Sálvame de tiempo. EL NUEVO DÍA
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EL NUEVO DÍA

Me desperté confuso, sudando. Tenía un calor horrible. Miré a mi lado y allí estaba Helena, mirando el teléfono.

—¿Dónde está Paty? —pregunté.

Helena dio un respingo y se le cayo el teléfono al suelo. Se echó a correr hacia la puerta y cuando entró el el salón gritó.

—¡Se está despertando!

En ese momento la casa comenzó a hervir. Se empezaron a escuchar pasos y murmullos que se acercaban. La primera en entrar fue Paty, con el pelo enmarañado; parecía venir de dormir. Se acercó corriendo a la cama y me dio un abrazo que casi me hacía daño.

—Arturo. Te has despertado. No sabes el miedo que pasé. Pensé que te iba a perder y no te volvería a ver —me dijo susurrando al oído.

Luego se separó un poco y dijo.

—Estás sudando.

—Sí, tengo un calor terrible.

Entonces se abalanzó otra vez sobre mí, me agarró la cara y me dio un beso breve en los labios antes de apartarse.

Entonces, vi en el fondo de la cama a Mina, João y Helena. Todos parecían estar contentos y radiantes. De hecho, estaban contentos y radiantes. Los miré extrañado y volví a mirar a Paty. La chica abrió ligeramente la boca y entonces los miró a ellos.

—¡Oooh! Ahora lo entiendo —dijo en un susurro.

—¿Qué pasa? —preguntó Helena.

Nos quedamos todos en silencio. Entonces fui yo el que respondí.

—Ahora puedo sentir vuestras emociones y estados de ánimo también.

João, Helena y Mina me miraron con extrañeza y luego a Paty.

—¿Tú lo sabías? —le preguntó Mina a Paty.

—No, me acabo de enterar ahora cuando pude percibir también vuestras emociones a través de él. Es todo nuevo para mí. —Hizo una pausa y entonces continuó, pero hablando más para ella que para los demás.—Así que ese es tu don. No era por ser espejos. Y ahora, al convertirte, los compartimos…

Se volvió a quedar callada y pude notar como una sensación de darse cuenta se apoderaba de ella justo antes de preguntar.

—¿Puedes escuchar sus pensamientos? —me preguntó.

Negué con la cabeza.

—Aparte de sentir sus emociones no percibo nada mas.

—Que raro… —dijo Paty meditativa.

Entonces habló Helena.

—Es que todavía no os habéis completado.

Todos miraron a Helena con extrañeza, excepto João.

—Es cierto —confirmó el hombre—. Paty ha tomado la sangre de Arturo. Pero él no tomo la de ella.

Entonces todos nos miraron a Paty y a mí y se quedaron en silencio.

—Pero no tiene por qué ser ahora —dijo Paty.

—Es tan buen momento como cualquier otro —rebatió Helena—. Además, tiene que hacer su primera ingesta. Lleva cuarto días sin comer nada. Tiene que estar exhausto. Mírale la cara, está mas muerto que vivo.

La verdad es que yo estaba agotado. Me encontraba muy débil, todavía con malestar y la cabeza abombada. Pero lo peor era la sed. Tenia la garganta seca y la boca pastosa.

—Lo que me mata ahora es la sed.

—Normal —dijo Mina—. Te traigo ahora algo enseguida.

—No, deja, si tengo agua aquí —dije mientras me estiraba para coger el vaso de encima de la mesilla.

Mina se rió ligeramente.

—Cariño, la sed que tú tienes no la vas calmar solo con agua. —Y se fue por la puerta.

Los demás allí presentes también parecían divertidos con aquello. Entonces caí en la cuenta de lo que pasaba y ya me estaba temiendo lo siguiente.

—Efectivamente —dijo Paty con usa sonrisa entre pícara y divertida.

Hacía mucho que no la notaba con ese carácter y de ese humor para hacerme esas bromas pícaras y con intención de pincharme.

Mientras Mina no volvía, me incorporé en la cama, tome el vaso de agua y me bebí lo que quedaba.

Era cierto que, a pesar de refrescarme la boca, la sed seguía.

Pero no era una sed habitual. La sensación era de sed mezclada con hambre y necesidad de algo.

Algo que no acababa de identificar aunque, en mis adentros, creía saber lo que era.

Paty, a mi lado, me miraba con una mezcla de diversión y ternura.

Me quedé un momento pensativo y entonces, me di cuenta de que seguía sudando. Sentía mucho calor aún y notaba la ropa y la cama húmedas cuando me movía y circulaba el aire.

