DESEO #2
—Sí, no puedo más —me salió sin apenas pensar.
Aquello a Paty pareció divertirla mucho. Y, del fondo de su ser, también notaba como aumentaba todavía más su deseo. Nuestras excitaciones se mezclaban en una suerte de niebla mental que nos envolvía como si estuviéramos borrachos el uno del otro.
Salimos a la calle y pedimos un taxi. Ninguno de los dos estábamos para conducir en ese momento. Durante todo el trayecto apenas podíamos contenernos. Nuestras mentes conectadas se realimentaban y las discretas caricias que nos dábamos por los muslos nos hacían casi enloquecer.
Por fin llegamos a casa, pagamos y fuimos a toda prisa hasta el portal.
Paty abrió, yo entré primero y luego ella detrás.
Iba a subir las escaleras cuando me agarró por el brazo y se abalanzó otra vez sobre mí.
Ahora sí ya no nos guardamos nada. Nos besamos intensamente mientras nos acariciábamos por todos lados.
Ella bajaba su mano desde mi mejilla, acariciando mi cuello con la punta de la uña haciendo algo de presión, para luego dejarla en mi pecho un momento y seguir por mi vientre hasta finalmente ponerla sobre mi zona íntima.
Yo estaba terriblemente excitado y notaba como también ella lo estaba y disfrutaba de la sensación de notar mi dureza.
Yo por mi parte hice lo mismo, desde su cuello acaricié con suavidad sus pechos mullidos, pasé mis dedos delicadamente por encima buscando su centro, bajé hasta su vientre y caderas para desviarme hasta sus hermosos glúteos y finalmente acabé también en su pubis, haciendo pequeños masajes.
Nos separamos un instante y puede ver en la penumbra el resplandor rojizo en sus iris.
A cualquiera le resultaría sobrecogedora aquella escena y, sin embargo, a mí me parecía de los más exótico y sensual en aquel momento.
Entonces fue ella quien retomó la marcha y empezó a subir las escaleras a toda prisa.
—Más despacio, que me tiras —me quejé entre risas.
—Venga, no te quejes tanto que tengo algo para ti —replicó bromista.
Subimos las escaleras y entramos en casa. Entonces me acordé de lo que hablamos en el bar.
—¿Nos damos un baño juntos? —le dije.
—Sí, vamos.
Entonces fuimos al baño y nos desnudamos mientras la bañera se llenaba de agua caliente.
Continuamos desnudándonos mientras nos besábamos y nos acariciábamos por cada centímetro de nuestro cuerpo.
Su cabello negro suelto y su piel suave me resultaban de lo más sensual mientras pasaba sobre ellos mi yemas con cuidado durante mis caricias que no descuidaban y no escatimaban en mimos a las partes suyas que más placer le daban a ella y más me erotizaban a mí.
Mientas tanto, ella seguía acariciando con delicadeza y a veces con toques más intensos mi cuello, mi espalda y mi pecho.
En mi pecho parecía encontrar algo que realmente le gustaba.
Podía notarlo mientras detenía sus manos en mis pectorales, jugaba con mi bello y seguía con sus dedos la línea que bajaba hasta mi ombligo.
A partir de allí, ya no se podía bajar más.
Estábamos tan cerca que nuestro contacto era total.
Otra vez las sensaciones se mezclaban y las de uno reforzaban las del otro.
El contacto de nuestras caderas, el roce de nuestros pubis y el contacto de nuestros sexos al estar el mío entre sus muslos era un éxtasis como nunca antes había sentido, al punto de notar descargas que me recorrían toda la espina dorsal.
Se llenó a medias la bañera y nos metimos en ella.
Paty se recogió el pelo y se sumergió hasta el cuello mientras me hacía señales con las manos para que me acercara a ella.
Me metí en la bañera y, aunque la temperatura del agua era realmente elevada, casi al punto de quemarme, me acerqué y me tendí sobre ella mientras seguíamos nuestro ritual de besos y caricias.
Estuvimos así un buen rato. Nuestras pieles mojadas resultaban más suaves al deslizamiento y eso daba otro matiz a las caricias. Realmente estábamos disfrutando del contacto y yo, incluso podía empezar a distinguir las sensaciones que producía en ella cada contacto conmigo.
—Creo que ya está —dijo luego de unos minutos.
Nos salimos del agua y cogimos dos toallas, nos secamos y fuimos envueltos en ellas hasta la habitación.
Allí ya nos quedamos completamente desnudos uno frente al otro.
Su pelo, ahora recogido mostraba su cuello fino que me resultaba muy atractivo.
Sus ojos escarlata destacaban en su rostro que irradiaba pasión y su figura femenina me hacía perder la cabeza.
Por su parte, notaba como mi pecho y mis hombros anchos en el conjunto de mi figura le resultaban seductores y, como las proporciones de mi rostro le parecían muy atractivas.
Entonces nos volvimos a juntar y nos dejamos caer en la cama. Esta vez si la notaba cálida al tacto. La sensación de frío había desaparecido por completo y entonces, sin esa distracción, pude notar como su piel era tremendamente lisa. Más que ninguna que jamás hubiera tocado.
De un movimiento rápido, ella se puso encima de mi a horcajadas para luego cargar todo su peso encima de mi pecho, me encantaba esa presión y su calor.
Podía notar al mismo tiempo sus pechos contra mis pectorales y mis pectorales y mi vello acariciando sus pechos, era una sensación extremadamente intensa.
A ella también parecía extrañarle y, como a mí, le resultaba una sensación muy estimulante e intensa.
—Nunca lo había sentido así —me susurró al oído—. Es como un espejo infinito.
—Sí, supongo que al yo poder percibir también lo que tu sientes, es más intenso.
Entonces puso cara fiera y dijo.
—Vamos a ver cómo de intenso puede ser.
Entonces se irguió algo y se dejo bajar sobre mí, que ya estaba completamente dispuesto.
La sensación que vino después fue inexplicable.
Los dos gritamos de placer de las sensaciones que sentíamos al unísono.
Podíamos notar como ella me abrazaba con su intimidad y me presionaba en la mía, y al mismo tiempo, como yo ejercía presión en ella y me abría camino dando una sensación de plenitud mientras ella se acomodaba a mi tamaño.
Comenzamos entonces a movernos rítmicamente con movimientos de vaivén acompasados, mientras nuestras sensaciones se mezclaban.
De mi parte le llegaba el enorme placer de notar como su pubis tocaba contra mis ingles mientras su cuerpo me abrazaba y se me llevaba entero a sus adentros.
Y de la suya, yo notaba toda su excitación y la sublime sensación de engullirme entero hasta hacer contacto conmigo, mezclado con las sensaciones internas de notarme dentro de ella y la tensión de notarse plena y estirada en sus partes íntimas.