CAPÍTULO 23
Confesiones
G ery se apresuró a bajar del bote en cuanto amarró el cabo a la anilla del muelle. Era de urgencia informar a la patrona de sus pesquisas en el barco. Kalani se quedó asombrado por la rapidez de sus movimientos.
—¿Le has perdido el miedo al agua? —soltó.
—Grrr —fue el único sonido que escuchó a su pregunta sarcástica.
El protector saltó del embarcadero y buscó la túnica. Estaba en el mismo lugar que la había dejado. La cogió y se encaminó a la palapa de Hera. Solicitó permiso para entrar y ella se lo concedió. La encontró sentada en su escritorio.
—He descubierto al asesino —dijo sin ni siquiera saludar.
Hera se giró hacia él.
—¿Estás seguro?
—Tengo pruebas. —Le mostró la túnica gris—. La encontré junto al embarcadero.
—¿Fue otro asistente?
—No, ha sido Cole —afirmó tajante.
La patrona se levantó de la silla. Tomó la túnica y buscó el orificio del lapicero.
—Es imposible, ¿ has preguntado a los protectores?
—No vieron nada sospechoso, pero sé que fue él. Esta mañana no le he quitado ojo y, aunque ha disimulado bien, he percibido en su cara gestos de dolor cuando realizaba algunos movimientos. Además, Moke no está aquí por casualidad.
—¿Qué quieres decir?
—Le pasa mensajes ocultos en los listones al capitán. Me percaté de cómo Cole sacaba algo de uno de ellos. Lo revisé y estaba marcado con tiza blanca, la que se utiliza para señalar la madera y cortarla —aclaró.
—Ese hombre me pareció honesto y recuerda que es el único que puede enseñarnos el manejo de las armas —expuso con desazón.
—Lo encerraremos —sentenció Gery.
Hera soltó la túnica sobre la mesa, se sentó en su sillón y se acomodó en el respaldo.
Se llevó la mano al tatuaje, lo acarició con mimo unos instantes; le ayudaba a pensar.
El protector aguardó paciente, le agradaba la serenidad de esa mujer.
No entendía como había sobrevivido a los problemas de la colonia con su carácter. Quizá ese era su secreto.
—No —dijo con rotundidad—. Lo utilizaremos a nuestro favor. Enviaremos información falsa a Bryce.
—¿Crees que colaborará?
—Lo hará, le daré una buena razón para ello. Además, yo misma me encargaré de redactar los mensajes. Hazlo llamar, hablaré con él. Me indicó que para atenuar el sonido de los disparos necesitábamos silenciadores.
—¿Silenciadores?
—Sí, es un objeto que se acopla al arma. He regresado al búnker y los he dejado junto a los sacos en la sala vacía del refugio. Los entrenamientos se iniciarán a partir de mañana.
—Así se hará —aceptó no muy conforme—. Otro tema, Kalani me ha preguntado sobre las balsas. Tampoco me fio de él.
—También me extraña su disposición para concluir la reparación del barco, incluso se atrevió a cuestionar mi orden.
—Hera se levantó del sillón y se acercó a Gery—.
Quiero que controles sus movimientos en Furia de Volcán, si se acerca a Bryce o a Cole, házmelo saber.
Localiza a Casandra, debo informarla de lo hablado.
—¿Y Denis?
—Está receloso con la llegada de Moke y no quiero que actúe por su cuenta, por ahora —puntualizó.
Gery asintió y dejó a solas a Hera.
Casandra no tardó en acudir a la llamada de la patrona. Esta la puso al corriente de las últimas novedades.
—Escuché la conversación que mantuviste con Denis en el búnker cuando descubristeis la sección de la radio. Le hiciste un comentario sobre cómo funcionaba.
—Así es, omití en ese momento la idea de que Moke supiera el mecanismo de ese aparato.
—Lo suponía. Vendrá enseguida, le haré una proposición que no podrá rechazar para que colabore con nosotros.
En ese momento, Moke solicitó permiso para entrar.
—Adelante, te esperaba —le contestó Hera—. Siéntate con nosotras.
Él se extrañó de la invitación de la patrona, a pesar de ello, aceptó. Tenía los pies molidos y llenos de rozaduras a causa de las sandalias.