Entonces llegó Mina con un vaso lleno de un liquido negruzco que emitía destellos rojizos con la luz de la lámpara. Se acercó y me lo dio.

—Toma. Bébetelo todo, te sentará bien —dijo Mina.

Agarré el vaso y lo sostuve entre las manos, observando las ondas en la superficie de aquel líquido viscoso.

—Venga, sé que la primera vez da impresión, pero te va a gustar —apostilló Helena.

Yo seguía sosteniendo el vaso sin saber muy bien qué hacer. Entonces Paty se sentó a mi lado en la cama. Tomó el vaso de mis manos sin previo aviso y le dio un trago.

—¿Ves? Está buena. Tienes que tomártela, tu cuerpo la necesita y ya verás que rápido te recuperas.

—Ya, pero es que me da cosa.

Mientras decía esas palabras no podía parar de fijarme el los labios enrojecidos de Paty y como sus dientes estaban teñidos. Entonces, sin previo aviso otra vez, se lanzó hacia delante y me dio un beso en los labios, manchando los míos con la sangre que había en los suyos.

—¿Por qué hiciste…?

Entonces, al hablar, la lengua tocó la sangre de los labios. La sensación que sentí en ese momento fue indescriptible. Una mezcla de avidez, satisfacción y un gusto delicioso se apoderaron de mí. Paty, notando eso, me ofreció el vaso, el cual tomé en mis manos.

Esta vez no dudé y, cerrando los ojos por la impresión que todavía me daba, empecé a beber.

La sensación que sentí antes se multiplicó.

Un placer inmenso se apoderaba de mí mientras disfrutaba de cada trago, que me parecía delicioso.

En aquel momento recordé todo el placer que había sentido a través de Paty el día que, en sueños, había estado conectado a ella mientras se alimentaba.

Me acabé el vaso y lo dejé encima de la mesilla junto al otro. Ahora solo quedaba un resto rojizo en el vidrio que se iba depositando poco a poco en el fondo.

—¿Lo ves? Así fue más fácil —dijo Paty riéndose, divertida—. Solo te faltaba probarla.

—¿Y ahora? —pregunté—. ¿Qué va a pasar?

—¡Uy! —se sorprendió Helena—. Aún no has dado tu primer paso como vampiro y ya preguntas que va a pasar. Tómatelo con calma, todo a su tiempo. Además, tiempo es lo que te sobra ahora —terminó con un tono humorístico.

—No te preocupes ahora por eso —continuó Mina—. Lo primero es que te recuperes. Luego ya iremos dando los pasos que haya que dar.

—La reglas de la vida para ti han cambiado —dijo Paty a mi lado—. Pero nosotros estamos aquí para ayudarte. Ahora sí que ya eres un miembro del clan de pleno derecho.

Entonces intervino João.

—Dejémoslo descansar. Tiene que recuperarse y no lo hará si estamos aquí todos. Ahora ya te puedes quedar solo. Yo me tengo que marchar unas horas pero aún así, siempre habrá alguien por casa.

—Yo también me tengo que ir. Ya llego tarde —anunció Helena.

—Bueno, pues te dejamos tranquilo —dijo Mina—. Más tarde te traeremos un poco más de beber.

—Eso me recuerda que… —empezó a decir Helena.

—Sí, pero luego —cortó Paty—. Luego se tomará mi sangre.

Miré a Paty con una mezcla de extrañeza.

—Nos tenemos que completar. No hay razón para retrasarlo más. Ahora ya eres uno de los nuestros —dijo encongiéndose de hombros.

El cambio de actitud de Paty me llamaba la atención. Estaba mucho más decidida y parecía muy segura. No había rastro de las dudas y reticencias que había tenido días antes. Parecía decidida a abrazar su destino y disfrutar de su vida sin miedos.

Todos asintieron a las palabras de Paty y se fueron del cuarto dejándome solo.

—Hasta luego —se despidieron.

—Hasta luego —respondí.

Me quedé solo en la habitación y me volví a acostar.

Seguía sintiendo un calor terrible, así que eché las mantas al fondo de la cama y me tapé solo con la sábana.

Me encontraba mucho mejor, ya no tenía malestar, no me dolía nada en el cuerpo, tampoco las muelas ni la cabeza, que parecía que la tenía mucho más lúcida.

Quizás más de lo habitual. Me encontraba mejor que nunca y, desde luego, más fuerte.

No había punto de comparación con como había estado últimamente.

Todo parecía estar perfecto, excepto por el calor sofocante que me hacía sudar.

Estuve un rato estirado en la cama hasta que, sin darme cuenta, me dormí.