19 Rory
RORY
Justo cuando creo que me estoy sintiendo mejor, vuelvo a vomitar. Algo no va bien. Conozco bastante bien mi cuerpo, así que cuando mi periodo, que normalmente llega como un reloj, se retrasa tres días, un pánico me llena el estómago.
¿Estoy teniendo náuseas matutinas? Me pregunto.
No siempre me ha ocurrido por la mañana, pero supongo que es normal para algunas mujeres.
Dios mío. La idea de que podría estar embarazada me asusta.
Y el hecho de que sea el bebé de Luke complica aún más mis planes.
¿Cómo le pides al padre de tu hijo que renuncie a su sueño y pierda la lucha de su vida y luego le sueltas: “Ah, y por cierto, estoy embarazada”?
Eso sí que es un golpe bajo.
Respiro hondo y pienso en mis opciones. Porque estamos en el siglo XXI y puedo elegir hacer cualquier cosa, me recuerdo a mí misma. Primero, podría simplemente eliminar el problema, y nadie se enteraría. Una cita y bam. No más bebé.
No. La idea de interrumpir mi embarazo me hace sentir un nudo en el corazón y llorar en el alma. Es absolutamente imposible que lo haga. Aunque no lo hayamos planeado, nunca podría decidirme a destruir a un bebé inocente concebido con amor.
Al menos, hay amor por mi parte. No estoy segura de cómo se siente Luke exactamente. Sé que le gusto, pero no puedo hablar de la profundidad de sus sentimientos. ¿Yo? Estoy locamente enamorada. Por eso esto complica aún más las cosas.
Si es verdad. Mierda. Podría estar preocupándome por nada.
Cojo mi bolso y voy directa a la farmacia a comprar un test de embarazo.
De camino, pienso en la segunda opción. Puedo decírselo a Luke y quizá termine acostumbrándose a la idea.
No espero una propuesta de matrimonio ni nada por el estilo, pero un poco de apoyo estaría bien.
¿Quién sabe? Tal vez estaría feliz y abierto a la idea de empezar una familia.
Aunque sé que tiene muchas cosas en la cabeza con la próxima pelea y esto probablemente sea lo último que quiere escuchar.
Cuando llego a la farmacia, recorro los pasillos buscando los tests de embarazo y, cuando finalmente los encuentro, hay cientos de opciones diferentes. Genial. No tengo ni idea, así que cojo uno que no sea ni muy barato ni muy caro. Algo intermedio, estándar: dos rayitas rosas si estoy embarazada.
De vuelta a casa, hago el test y espero con la ansiedad a flor de piel.
La tercera opción me invade la cabeza y, lamentablemente, parece ser el escenario más realista.
Criaré a mi bebé sola. Probablemente un bebé no sea algo que Luke quiera ahora mismo y, si va a convertirse en un luchador profesional, ¿cuándo tendrá tiempo para mí y un bebé que llora?
Necesito dejar de preocuparme y esperar la confirmación de que realmente hay algo por lo que estresarme. El reloj avanza y, cuando llega el momento, miro hacia abajo al pequeño palito y veo…
Dos rayitas rosas.
Dios mío. Estoy embarazada. Ahora sí que puedo empezar a estresarme.
Lo gracioso es que solo tengo que culparme a mí misma.
Sé exactamente el momento en el que me quedé embarazada.
Justo después de dejar la fiesta de Halloween, me lancé sobre Luke en el coche de camino a casa.
No pude ni esperar a llegar a su casa, y estaba tan segura de que estaríamos bien porque conozco mi ciclo tan bien.
Sí, claro. Aparentemente, no tan bien como pensaba.
Supongo que mis hormonas descontroladas se apoderaron de mí y ahora estoy en problemas.
Pero un problema aún mayor que si solo tuviera que lidiar con darle la noticia a Luke. Lo más grave es que me he preparado para fracasar. Lo he hecho todo mal y ahora voy a terminar sola. Bueno, no completamente sola, pienso y apoyo una mano sobre mi vientre.
Se me está acabando el tiempo y cuando vuelva a ver a Luke, tendré que pedirle que pierda a propósito su gran pelea con Enzo.
He aguantado hasta que ya no puedo más. Probablemente se sentirá conmocionado, molesto, traicionado.
Todas las emociones horribles posibles y más aún.
Y, para colmo, mi idiota de hermano no ha sido muy amable con él.
Entonces me doy cuenta de que Travis no es el idiota.
Lo soy yo. Travis fue lo suficientemente listo para no involucrarse demasiado ni acercarse mucho, pero ¿yo?
Estoy tan metida en esto que voy a necesitar una pala para salir.
