Samada: la Colonia del Norte (Samada 3) CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

Esperanzas

E n cierto modo, Hera no se sorprendió por la confesión de Kalani. Intuía que a pesar de que le concediera la libertad dentro de la colonia, no sería feliz. En realidad, nunca lo fue, ni tan siquiera cuando era un infante. Entendía su idea de huir, si bien, no la compartía.

—Minerva no accederá a viajar contigo y menos en Furia de Volcán, con un hombre tan despreciable como el capitán Bryce.

—¿Cómo lo sabes? —se atrevió a tutearla.

—Es la patrona de la Colonia del Este, su prioridad es mantener a salvo a sus habitantes, no abandonarlos a su suerte.

—¿Le has preguntado por qué quería hablar conmigo?

—No, aún no. Sigue dormida.

—Déjame verla.

—Si acepto tu petición, te concedería más de lo que te mereces. Has actuado solo para tu beneficio, incluso eligiendo a Moke como tu ayudante. —Kalani se sobrecogió.

—Tienes razón, en principio, lo propuse porque vi el tatuaje en su espalda símbolo de nuestra tribu, un escarabajo. Después, en la primera noche, descubrí que era el marido de Lilo, la sobrina de Moana, quiero decir, Minerva .

—¿Están emparentados?

—Así es.

—Entonces, Minerva tiene una familia en Nessei. —Hera metió la mano bajo la capa y acarició su tatuaje. Kalani aguardó en silencio durante ese instante—. Sígueme.

Cruzaron la zona de las palapas en dirección a la sala de curas. Las dos custodias que protegían la entrada, al ver a la patrona acompañada de un obrero, colocaron sus lanzas en posición de ataque.

—Bajadlas —les ordenó.

Ambos pasaron junto a ellas. Kalani percibió las miradas desafiantes de las dos mujeres. Luego, entraron. Minerva seguía postrada en la misma cama, bajo la luz tenue de un candil de aceite.

—Te dejaré a solas con ella. Espero, por tu bien, que no le ocurra nada o tu ansiada libertad la disfrutarás en medio del desierto —lo amenazó.

—Nunca le haría daño.

Hera asintió y abandonó la sala de curas.

Kalani se sentó en el lateral contrario de donde Minerva tenía el brazo ocupado por el suero. Le despejó la cara de los mechones sueltos de su melena castaña y, con sumo cuidado, le tomó la mano. No quería sobresaltarla.

—Moana, mi pequeña guerrera. Lo conseguiste, cumpliste tu sueño y, además, te proclamaste patrona de la Colonia del Este.

Tus padres hubieran estado muy orgullosos de ti, como ahora lo estoy yo.

Te traigo noticias que sé te harán feliz; tu hermana Lilo vive.

—Al terminar la frase, sintió como la mano de Minerva apretaba la suya, en un acto reflejo, que duró menos de un segundo—.

¿Te acuerdas de ella? —preguntó emocionado—.

Claro que sí, tiene una hija y una nieta, que te esperan en Nessei.

¿Recuerdas cuando nos bañábamos en nuestra playa favorita?

¿Sabes quién soy? —Hizo un silencio y cabeceó por su estupidez—.

Perdóname, he sido un maleducado. Soy Kalani.

—De nuevo apreció una ligera presión en su mano—.

Eso es, Moana. Sé que estás ahí, despierta.

Te sacaré de aquí, navegaremos juntos y podrás reencontrarte con tu familia.

Solo necesito que vuelvas, esta vez no te dejaré sola.

—Le acarició la mejilla; el contacto de sus dedos provocó que el vello de Minerva se erizara, para Kalani, esa reacción no pasó desapercibida—.

¿Lo sientes? —Se atrevió a seguir deslizando su mano hacia el cuello, después al hombro desnudo y finalmente, a la parte interior de su brazo—.

Eres una mujer fuerte y, debo decir, hermosa.

La niña que me perseguía por la arena ha crecido y deseo estrecharte entre mis brazos, darte cobijo y…

—«¿Pero qué estoy diciendo?», pensó—. Quiero ser de nuevo tu amigo, que confíes en mí y me des la oportunidad de cumplir mi promesa.

Te busqué entre los restos del naufragio, ansié encontrarte con vida y lloré tu pérdida, así como la de nuestros padres.

Nunca te olvidé. ¿Por qué no has venido a mi encuentro hasta ahora? ¿Estabas dolida?

—Ya basta —escuchó la voz de Hera a su espalda.

—Espera, he sentido como reaccionaba a mis palabras. Me ha apretado la mano en varias ocasiones —dijo apresurado, no quería separarse de ella tan pronto.

—Es un acto reflejo, yo también lo he percibido cuando la visito.

—No es lo mismo, sé que…

—He dicho basta, déjala descansar.

Kalani miró por última vez el cuerpo de Moana. Soltó su mano y se incorporó.

—¿Me dejarás regresar mañana?

—Si colaboras conmigo, sí. Por ahora, continúa con la reparación del barco y la construcción de las balsas.

¿Puedo confiar en ti? —Kalani asintió—. El capitán Bryce es nuestro enemigo, no lo olvides.

Él no tendrá en cuenta tus favores y en cuanto no te necesite, se librará de ti.

Nunca llegarás a la isla de Nessei con su ayuda. Con la mía, quizá sí. Salgamos.

Hera ordenó a las custodias que lo acompañaran hasta el barracón.

Kalani se alejó con la esperanza de conseguir su libertad y ver a Moana despertar.