—¿Imaginas por qué te he convocado de nuevo?
—¿Por las armas?
—Sí, has acertado. Quiero que seas nuestro instructor de tiro. Mañana mismo comenzaremos con los entrenamientos.
—Pero…
—¿Alguna objeción?
—No, no, es que supuse que carecíais de armamento.
—Así era hasta hace poco. La llegada del barco ha propiciado un hallazgo que nos beneficiará en caso de que el capitán ataque la colonia.
—Lo hará —dijo con seguridad—. Tarde o temprano, lo hará —repitió.
—¿Quieres colaborar conmigo o seguir mandándole información a Bryce?
La cara de Moke se congestionó, se irguió en la silla y miró nervioso a las dos mujeres que tenía ante él. Casandra se agachó y sacó los dos cuchillos de sus botas. Los colocó encima de la mesa mientras le dedicaba una sonrisa ladina.
—Nunca fue mi intención perjudicar a los habitantes de la colonia —alegó en su defensa—. Todo lo contrario, Kalani y yo pensamos…
—¿Kalani? ¿También es un traidor? —lo interrumpió Hera.
—No, claro que no, él tuvo la idea de utilizar los mensajes para confundir al capitán. En el de hoy, le hice saber que teníais aliadas con la intención de amedrentarlo. —Tragó saliva, no le gustaba mentir y, en cierto modo, no lo hizo. No podía descubrir el plan de su amigo.
—Entonces, a partir de mañana, seré yo quien te dicte los mensajes. Con una condición, mantendrás a Kalani al margen de nuestro acuerdo. —Moke asintió—. Ahora, tengo otra pregunta para ti. ¿Podrías comunicarte por radio con tu gente?
Moke agrandó los ojos. Solo pensar en escuchar la voz de Lilo y su hija le aceleró los latidos. La emoción lo sacudió de tal manera que estuvo a punto de llorar, sin embargo, se templó para dar una respuesta.
—Si funciona, podré hacerlo. ¿Dónde está? —quiso saber, la impaciencia le hizo hablar.
—No tan rápido, antes, cumple el trato hasta que la colonia esté fuera de peligro. Si no lo haces, Casandra se ocupará de ti. —No era habitual que las custodias mataran a sangre fría, pero Moke desconocía ese hecho.
—Os ayudaré, soy el primer interesado en acabar con Bryce.
—Bien, vuelve al almacén. Mañana, antes de cargar los botes, te diré el contenido del mensaje.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por darme una oportunidad y confiar en mí.
Sin añadir ni una palabra más, se levantó de la silla e inclinó la cabeza para mostrar su respeto.
—Antes de irte —intervino la custodia—. ¿Hay algún hombre en el barco que se atreviera a cruzar la bahía en plena noche?
—Sé que Cole es un experto nadador, y cuenta con un equipo de buzo.
—Explícate. —Hera demostró interés sin admitir que ignoraba a qué se refería.
—Cuando atacaron mi isla, Nessei, el segundo de a bordo consiguió llegar a la playa, sin ser descubierto por los vigías, gracias a su equipo de buzo. Tomó rehenes y al jefe de la tribu no le quedó otra que negociar con el capitán.
—¿Cómo es posible que recorra tanta distancia bajo el agua?
—Con la botella de oxígeno.
—Claro, claro, puedes irte. Gracias por la información.
—Estoy dispuesto a colaborar —afirmó. Se giró sobre sus pies y salió de la palapa.
—Gery estaba en lo cierto. Cole buceó, se camufló con la túnica gris y mató al asistente —concluyó Hera.
—¿Qué hacemos con Kalani? —preguntó Casandra.
—Es hora de que conozcamos sus verdaderas intenciones. ¿Has escuchado de dónde procede Moke?
—Nessei… ¿cómo no me he dado cuenta? —se lamentó Casandra.
—Esta noche, cuando termine su trabajo con las balsas, le concederé lo que más desea.
***
Kalani no tuvo un respiro desde que pisó tierra.
Tal y como Hera le había encomendado, se reunió con Moke.
Le explicó cómo debía fabricar las balsas, según las medidas que le proporcionó Denis, quien con el terror de adentrarse solo en el refugio, las tomó con la precisión que pudo, dadas las circunstancias.
