Sálvame de tiempo. LOS HILOS DE LA PARCA
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LOS HILOS DE LA PARCA

Estuvimos los dos mudos, observando el bullicio de los niños y la gente por la calle hasta que yo rompí el silencio.

—No sé como empezar.

—No hace falta que digas nada. Lo estoy viendo todo —me cortó antes de que se le quebrara nuevamente la voz y se quedara en silencio con las lágrimas brillando en sus ojos.

—Sí hace falta. Quiero irme en paz.

—No digas eso, por favor —dijo con un susurro.

—Pero es la verdad. Solo quiero que sepas que te agradezco mucho todo y me alegro de que aparecieras en mi vida. Me has hecho feliz y has alegrado mis días. Es mucho más de lo que mucha gente ha hecho por mí y…

Hice una pausa dubitativo. Paty me miró y, sabiendo lo que yo estaba pensando me abrazó.

—Y te quiero —terminé al fin sin apenas voz de la tensión en la garganta.

—Yo también te quiero —respondió Paty sollozando de nuevo.

Nos quedamos un rato abrazados, con nuestras mejillas en contacto mientras nos estremecíamos al llorar. Casi en silencio, solo se escuchaban nuestras respiraciones y las exhalaciones estranguladas en nuestras gargantas.

Cuando nos calmamos un poco, nos volvimos a separar. Cogí su cara con mis manos y procedí a despedirme para irme a mi casa.

—Lo siento Paty. Siento no poder acompañarte más tiempo, quedarme más contigo y pasar largos años juntos. Pero el destino no me lo permite.

—No, pero no te despidas, no puedes irte aún. A lo mejor João aún tiene alguna idea. Es un gran médico.

—No deberíamos hacernos esperanzas que sean tan frágiles.

—Bueno, pero no darse por vencidos ya.

Nos quedamos en silencio otro instante.

—En fin, creo que me debo ir yendo a mi casa.

—Te llevo.

—Hoy no. No quiero que sea más doloroso. Me sería muy difícil despedirme de ti allí. Prefiero ir solo.

Nos miramos y las lágrimas nos humedecieron otra vez los ojos.

—Hasta luego, Paty. Nos volveremos a ver antes de que me vuelva a casa.

—Hasta luego, Arturo. Estaré contigo todo lo que pueda.

Entonces, nos despedimos con un beso tranquilo que duró un par de segundos. Luego, me levanté y me fui caminando cruzando el parque con la cabeza baja, sin valor a girarme a mirar. Notando los sentimientos melancólicos de Paty presionando en mi mente y mezclándose con los míos.