Samada: la Colonia del Norte (Samada 3) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Confidencias

A Moke el barracón de los obreros le pareció un palacio comparado con el banco de la crujía.

Al menos podría descansar acostado en el catre que le habían asignado.

La cena le supo a gloria a base de pescado bien cocinado y un pedazo de pan.

Al anochecer, Kalani le indicó que lo siguiera hasta una zona sin habilitar y lejos del alcance del oído del resto de los obreros.

El edificio no disponía de iluminación, ni siquiera de un mísero candil.

Se sentaron en el suelo, bajo la escasa luz de una de las ventanas enrejadas.

—¿Qué hablaste con el capitán? —preguntó directo Kalani. Le pareció demasiado fácil convencerlo para que le autorizara desembarcar un remero.

—Te dije que no era buena idea hacer tratos con él. —Moke albergaba ciertas dudas en confiarle lo que Bryce le había encomendado.

—No has contestado a mi pregunta —insistió.

—Quiere que le pase información de la colonia —contestó. Era su único confidente, entendió que debía decirle la verdad.

—¿Qué clase de información y cómo?

—Si hay mujeres fértiles y niños, la ubicación de las provisiones, datos sobre el ejército y si la colonia tiene aliados. La información le llegará oculta en uno de los tablones destinado a la reparación del barco. Los marcaré con una cruz para que Cole pueda identificarlos.

—¡Sabía sus segundas intenciones! —se maldijo a sí mismo.

Bryce partiría a La Negra cuando la colonia se rindiera a sus pies. Se levantó y comenzó a caminar en círculos como era su costumbre. Moke lo observaba en silencio. Imaginó su decepción. Unos minutos después, se acomodó de nuevo a su lado.

—Quizá podamos utilizar la información que le envíes a nuestro favor. Mañana le mandarás tu primer mensaje. En él mencionarás a las patronas aliadas del resto de las colonias.

—Dula me lo explicó, son cuatro, ¿verdad?

—Así es, aunque Hera solo mantiene la alianza con Gaia, la patrona del Oeste. Las otras dos se posicionaron en contra de ellas. Es de vital importancia que el capitán crea que aún siguen unidas —omitió revelarle la identidad de Moana.

—¿A qué distancia está la colonia de Gaia?

—A unos diez días de camino por el desierto.

—¿Crees que Hera la habrá alertado?

—Es muy probable, mas desconocemos si está en marcha. Debemos ganar tiempo y convencer a Bryce de que desista de su idea de atacar. Nuestro único objetivo es partir en Furia de Volcán. No deseo ningún mal a los habitantes de la colonia.

—Llevo cinco años en el barco, lo conozco. En una ocasión, sitió una de las islas durante un mes. Los cañones la bombardearon hasta que se rindieron. Es obcecado y vengativo. Si descubre nuestro engaño, descargará su ira y te aseguro que ninguno de los dos sobrevivirá a ella —explicó nervioso.

—Por ahora, le soltaremos la información a cuentagotas. Él no puede pisar tierra firme, aquí estás a salvo. —Le apretó el hombro con la mano para tranquilizarlo.

—Será así, mientras no ataque.

—No lo hará, me ocuparé de ello —dijo con seguridad.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Por supuesto .

—Me explicaste que Moana procedía de nuestra isla, y que hasta hace poco no supiste que aún seguía con vida. Aquí las mujeres son privilegiadas. ¿Por qué tienes tanto interés en llevarla contigo?

—Porque… —No supo darle una respuesta razonada. Su instinto de protección le pedía que así lo hiciera.

—¿La quieres?

—No, claro que no, al menos como tú piensas. Es por otro motivo. Éramos amigos de la infancia. Le hice una promesa hace más de treinta años y quiero cumplirla.

—¿Cuál es la promesa?

—No dejarla sola. Sus padres, al igual que el mío, perecieron en el naufragio. Ella tenía una hermana, que espero siga con vida. Se casó con un joven de la isla de Mapea. Deseo que ambas se reúnan.

—¿Sabes? Ejercí de maestro en esa isla un par de años, antes de casarme. Realizábamos intercambios para compartir conocimientos con otras escuelas del archipiélago, quizá la conozca. ¿Cómo se llama?

—Lilo, de su marido no recuerdo el nombre. Ha pasado demasiado tiempo. Rondará los cincuenta.

—¿Lilo? ¿Estás seguro? —Kalani asintió—.

¡Esto es increíble! —exclamó y se levantó de un salto—.

Mi mujer es su hija. Ella también era maestra y, aunque mayor que yo, no pude resistirme a sus encantos.

La conocí en Mapea, allí nos casamos y después, nos trasladamos a Nessei.

Claro, ahora lo entiendo. Su madre nunca me habló del naufragio, era un tema doloroso para la familia.

No sabía que Lilo, se llama igual que ella —aclaró—, tuviera una tía.

Kalani escuchó las palabras de Moke entre el asombro y la sorpresa. El destino, o la casualidad, había querido unirlos. La alegría de saber que la familia de Moana seguía con vida y tener ante él a uno de sus integrantes lo emocionó. Se levantó para unirse a él en un abrazo sincero.

—El Samada me ha escuchado —dijo de forma inconsciente.

—¿Qué es el Samada? —preguntó Moke a la vez que deshacía el abrazo de Kalani.

—Perdona, todavía te queda mucho por aprender de las colonias.

—Soy curioso por naturaleza, y me temo que te cansarás de mis preguntas.

—Siéntate, te lo explicaré. Tenemos mucho de qué hablar.

La niebla ocultó la poca luz que atravesaba la ventana del barracón y en la oscuridad, ambos continuaron con la charla hasta que el cansancio los obligó a retirarse a sus modestos catres. Kalani soñó con un velero y Moke con abrazar de nuevo a su familia.