4 Luke
LUKE
Toda la noche, no puedo evitar pensar en lo que dijo Vince: Vas a romperle el corazón a la pobre Rita.
Me duele pensarlo porque lo único que quiero es la felicidad de mi madre.
Pero, en algún momento, también tengo que protegerme a mí mismo.
Vince tiene razón: Nikki me destrozó. Por primera vez en mi vida, creí que me estaba enamorando y que había encontrado a alguien con quien compartir el futuro y, tal vez, incluso formar una familia algún día.
Pero ella lo quería todo a toda velocidad y yo no podía adaptarme a eso.
Mis sueños domésticos se vinieron abajo cuando comencé a escuchar los rumores.
Murmullos de que Nikki salía con otro. Especulaciones de que me estaba siendo infiel.
Cuando la confronté, lo admitió. Dijo que ya no estaba enamorada de mí y que pasaba demasiado tiempo entrenando.
Que me importaba más el MMA que ella y que necesitaba algo más.
Tenía razón. No podía darle lo que necesitaba, que era tiempo y atención.
Mirando atrás a nuestra situación, sé que es mejor que hayamos seguido caminos separados, pero eso no lo hace más fácil.
Me sentí como un maldito idiota. Saber que mi chica buscó a otro para acostarse porque yo estaba demasiado centrado en mi carrera.
Honestamente, nada ha cambiado. Solo que ahora soy lo bastante inteligente para mantener las cosas casuales.
Cuando llega la mañana, salgo a correr para calentar y luego como algo de fruta y cereales.
Después, me dirijo directamente al gimnasio para encontrarme con Scotch.
Me pone a prueba y me entrena a fondo. En mi descanso de media tarde, estoy sentado fuera refrescándome, mirando el móvil, cuando me llega un mensaje.
Es de mi madre y lo abro: Hola, cariño. Voy a hacer tacos esta noche, no olvides que vienes a cenar después del entrenamiento. ¿Cómo te va?
No lo he olvidado, respondo. Estaré muerto de hambre para entonces y me comeré todo lo que pongas en la mesa. Va bien…
Mi madre se preocupa porque me exijo demasiado, pero en un deporte tan competitivo como el mío, es la única opción. Solo llegaré a la cima si soy el mejor.
Scotch está especialmente gruñón hoy y me somete a un entrenamiento muy duro.
No sé qué le pasa y estoy acostumbrado a su mal humor habitual, pero hoy está en racha.
Estoy listo para terminar, pero me ordena que dé diez vueltas al gimnasio primero.
Sé que es mejor no discutir, así que echo a correr y de repente me doy cuenta: mañana es su 60 cumpleaños.
Ajá. Así que ese es el problema. El viejo gruñón va a ser realmente viejo.
—Acelera el paso —gruñe.
Sonrío mientras paso a su lado y le levanto el dedo.
Mientras hago las vueltas, pienso en qué podría regalarle.
No va a querer que se haga un drama ni una fiesta ni nada por el estilo.
Pero tengo que hacer algo. Scotch lo ha sido todo para mí desde que murió mi padre biológico y le estoy agradecido no solo por ayudarme, sino también por salvarme la vida.
Mi padre tenía apenas 42 años cuando sufrió un infarto y falleció.
Estaba ahí un momento y literalmente desapareció al siguiente.
Yo tenía 18 y estaba pensando en mudarme con Vince cuando salí y lo vi tendido en el jardín, sin moverse y sin responderme.
Es suficiente para joder a un crío. Desde luego que a mí me jodió.
Mis padres tenían un buen matrimonio, así que perder a mi padre fue un golpe increíble para mi madre. Cayó en una depresión profunda y fue mi trabajo ayudarla. Al final no me mudé con Vince, sino que me quedé con ella y superamos el duelo juntos.
Sin embargo, en aquel momento no supe llevar bien la pérdida y empecé a portarme mal.
Fue entonces cuando comencé a pelear. Claro que no tenía ninguna habilidad, cero técnica ni idea de lo que hacía— solo empezaba peleas y lanzaba puñetazos, intentando de alguna manera aliviar el dolor que sentía por dentro.
Tras meterme en una pelea callejera un día, me di cuenta de que me había buscado problemas con los tíos equivocados cuando empezaron a machacarme contra el asfalto.
No fue difícil ver que tenían algún tipo de formación en artes marciales y, después de darme una paliza de campeonato, recuerdo que me quedé tirado en la acera, aturdido y sangrando, cuando Scotch se acercó tranquilamente.
