Sálvame de tiempo. UN PLAN TRANQUILO
69%

UN PLAN TRANQUILO

El jueves finalmente llegó. Eran las cuatro y media cuando Helena me mandó un mensaje:

“Voy a salir para ahí, mándame la ubicación”

Le contesté confirmando que ya estaba listo y le adjunte la ubicación.

Recogí el colgante de Paty, que había envuelto en papel de regalo, y lo metí en una bolsita de papel que tenía en casa.

A las cinco menos diez bajé a la calle a esperar que llegara Helena. Me puse a dar pequeños paseos por la acera mientras seguía con mis pensamientos, contemplando el entorno, la gente y el cielo. Hacía un día precioso.

Entonces, un coche aminoró la marcha, miré para él. No lo reconocía. Se paró a mi altura, bajó la ventanilla y el piloto se estiró hacia el asiento del copiloto. Era Helena, venía en un coche nuevo.

—Hola —me saludó—.Venga sube, que no puedo estar aquí parada.

—Hola —respondí mientras abría la puerta y entraba—. ¿Y este coche?

—El nuevo que se ha comprado Paty. El otro quedó para desguace. —Asentí con la cabeza y Helena anunció—. Nos vamos. —Y se puso en marcha.

—No sabía que utilizabas el coche de Paty —me interesé.

—Sí. Lo usamos a medias. Es un lío tener dos coches en una ciudad, y a mí casi ni me hace falta. Sería una tontería tener dos.

Asentí.

—¿Y Paty?

—En casa, nos espera allí. Ya luego desde allí vamos al cine.

Nos quedamos en silencio un rato hasta que Helena lo rompió.

—No soy Paty y aún así sé lo que piensas. —Tomó aire—. João y Mina estaban cerca y cuando se lo dijimos se interesaron mucho en conocerte. Relájate, no vamos a hacerte nada y Paty ya sabes que tampoco lo permitiría.

Yo escuchaba en silencio.

—Y sé que me puse pesada con las reglas. Pero no hay ninguna que nos prohíba el contacto con humanos. Solo que no deben saber lo que somos. Mientras todo esté en secreto, en teoría, no estamos infringiendo ninguna norma. —Entonces se giró hacia mí y me dedicó una sonrisa pícara.

Yo seguía callado. Aunque es verdad que sus palabras y su amabilidad, que contrastaban con la Helena que solía conocer, me reconfortaban y me daban tranquilidad.

Sin embargo, había otra cosa que todavía no me dejaba tener la cabeza tranquila, y a Paty seguro que no se lo podría ocultar. El collar que había traído para ella me seguía rondando. Ya no sabía si había hecho bien en aceptarlo.

Seguimos el trayecto y, al cabo de unos quince minutos, doblamos una calle y ya empecé a percibir a Paty. Estábamos cerca.

Circulamos un poco más, hasta que Helena detuvo el coche y anunció.

—Llegamos. No sé si tendré que avisarla o estará ella pendiente.

Yo, a través de mi conexión con Paty, pude sentir como ella sentía una cierta urgencia desde el momento que nos paramos.

—No creo. Para mí que ya viene.

Helena me miró.

—Es verdad, tú puedes sentirla. Esperamos entonces. —Y se puso cómoda en asiento.

—Yo me voy a ir yendo al asiento de atrás —dije.

—No, tranquilo. No hay problema por eso.

—Es igual, mejor vais las dos juntas delante.

—Como quieras.

Entonces salí del coche y me metí en el asiento trasero. Dejé la bolsa en a mi lado y me puse el cinturón de seguridad. En ese momento se abrió la puerta y apareció Paty. Se dirigió hacia el coche con paso firme y entró.

—Hola —saludó.

—¡Feliz cumpleaños! —respondí, lo que hizo que esbozara una pequeña sonrisa—. Te voy a dejar las orejas bonitas.

Paty y Helena se rieron. Era de las pocas veces que la había notado tan relajada. Parecía completamente feliz, en un estado de tranquilidad y sosiego total, con ganas de hacer cosas, sin preocupaciones.

—Y, ¿a dónde vamos? —pregunté.

—Al cine. —dijo Helena—. Hay una peli nueva que han sacado, basada en un best seller de terror que se llama “La niebla de Stoneville”. ¿Te suena?

Negué con la cabeza.

—Va de posesión. A nosotras dos nos gusta. ¿Qué me dices? —preguntó Helena mientras me miraba por el espejo retrovisor.

—Venga va —accedí.

—¡Entonces en marcha! —dijo Helena y arrancó—. Hace tiempo que no hacemos una celebración así, ¿eh? Hermanita —dijo mirando a Paty.

—La verdad es que no —respondió Paty con voz serena mirando fugazmente a Helena.

