, allí morirá en paz.

—¿Quieres…? —insistió.

—¡Ayudadme! —gritó de nuevo.

La levantaron y Wade la cogió en brazos con cuidado, la apretó contra su pecho y caminó hacia la orilla. Luego, comenzó a adentrarse en el manantial hasta que el cuerpo de Kai tocó la superficie.

—Tu destino estaba escrito. Te amo y te amaré hasta que el Samada nos una de nuevo. —Recordó las palabras del rito. Las repitió—: Yo, Wade, tú fiel amante, te despido y ruego al Samada que abra sus puertas para recibirte. Parte en paz.

La besó por última vez. No pudo reprimir las lágrimas contenidas. Con suavidad, la hundió sin soltarla hasta que las convulsiones del cuerpo de Kai cesaron. Luego, la cogió de nuevo en brazos y la llevó a la mina. La dejó sobre el suelo y la cubrió con la capa verde oliva.

—Lo siento, Wade —dijo Lina.

Las demás le demostraron su pesar de igual manera.

—¿Qué haremos con ella? —preguntó Sora con frialdad, pasados unos minutos. El tiempo que creyó suficiente para que Wade asumiera la situación en la que se encontraban.

—Quemarla, no quiero que las alimañas la toquen —decidió Wade.

—Antes, desnudadla —ordenó Nut.

—No es necesario —objetó Wade.

—Sí, lo es. Cambiaré mi vestimenta por la de ella. Si nos encontramos con alguna caravana en el trayecto, el color púrpura me delataría. Además, mi capa nos servirá de saco para transportar la comida.

—Si eso sucede, aunque te vistas como una custodia, te reconocerán —le advirtió Sora.

Nut sacó el cuchillo de su bota y se lo entregó a Lina.

—Córtame la coleta a esta altura —le indicó, justo por debajo de la tira de piel que la anudaba.

—Pero… —dudó la mujer. Era su seña de identidad.

—¡Hazlo! —gritó, colocándole el arma en la mano.

Lina lo agarró y obedeció. Comenzó a cortar el cabello poco a poco, soltó el nudo y la melena rubia quedó a la altura del mentón.

Nut le arrebató el cuchillo, caminó al manantial, humedeció el pelo y, con las manos, se peinó hacia atrás.

Satisfecha con el resultado que le devolvía el reflejo, regresó a la mina.

Antes de partir, celebraron el rito de despedida y quemaron el cuerpo de Kai.

Nut salió de la cantera como una custodia más.