Me ayudó a levantarme y luego me soltó un sermón por buscar peleas con desconocidos, ya que había presenciado todo el enfrentamiento.
Sí, era un idiota y lo admití.
Uno de los tipos me había roto la nariz—que hasta el día de hoy sigue un poco torcida—y Scotch me llevó a su casa y me ayudó a limpiarme. No quería volver a casa con la camisa empapada de sangre, así que incluso me prestó una camiseta suya vieja que ponía "Army" en el pecho.
Algo hizo click entre nosotros ese día y al día siguiente volví para devolverle la camiseta.
Acabamos hablando y, después de contarle lo de la muerte de mi padre, me tomó bajo su protección.
No sé si fue su intención o no, pero se abrió un poco conmigo.
Supe que él también había perdido a su padre siendo joven y que sabía artes marciales mixtas.
Me contó que lo había aprendido de un amigo suyo, de sus tiempos en el ejército.
Inmediatamente le pregunté si podía enseñarme, pero dudó.
—No voy a enseñarte a darle mejor a la gente— me dijo.
—No es por eso que quiero aprender— le respondí.
—¿Entonces por qué quieres aprender MMA?
Vacilé, sin saber cuánto revelar, pero al final me decidí por la verdad. —Necesito algo en lo que concentrarme aparte de que mi padre haya muerto y mi madre esté triste. Necesito algo para mí. Que me ayude a superarlo.
Empezamos a entrenar ese mismo día y tenía un don.
No importaba qué disciplina me enseñara, lo pillaba rápido y me sumergía en aprender las técnicas.
Y me encantaba, joder. Durante cinco años, aprendí boxeo, lucha libre, judo, karate, jiu-jitsu brasileño y muay thai.
Cuando cumplí los 23, decidí que quería ser un luchador profesional y, durante los últimos cinco años, he perfeccionado mis habilidades casi hasta la excelencia.
Diez años atrás, un par de gamberros que sabían algo de karate me dieron una paliza de muerte.
Ahora soy un atleta altamente entrenado a punto de fichar por una organización profesional.
En cuanto Scotch organice el combate, por fin tendré la oportunidad de demostrarme a mí mismo y a todos lo bueno que soy y por qué merezco estar en esa jaula de cadena negra luchando contra los grandes nombres y ganando un pastón.
Tras las vueltas, Scotch me despide con su habitual mal humor y me dice que me verá por la mañana. Viejo cascarrabias. Dios, cómo le quiero.
De camino al coche, me siento cansado como siempre después de un día de entrenamiento, pero también como si me hubiera excedido.
Hay una molestia profunda en los músculos y, como no pienso darme un masaje esta noche, probablemente tendré que sufrir el temido baño de hielo.
Por horribles que sean, los baños de hielo reducen la inflamación y mejoran la recuperación al cambiar el flujo de sangre y otros fluidos en el cuerpo.
Sentarse en agua fría hace que los vasos sanguíneos se contraigan y, al salir, se dilatan.
Este proceso ayuda a eliminar los desechos metabólicos después del entrenamiento.
Jodido Scotch. Castigándome porque mañana se convierte en un viejo chocho.
Con una risita, aparco mi Mustang en la acera frente a la casa de mi madre. Es mucho más pequeña de lo que me gustaría, pero a ella no parece importarle. Aun así, planeo comprarle algo mucho más grande y lujoso después de cobrar mi primer cheque de la UFC.
Uso mi llave para abrir la puerta principal y mi madre asoma la cabeza desde la esquina.
—¡Hola, cariño! Ven a ayudarme con estos platos.
Entro en la cocina y le quito un par de fuentes de las manos mientras me inclino para besarla en la mejilla. —Huele delicioso— digo, oliendo el aire. —Y me muero de hambre.
—Siempre te mueres de hambre— dice mientras agarra un bol de lechuga y otro repleto de queso rallado.
Entramos al pequeño comedor y dejo la carne sazonada y los tomates sobre la mesa. —Es porque Scotch me trabaja como a un perro.
—Más te vale tener cuidado— dice y desaparece de nuevo en la cocina. —No querrás lesionarte.
—No me digas— mascullo mientras me dejo caer en una silla.
Vuelve al momento y deja una bandeja llena de tacos calientes. —Come, Luke. Seguro que he preparado demasiado.
—No te preocupes —digo mientras sirvo una cucharada generosa de carne en una tortilla—. Yo me encargo.