Se suponía que debía seducir a Luke para que perdiera, pero acabé enamorándome de él. Y ahora estoy esperando su hijo.
Mierda, mierda, mierda.
La situación no podría ser peor ni más complicada.
Bueno, rectifico. Además, Travis y yo apenas logramos mantener la cabeza fuera del agua ahora mismo. ¿Cómo voy a cuidar de un bebé también? Necesitan tantas cosas, y yo no tengo ese tipo de dinero. Tampoco tengo abuelos que puedan cuidar del niño mientras trabajo.
Si Luke me manda a paseo, cosa que probablemente hará, lo más probable es que Travis acabe muerto o gravemente herido. No le perdonarán su deuda, y yo estaré completamente sola, sin nadie en quien apoyarme o que me ayude.
Me siento físicamente enferma al contemplar el peor de los escenarios: sin Luke, sin Travis, sin medios para mantener a mi bebé. Cierro los ojos y no tengo ni idea de qué hacer.
—¿Ror?
Abro los ojos de golpe y me giro, sorprendida al ver a Travis en la puerta del baño. Mira el palito que sostengo en la mano y frunce el ceño.
—¿Qué estás haciendo?
No respondo de inmediato, y entonces sus ojos se abren como platos.
—¿Eso es...? —Su voz se apaga y ya lo sabe.
No tiene sentido mentir o fingir. —Estoy embarazada —digo.
—Joder, joder. ¿Cómo coño...? —se interrumpe abruptamente—. No, no me contestes. —Se cubre la cara enrojecida con una mano, y a pesar de mi situación desesperada, me río. Porque en este punto, si no me río, voy a llorar, y no tengo tiempo para lágrimas ahora mismo.
Debo parecer una loca y estar desmoronándome un poco, porque Travis se apiada de mí, se acerca y me abraza. —Vas a ser tío —susurro.
—Todo saldrá bien —me asegura, y luego se apoya en el lavabo—. De alguna manera, resolveremos todo esto.
Asiento, deseando creerle y deseando que fuera fácil. Pero va a ser durísimo y siento que estoy a punto de perder no solo a mi hermano, sino también a Luke. Respiro hondo para calmarme y tiro el palito a la basura.
Todo había sido tan perfecto y ahora se me desmorona.
—Perdona por haber sido tan gilipollas últimamente —dice Travis—.
De verdad no había pensado en toda la presión que has tenido con todo este asunto.
Y, Ror, me cae realmente bien Luke. Creo que eso también lo ha hecho más difícil.
Sé que te he puesto en la peor situación posible.
Veo lo mucho que te importa y si decides no pedirle que pierda la pelea, lo entenderé.
Se me queda la boca abierta. Esas eran las últimas palabras que esperaba oír de mi hermano. —Pero entonces Nico irá a por ti.
—Es mi problema, no el tuyo. Voy a tener que lidiar con él y aceptar las consecuencias.
—No si eso significa que vas a morir. Te necesito, Trav. No puedo perderte a ti también. —El escozor de las lágrimas me quema los ojos y lucho por contenerlas.
—Ahora también tienes que pensar en el bebé. No puedo pedirte que arruines todo con Luke porque yo le debo dinero a Nico. He sido un egoísta de cuidado, Ror. Pero voy a hablar con él y ver si podemos llegar a algún tipo de acuerdo.
Nunca me había sentido tan orgullosa de mi hermano y el corazón se me llena de un poco de esperanza. Tal vez Nico acepte algún arreglo y podamos fingir que ni siquiera había considerado pedirle a Luke que perdiera la pelea con Enzo.
O quizá todo sean ilusiones.
Travis me da un beso en la mejilla. —Vuelvo enseguida.
—¿Vas a ver a Nico ahora?
Asiente. —Cuanto antes aclaremos esto, mejor, ¿no?
—Ten cuidado.
—Lo tendré. Nos vemos en un rato.
Dios mío, estoy tan nerviosa por Travis, pero no puedo hacer nada más que esperar a saber qué ha pasado. Tengo el corazón en la garganta durante las dos horas siguientes y cuando aún no ha vuelto a casa, empiezo a asustarme y a imaginar todo tipo de cosas horribles.
Se está haciendo tarde, ya me he duchado y ahora estoy esperando abajo en el sofá, con la pierna dando saltitos, incapaz de concentrarme en lo que sea que estén poniendo en la tele.
Sé que Luke ha salido con su mejor amigo Vince, así que no espero saber de él hasta más tarde.
Me ha contado todo sobre Vince, que es policía, y que su mujer Cara acaba de tener un bebé.
