Sálvame de tiempo. DESPEDIDAS
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DESPEDIDAS

Las semanas fueron pasando. Al principio todo seguía igual.

Pero a partir de la tercera semana comenzó a aparecer un malestar constante que ya nunca remitía y un cansancio cada vez más notable.

Un día, mirándome en el espejo, me di cuenta.

Estaba más demacrado y empezaba a tener unas ojeras notables.

Darme cuenta de aquello me hizo ser más consciente de que aquello no era ninguna broma y de que mi sino, estaba escrito.

Me encogí y me sentí la cosa mas insignificante del universo.

Era una marioneta sin capacidad de acción o decisión alguna.

Quería revelarme contra eso, pero no podía hacer nada.

El pánico y la desesperación me inundaron. No estaba preparado para morir.

¡Quiero vivir! —exclamé con lágrimas en los ojos en un grito mental mudo.

Tardé un rato en recomponerme mínimamente para poder recuperar una minúscula voluntad de arreglar todo y poder despedirme.

Cogí el teléfono y avisé a Vasilli y Katerina. Hacía un tiempo que no nos veíamos y quería despedirme de ellos también. Tenía buenos recuerdos suyos y era justo no desaparecer sin más. Acordamos de quedar dentro de dos días, que era sábado, en una cafetería cercana.

Luego llamé a la casera. Teníamos que rescindir el contrato y entregarle las llaves. Acordamos dentro de dos semanas que vendría para firmar todo y entregárselas. Ya había mirado los billetes de vuelta también.

Y, finalmente, llamé a mis tíos. Todavía no me había puesto en contacto con ellos desde que había recibido la noticia. Respondió mi tía.

—Hola Arturo. ¿Qué tal todo? Hace mucho que no nos llamas.

—Hola. Pues todo más o menos —comencé—. Resulta que han cancelado el proyecto y estoy en el paro.

—¡Oh! Vaya. Lo siento, pero no pasa nada. Enseguida vas a encontrar algo, ya verás. Estás muy bien preparado y se van a pelear por ti.

—Bueno. En realidad estoy pensando en volverme a casa en unas semanas. No me está saliendo nada y la verdad es que me apetece descansar un poco.

No estaba preparado para contarles la verdad. Y menos por teléfono.

—Bueno, si quieres sí. Nosotros estamos encantados de tenerte de vuelta. ¿Seguro que estás bien?

Me quedé en silencio un momento para tratar de aguantar el tipo, pero mi tía lo notó

—¿Arturo?¿Estás bien?

—Sí, sí. Es que me afectó todo eso un poco y estoy algo alicaído. De verdad que necesito el descanso y me hará bien volver a casa una temporada.

—Sabes que cualquier cosa puedes contármelo. Si necesitas dinero o algo.

—No, tranquila, por eso me voy arreglando de momento.

—Bueno. ¿Y cuando vuelves?

—Si todo va como está previsto, en dos semanas salgo para ahí. De todas formas ya os avisaré unos días antes.

—Perfecto. Aquí te esperamos, y no te preocupes cariño, todo va a salir bien.

—Sí. —Hice una pausa—. ¿Cómo estáis vosotros?

—Nosotros bien. Yo sigo con mis cosas, el súper parece que va mejor esta última temporada, tuve que contratar un par de personas. Y tu tío… ya sabes, sigue en la ferretería, se va a morir allí. No quiere jubilarse y disfrutar un poco. Siempre ha sido muy cabezón.

—Me alegro que todo siga igual. Entonces ya vamos hablado y os iré dando noticias. Voy a seguir con las cosas por aquí.

—Sí. Hasta luego Turito.

—Ciao.

Colgué el teléfono con las lágrimas corriendo por mi cara hasta las comisuras de la boca en silencio. Allí se acabo la conversación por aquel día.

Por la tarde hablé con Paty por mensajes de texto.

Apenas cambiábamos unos mensajes una vez o dos al día para saludarnos y desearnos un día tranquilo.

Los dos evitábamos hablar por texto de lo realmente importante.

Era el gran elefante en la habitación. Aunque finalmente tendríamos que acordar un día para reunirnos.

Ya tenía fecha para irme y quería despedirme de todos. Ahora ya de forma definitiva.

Pasaron los dos días y me reuní con Vasilii y Katerina. Llegué un poco tarde a propósito para que ya estuvieran los dos y poder soltar todo de golpe de primeras. Sin esperas ni tener que repetir.

—Hola —saludé.

Los dos se giraron. Por la cara que pusieron era evidente que me notaban cambiado. Enmudecieron y apenas acertaron a responderme el saludo.

Me senté en una de las sillas que había libres mientras ellos me observaban.

—Os he pedido de quedar porque hace ya un tiempo que no nos vemos.

Y, como veis, no estoy bien de salud. —Hice una pausa—.

No me voy a andar con rodeos. Tengo una enfermedad muy complicada y me quiero despedir de vosotros.

Me vuelvo a casa. Hemos vivido bastantes momentos juntos y os tengo en gran estima. Por eso no quería desaparecer sin más.

Los dos se quedaron callados. La situación desde luego les resultaría incómoda y delicada.

—Pero, ¿vuelves para hacer el tratamiento? —preguntó Vasilii.

—En realidad no hay tratamiento. No me voy a curar. Solo tengo el tiempo que aguante mi cuerpo.

Mi confirmación pareció impresionarlos.

—Lo siento mucho. No sé que decir. Solo podemos transmitirte nuestro cariño y ofrecernos para lo que necesites. Has sido muy buen compañero y amigo —habló ahora Katerina.

Vasilii asintió.

Nos quedamos otro rato callados hasta que dije.

—Bueno, solo quería deciros eso. Si os parece tomamos un café juntos y ya luego me voy.

Los dos asintieron. A partir de entonces la conversación se animó un poco y comenzamos a compartir recuerdos de nuestra etapa en HPower y de la anécdota del fallo del motor.

Luego Vasilii y Katerina hablaron de sus nuevos trabajos.

Los dos parecían estar contentos en sus nuevos empleos.

Especialmente Katerina que, en un momento que Vasilii se fue, me confesó que ya casi tenían pagada la deuda de su hermana.

Contaba saldarla en un año, y entonces la liberarían.

Los temas de conversación se fueron agotando de a poco y el silencio cada vez fue más presente en la reunión. Así que estimé que ya era momento de marcharse. Me puse de pie y anuncié.

—Bueno. Pues si os parece yo me voy a ir retirando

Entonces también ellos se levantaron.

—Os deseo la mejor de las suertes en esta nueva etapa de vuestras vidas.

Los dos asintieron.

—Yo también te deseo lo mejor, dentro de lo que nos has contado —respondió Vasilli con voz seria.

—Yo también —respondió Katerina—. Eres una gran persona. No lo olvides. Nosotros siempre te tendremos presente allá donde vayamos.

Asentí con la cabeza.

Entonces ambos me dieron un abrazo. Todos nosotros con los ojos brillantes por el momento.

—Adiós —me despedí.

—Hasta siempre —respondió Katerina.

—Adiós —dijo Vasilii.

Me di la vuelta y comencé a andar de regreso a casa. Iba cerrando las cuentas pendientes poco a poco.