Mi madre se ríe y yo alzo la vista y sonrío. Puede que tenga cincuenta y tantos, pero sigue siendo tan guapa como siempre. Los dos tenemos el pelo castaño, aunque el suyo ahora tiene algunos hilos plateados, y también compartimos esos mismos ojos azules intensos, del color del cielo en verano.
Después de llenar la tortilla hasta que casi se desborda, me la como en tres bocados. —Mamá, necesitas tortillas más grandes.
—Madre mía. Supongo que sí.
Me limpio la boca, bebo un trago de agua y vuelvo a amontonar otra tortilla hasta las nubes. —Scotch cumple 60 mañana. ¿Se te ocurre algo que podría regalarle?
Ella inclina la cabeza. —No querrá ningún gesto exagerado.
Asiento, completamente de acuerdo.
—Le gustan los dulces, ¿verdad? ¿Qué tal unos postres polacos?
Interrumpo la masticación. —¡Es una idea buenísima! Siempre se queja de que echa de menos los postres polacos. ¿Pero dónde puedo conseguirlos?
—Hay una panadería en la Sexta que tiene algunas cosas polacas... Creo que la última vez que estuve allí tenían chrusciki y babka.
Asiento, lo apunto mentalmente y me meto otro taco en la boca.
—Y... ¿qué tal va todo lo demás? —pregunta, intentando sonar despreocupada.
Pero noto ese tono en su voz, así que finjo no saber exactamente a qué se refiere. Aunque estoy bastante seguro de que estamos a punto de entrar en una conversación sobre mi falta de relación sentimental.
—Genial. Espero que el combate se programe pronto y que Dan Black esté allí. Pienso impresionarle de lo lindo. Hacerle rogar que firme su contrato con la UFC.
—Estoy muy orgullosa de ti —dice—. Pero trabajas demasiado. Quizá deberías tomártelo con más calma, incluso irte de vacaciones.
Me río. —Mamá, por favor. Ni hablar. Estoy demasiado cerca de conseguir todo lo que siempre he querido.
—No dudo que lo conseguirás, Luke.
—Gracias. Así será.
—Y... ¿en otros frentes? —pregunta con cuidado—. ¿Algo, o alguien, nuevo que deba saber?
Contengo un suspiro y bebo otro largo trago de agua. —Mamá, sabes que estoy demasiado ocupado entrenando para salir con alguien.
—Lo sé —responde rápidamente—. Pero a veces las cosas no salen exactamente como las planeas. Y eso pasa especialmente con el amor. Simplemente sucede.
—¿Amor? ¿De qué hablas? Estoy en el gimnasio todo el día, cada día. ¿Cuándo se supone que voy a conocer a alguien, y mucho menos enamorarme?
—Bueno, ese es precisamente mi punto —dice con delicadeza—. Si no hay chicas agradables en tu gimnasio... —Arquea una ceja inquisitiva y yo niego con la cabeza—. Entonces tienes que sacar tiempo. Ya sabes, salir y encontrarla.
—¿Y si no existe?
—Claro que existe. ¿Por qué dices eso?
—Pues... aún no la he conocido.
—Pero la conocerás. Lo sé.
—Está bien, mamá. No estoy seguro de que esté hecho para todo eso, de todas formas.
—¿Para todo qué? —pregunta.
—El matrimonio y la familia —digo, y en el momento en que las palabras salen de mi boca, veo cómo se le cae la cara—. Lo siento, pero es la verdad. Tampoco creo que fuera muy bueno en eso.
—Eso no es cierto —replica—. Luke Ryder, serías un marido y un padre excelente. No te infravalores. Sabes que cualquier cosa que te propongas, la consigues con creces.
—Vale, quizá es que no me interesa —digo lentamente, intentando darle la noticia de una vez. No quiero disgustarla, pero tiene que saberlo—. Tengo otros planes, mamá. Quiero tener una carrera exitosa para poder sacarte de aquí. Comprarte una casa nueva, grande y bonita en un barrio mejor.
Frunce el ceño. —Soy feliz aquí, rodeada de todos los recuerdos de ti y de tu padre.
Dejo la servilleta y frunzo el ceño. —Eres demasiado sentimental. Este sitio no es lo bastante bueno para ti.
—Es perfecto para mí —insiste—. Y, mientras vengas a verme, no me importa vivir en una choza diminuta de una sola habitación.
Dejo escapar un suspiro. —A mí sí me importa, y te voy a comprar una mansión y te va a encantar.
—Y un día vas a conocer a una mujer que te hará creer en el amor.
Arqueo una ceja, pero no me molesto en decir nada. No contengas la respiración, mamá, pienso.