CAPÍTULO 21
Encargos
H era madrugó. Escribió en su diario lo acontecido la noche anterior.
Luego, tomó un pedazo de papel, en él explicaba a su amiga Gaia la situación de la colonia y el inminente ataque del capitán.
También le hizo saber que le enviaría una paloma cada día.
Era de vital importancia que estuviera informada y así, en caso de que la comunicación se interrumpiera, sabría cómo actuar.
—¡Buenos días! —La voz de Denis la sobresaltó.
—Buenos días, no te oí llegar.
—¿Qué haces?
—Escribo el mensaje para Gaia. —Lo enrolló y se lo ofreció al asistente—. Toma, que salga esta misma mañana. Encárgate personalmente de que así sea.
—Déjalo en mis manos. —Lo cogió.
—¿Has avisado a Kalani?
—Sí, aguarda fuera.
—Bien, hazle pasar. Después, quiero hablar con Moke.
—Cuando me dirija al palomar, pasaré por el almacén. —Hizo el amago de girarse hacia la salida .
—Espera, organiza el rito de despedida para el asistente. Nadie debe saber la verdad, mantendremos en secreto la causa de su muerte hasta que descubramos al culpable. ¿Has comunicado a los distintos rangos el examen médico al que deben someterse?
—Sí, las sanadoras me entregarán una lista con los resultados.
—Perfecto, retírate. Hoy será un día largo.
Denis asintió y salió de la palapa. Unos segundos después, entraba Kalani.
—Buenos días, patrona —saludó respetuoso.
—Buenos días. Necesito tus conocimientos sobre la construcción de balsas —soltó sin rodeos.
—¿Balsas? —preguntó con curiosidad.
—Sí, intuyo que el capitán no tardará en asaltar la colonia. Mi idea es poner a resguardo a mujeres y niños antes de que suceda.
—Son muy inestables en alta mar, me temo que no es una buena idea —objetó.
—A su debido momento, te informaré de los detalles.
—El hecho de que Kalani mantuviera contacto con Bryce y la tripulación del barco, le pareció suficiente motivo para omitirle el descubrimiento de la gruta—.
Las montarás dentro del almacén con la madera sobrante de la reparación de Furia de Volcán.
No dudo de que el capitán vigila los movimientos de la colonia.
—Si acepto el trabajo, pasaré menos horas en el barco —objetó. Le urgía terminar para ejecutar su fuga cuanto antes, aquel imprevisto lo demoraría.
—¿Cómo que si aceptas el trabajo? —inquirió Hera.
Se levantó de la mesa y se acercó hasta él.
Le clavó una mirada exigente—. Eres un obrero, no lo olvides.
Se te han concedido privilegios y responsabilidades, pero mientras yo sea la patrona, me deberás obediencia y acatarás mis órdenes.
Me da igual que no duermas, quiero esas balsas —dijo tajante—.
Pedirás ayuda a Moke y te facilitaré mano de obra.
—¿De qué capacidad? —preguntó vencido ante el poderío de las palabras de Hera. Siempre la consideró una mujer tranquila, era la primera vez que descubría su carácter más duro.
—La idea es que cada una pueda transportar a dieciséis personas adultas.
—La madera que utilizamos para el barco no es apropiada para fabricar las balsas. Se hundirán.
—No quiero réplicas, sino soluciones. ¿Qué necesitas?
—Objetos que aporten flotabilidad, aunque la base sea de listados de madera, tendremos que ensamblarlos.
—¿Qué objetos?
—De plástico: barriles, botellas, goma espuma o contenedores. —Kalani sabía que su petición no estaba al alcance de Hera. Hacía mucho tiempo que ese tipo de materiales había desaparecido.
—Mañana te daré las medidas. —La patrona sonrió al recordar la imagen del búnker. Allí encontraría lo necesario.
—La medida depende del peso que deben soportar. Por otro lado, el ensamblaje de los objetos sería recomendable hacerlo en el agua, para calibrar la estabilidad.
—Eres inteligente, Kalani. Sé lo que pretendes, como te he dicho antes, te daré los detalles a su debido momento.
Imagina que el capitán descubra nuestro plan, a la primera persona que interrogaría sería a ti.
No sabemos los métodos que utilizaría para sonsacarte, con la información que te he dado, tienes suficiente para comenzar los trabajos.
Esta tarde, cuando regreses del barco, te reunirás con Moke y le darás las indicaciones oportunas.
Puedes irte. Gery te espera en el embarcadero.
Hera se giró, tomó asiento en la mesa e ignoró la presencia de Kalani. Este obedeció y la dejó a solas. Cuando se encaminaba al encuentro con el protector, se cruzó con Moke.
—¿Y esa cara? —preguntó. Enseguida advirtió el semblante preocupado de su amigo.
—Hera me ha citado de nuevo en la palapa. Es extraño, ¿no ?
—A mí también. Tiene la idea absurda de fabricar balsas para salvar a los habitantes de la colonia. Me ha ordenado que esta tarde nos reunamos en el almacén para organizarnos.
—¡Ah! Menos mal —resopló aliviado—. Supongo que será por el mismo motivo.