¿Por qué la vida de algunas personas parece tan normal y yo estoy aquí colgando de un hilo?
Justo cuando estoy a punto de llamar a Travis, oigo que llega su moto. Oh, gracias a Dios. Me levanto del sofá y corro hacia la puerta principal, abriéndola de golpe. El corazón se me hunde cuando se quita el casco y veo sangre. Mucha sangre. Oh, no.
Estoy a medio camino hacia él cuando Travis y la moto se desploman al suelo.
—¡Trav! —grito y corro hacia él—. Oh, Dios —murmuro al ver su cara y chaqueta ensangrentadas.
Está hecho un desastre y extiendo la mano para ayudarle a levantarse.
Con las piernas temblorosas y la cara destrozada, levanta la mirada e intenta sonreír a través del dolor.
—Dijo que no hay trato —masculla Travis y luego escupe sangre.
Le agarro del brazo y le ayudo a levantarse. Rodéandole con un brazo, le guío hacia la casa. —Venga, vamos a limpiarte.
—Lo intenté, Ror. De verdad que lo intenté.
—Shh. No pasa nada.
Una vez dentro, cierro la puerta con llave y ayudo a mi hermano a subir las escaleras. Paso la siguiente media hora limpiando sus cortes y heridas lo mejor que puedo.
—Creo que te han roto la nariz, Trav —le digo. El maldito hueso está torcido y no deja de sangrar. Travis tiene pañuelos metidos en ambas fosas nasales y no me deja tocarla. —Vas a tener que recolocarla. Volver a ponerla en su sitio.
Me responde con un gemido nasal.
—¿Quieres que lo intente yo?
—¡No! —Con un gemido de sufrimiento, respirando por la boca, levanta las manos y presiona ligeramente las yemas de los dedos a los lados de la nariz.
—Solo haz un movimiento rápido —digo.
—Ni de coña —dice mientras aprieta la mandíbula—. Duele demasiado.
—Espera, déjame buscarlo en Google. —Cojo el móvil y veo dos llamadas perdidas y un mensaje de Luke.
Tendrá que esperar, pienso, y busco qué hacer con una nariz rota.
Ojeo unos párrafos y averiguo qué podemos hacer.
—Vale, sigue inclinado hacia adelante para que la sangre no baje por la garganta.
Vamos a taponarte la nariz con gasas y luego tendrás que ponerte hielo.
¿Seguro que no quieres recolocártela manualmente?
—Totalmente seguro —dice con voz seca—. Puede quedarse torcida.
—Vale, pues vamos a darte calmantes y hielo. Tendrás que aplicarte compresas frías al menos cuatro veces al día durante las primeras 24 a 48 horas para reducir la hinchazón.
Mientras Travis se toma las pastillas, bajo y cojo una bolsa de coliflor congelada.
Servirá por ahora mientras lleno bandejas para hacer más hielo.
Vuelvo a subir corriendo y entro en su habitación, donde está tumbado en la cama con un montón de gasas metidas en las fosas nasales.
Envuelvo las verduras congeladas en un paño de cocina y se lo doy.
—Toma. Déjalo ahí al menos 20 minutos.
—Gracias, Ror. —Coloca con cuidado la compresa fría sobre la nariz y deja escapar un suspiro tembloroso—. No sé qué haría sin ti.
—Lo mismo digo.
—Vaya par que hacemos, ¿eh?
Le respondo con una sonrisa triste y desearía que nuestros padres aún estuvieran aquí. Ellos sabrían exactamente qué hacer y cómo manejar la situación. Pero estamos solos y, por lo que se ve, la estamos pifiando bastante.
—Descansa. Vendré a verte dentro de un rato. —Mientras camino hacia la puerta, atenuo las luces y echo una última mirada a mi hermano. Elevo una oración silenciosa y espero que todo se solucione.
De vuelta en mi habitación, escucho los mensajes de voz de Luke y luego abro su mensaje: Hola, ángel. Solo me pasaba a ver si estabas bien, ya que no coges el teléfono. ¿Todo bien?
No, Luke. Todo está lejos de estar bien, pienso. Pero no puedo decírselo, así que le respondo con un emoticono sonriente y le digo que el timbre estaba sin querer en silencio.
Voy a pasarme mañana por la tarde para robarte un rato, me escribe.
No tengo ni idea de qué está planeando, pero es inevitable que lo estropee. Porque mañana tengo que hablar con Luke de todo: de la implicación de Travis con Nico, de pedirle que pierda el combate más importante de su carrera y, como guinda del pastel, decirle que va a ser padre.
Dios mío, ayúdame.