Cuando creía haber terminado su jornada y con ganas de retirarse al barracón, recibió una visita inesperada.
La mismísima Hera se presentó en el almacén, quien se protegía del frío con su capa púrpura.
—Moke, puedes irte, debo hablar con él.
Ambos se miraron, Kalani había advertido un comportamiento inusual en su compañero, lo achacó al estrés del trabajo. Al ver su reacción ante la patrona, pensó que su silencio era debido a otro motivo.
—Buenas noches —dijo Moke y se alejó de ellos.
—Dime la verdad, ¿qué tramas?
—No entiendo tu pregunta.
—¿Estás colaborando con el capitán?
—Sí, hago lo que me ordenasteis, reparo su barco.
—No me refiero a eso, y lo sabes. ¿Qué es lo que más deseas?
Aquella pregunta cogió desprevenido a Kalani. Admitir ante Hera que deseaba huir de la colonia en compañía de Moana no sería de su agrado.
—La libertad.
—Una respuesta concisa, oportuna y que no me satisface. Cualquier obrero contestaría lo mismo. Sé que tú no eres ni piensas como ellos. ¿Quieres verla?
—¿A quién? —preguntó, a pesar de saber a quién se refería.
—De acuerdo, eres inteligente, así que te mostraré mis cartas. Acompáñame.
Hera caminó hacia el fondo del almacén, Kalani la siguió. Primero, despejó la entrada de la gruta .
—Este es el lugar donde se ocultan los habitantes de la colonia en caso de peligro.
Como puedes suponer, es fácil que el capitán lo descubra si nos ataca.
No dejará ningún recoveco sin escudriñar hasta encontrar su mayor tesoro; las mujeres y los niños.
—Kalani escuchaba en silencio las explicaciones de la patrona.
Si desconfiaba de él, como así le había hecho saber instantes antes, no entendía que le diera una información que podría utilizar en su contra.
Hera recorrió la distancia hasta la entrada del refugio.
La pared falsa no existía, así que ordenó camuflarla con una gran cortina de lino que imitaba las tonalidades de la roca.
Estaba prendida con argollas en la parte superior, la descorrió con cautela para no destrabarla. Descubrió la puerta de hierro.
—Ahora entraremos en el refugio nuclear de nuestros antepasados y que ha permanecido cerrado durante más de cien años. Trae aquella antorcha y alumbra hacia el interior —le pidió mientras sujetaba la cortina. Kalani obedeció.
—Está vacío —dijo desilusionado. Al asomarse, solo divisó unos pocos sacos de lino en un rincón.
—Sigamos. Al fondo hay un acceso a otra sala, no te asustes por el letrero. Las patronas fundadoras lo escribieron para ahuyentar a los curiosos.
Hera abrió una de las hojas de la puerta del búnker. Entonces, Kalani tuvo que sujetar la antorcha con fuerza para que no se le deslizara.
—Esto es… —no encontró las palabras para describir lo que tenía ante sus ojos.
—El pasado, y ahora, nuestro futuro.
—¿Por qué lo habéis mantenido en secreto?
—La llegada del barco propició su descubrimiento. Es difícil de contar, así que te mostraré el motivo de haberte traído hasta aquí.
Recorrieron los pasillos hasta los últimos contenedores, luego se adentraron por la oquedad hasta llegar a la gran masa de aguas oscuras .
—Este es el destino de las balsas, quiero saber a dónde nos lleva.
—¿Para qué?
—No te mentí, para transportar personas. Escucha. —Se colocó el dedo índice en los labios.
—El mar —dijo tras unos segundos.
—Exacto, intuyo que hay una salida y ese será el destino de las mujeres y los niños. El capitán nunca podrá dar con ellos. Regresemos.
Ambos deshicieron el camino, cerraron las puertas de acceso, corrieron la cortina de lino y taparon el paso del almacén. Cuando salieron había anochecido y la traviesa niebla velaba la luz de la luna.
—¿Por qué me lo has mostrado?
—He sido sincera contigo, quiero lo mismo de ti. ¿Qué es lo que más deseas?
—Huir de la colonia con Moana en el barco del capitán Bryce —confesó. Era inútil seguir ocultándole la verdad. Si Hera no percibía la sinceridad en sus palabras, acabaría expulsado y el desierto sería su tumba.