—Por si acaso, omite nuestra conversación.
—Tranquilo.
—Te dejo, Gery me espera. —Kalani entrelazó las manos a su espalda y se alejó con su manera de andar tan característica.
Moke continuó su camino. Antes de subir los escalones de la palapa de Hera, echó un vistazo al horizonte, la silueta de Furia de Volcán en la bahía lo estremeció.
Deseaba regresar a su hogar, y dudaba que Kalani convenciera al capitán para que lo eximiera de su castigo en la crujía, así como navegar hasta La Negra como un hombre libre.
Imaginó el reencuentro con su familia y la alegría de Lilo al descubrir que su tía Moana aún seguía viva.
Se sacudió los pies en el primer escalón de acceso a la palapa de Hera.
No se acostumbraba a caminar con las sandalias y el roce de la arena en los pies le resultaba molesto.
Luego, subió y golpeó la madera de la entrada.
El acceso estaba oculto por una cortina de lino, que se mecía con suavidad por la brisa.
—Soy Moke, ¿puedo pasar?
—Adelante.
Encontró a Hera sentada junto a la mesa, sobre ella pudo distinguir unas lentes. No recordaba que en la primera entrevista las hubiera utilizado.
—Te preguntarás para qué te he citado.
—Sí, no niego que he sentido curiosidad.
—Afirmaste que conocías el manejo de varias armas de fuego.
—Así es, aunque no soy un experto, el mecanismo de ellas es muy similar.
—¿Podrías enseñarme a utilizarlas?
—Por supuesto, si el capitán no me hubiera quitado la mía, lo haría.
—¿Cómo se puede aplacar el sonido al detonar las armas?
—Necesitaríais una sala de tiro insonorizada o silenciadores.
—¿Silenciadores?
—A ciertos modelos se les puede acoplar un silenciador, siempre que sea compatible con el diámetro y la rosca del cañón del arma. La función principal de este accesorio es disminuir el sonido del disparo.
—Entiendo. —Hera enmudeció por unos segundos.
Después, tomó una tablilla donde Denis había anotado la relación del contenido de los distintos sacos.
Por instinto, y sin tener en cuenta que Moke la observaba, se colocó las lentes.
Era inútil, por más que se esforzaba en fijar la vista en la pequeña letra del asistente, no acertaba a descifrarla—.
Lee y dime si alguna de estas es compatible con ese accesorio.
—Le entregó la tablilla, se quitó las gafas y se restregó con empeño los ojos.
Ese gesto no pasó desapercibido para Moke.
—¿Qué síntomas tiene?
—¿A qué te refieres?
—¿A sus ojos?
—Además de carpintero, ¿eres curandero? —Le dedicó una media sonrisa con cierta ironía.
—No, mi padre es médico. En mis ratos libres lo ayudaba en la consulta.
—Veo que tu civilización está más provista de adelantos que las colonias.
—Después de la gran guerra, los supervivientes consiguieron recuperar los recursos y la información necesaria para reconstruir una sociedad avanzada.
—¿Incluidas las armas?
—Las utilizamos como defensa y están prohibidas.
—Tú tenías una —le recordó.
—Era de mi padre, la ocultaba en el consultorio médico.
—Dejemos la conversación, no has contestado a mi pregunta. ¿Son compatibles con los silenciadores ?
—Sí, las pistolas, rifles y subfusiles. ¿Dónde las conseguiréis?
—No es de tu incumbencia. Márcalas. —Le entregó un lapicero.
—Me permite. —Moke rodeó la mesa hasta el sillón de Hera y dejó la tablilla sobre ella—. Me he dado cuenta de su vista cansada, se las anotaré en otra cuartilla con letra grande.
—No es necesario, haz lo que te he dicho y vuelve a tu lugar, puedo verlas. —Le preocupaba que el extranjero hubiera descubierto su debilidad.
—Como desee. —Dibujó una cruz al lado de las anotaciones de Denis y se alejó de nuevo—. Mi padre es un especialista en las enfermedades oculares, si estuviera aquí, podría haberla examinado —añadió.
—No padezco ninguna enfermedad, es solo cansancio. Puedes retirarte.
Moke lamentó su último comentario. Así era su carácter, entrometido.
Hablaría con Kalani; cuando le explicó el funcionamiento de las colonias, no le mencionó que poseyeran armas de fuego.
Se alejó de la palapa convencido de que la patrona se preparaba para enfrentarse al capitán Bryce, y ello podría obstaculizar el plan de fuga ideado por su coterráneo.
Mientras, Hera se amonestó por su torpeza.
Miró con desdén las lentes y sintió la tentación de lanzarlas fuera de la palapa, sin embargo, no lo hizo.
Se las colocó y distinguió las cruces con nitidez en la lista, el forastero había remarcado los trazos con el lapicero.
Sonrió. Tendría que regresar al búnker y localizar los silenciadores de los modelos señalados.
Las prácticas de tiro se podrían realizar en la primera sala del refugio, estaba vacía y la puerta de acceso aislaría el sonido.
Confiaba en que la misiva, enviada ese mismo día, llegase hasta la Colonia del Oeste. «Gaia, te necesito», pensó.