Luego giró la cabeza y se puso a mirar por la ventanilla mientras circulábamos. Estaba realmente relajada y no se cortaba en mostrármelo, ni yo trataba de ocultarle nada. Estábamos aprendiendo a convivir con aquella conexión que nos unía y cada vez era más natural la interacción.

Helena seguía conduciendo mientras todos estábamos en silencio, hasta que saltó.

—Pero, a ver, decid algo, que parece que vamos de entierro, no de celebración. —Y termino con una carcajada.

—Es que no sé que decir. —Me reí yo—. No voy a subir una historia a mis redes con el título “Aquí de fiesta con mis amigas, las criaturas de la noche”. Todo el mundo se preguntaría por qué lugares frecuento yo —dije entre risas.

—Pensarán que te estás dando a la mala vida y con malas compañías —apostilló Helena.

Paty botaba de risa en su asiento.

—¿Por qué? ¿Sois chicas malas? —La broma aún daba para más.

—Y muy pícaras. —Esta vez fue Paty la que se unió a la gracia.

—Por eso estoy aquí. Quién se puede negar ante semejante oferta.

Nos reímos un rato de la situación. Estaba empezando muy bien la tarde de cumpleaños. Entonces se me ocurrió.

—Cambiando un poco de tema. ¿Soléis celebrar los cumpleaños?

—La verdad es que no —era Helena la que respondía—. Para nosotros es casi un día cualquiera y tenemos muchas ocasiones. Pero esta vez había un buen motivo. —Me miró fugazmente de nuevo por el espejo y luego dedicó una mirada más larga y tierna a Paty.

Paty se giró hacia ella y le devolvió la sonrisa.

—Además —ahora la que habló fue Paty—. Esta vez podemos reunirnos todos. Es la primera vez en años y nos hacía mucha ilusión volver a vernos. Es una muy buena ocasión y es una lástima desperdiciarla. —Hizo un silencio—. Y, ¡qué coño! Me apetecía también y ya está.

Se giró hacia mí con una tierna sonrisa. Íbamos en un túnel y el tenue brillo de sus ojos azules contrastaba en la oscuridad y en medio de su maraña de pelo negro.

Seguimos el viaje charlando sobre temas banales como qué tal nos iba en el trabajo.

Helena comentó que en un par de años tendría que irse del hospital.

Ya llevaban años en la ciudad y ella tendría que cambiar de trabajo antes de que sus compañeros empezaran a sospechar.

Paty, por su parte, lo tenía más fácil. Luego les conté mi situación y ambas se mostraron preocupadas.

Me preguntaron que tenía pensado, a lo que no supe qué responder.

Entonces noté la preocupación de Paty, así que traté de calmarla.

—No te preocupes. Ya se irá arreglando todo. Hoy es tu día y es momento de disfrutar.

Entonces Helena miró a Paty y ésta le devolvió la mirada y asintió.

—¿Qué pasa? —pregunté. Podía notar como Paty se relajaba.

—Helena piensa, y yo también, que si quieres, puedes quedarte con nosotras una temporada. Así te ahorras el alquiler. En casa hay sitio de sobra.

—Bueno. La verdad es que es una opción interesante —concedí—. Me ayudaría mucho y me daría algo más de tiempo. Me lo pensaré y, si la cosa sigue así, ya os cuento. Muchas gracias.

Aquel ofrecimiento por su parte me daba la vida. Para qué negarlo. Tener una opción a dónde ir si la cosa se prolongaba era algo muy bueno, se mirara por donde se mirara.

Enseguida Helena anunció.

—Llegamos.

Entonces fue a buscar un sitio donde aparcar, nos bajamos y entramos en el cine.

—Vamos a ver a qué hora la echan. Pero creo que habíamos visto a las seis y media, así que llegamos bien —dijo Helena mientras entrábamos en el cine.

Fuimos a mirar la cartelera y, efectivamente, la película se emitía a las seis y media. Nos dirigimos a la taquilla para comprar las entradas y, de allí, a la sala ya. Yo compré unas palomitas y algo de beber. Ellas unos refrescos solos.

Nos acomodamos en la sala y esperamos un rato hasta que empezó la proyección de los anuncios y, a continuación, el filme.

La película desde luego daba miedo. La posesión era resultaba espectacular y la acción mantenía a uno en suspenso todo el tiempo.

Paty y Helena realmente parecían disfrutarla.

Parecía como que estaban viendo algo entretenido del día a día, más que algo diabólico.

Las emociones que sentía de Paty así me lo confirmaban.

Por mi parte yo estaba más tenso. Cosa que a Paty le hacía aparentemente mucha gracia.

Me miraba a veces y le daba un codazo suave a Helena que se giraba también y, entonces, me miraban las dos con expresión divertida.

Finalmente la película acabó. Fuimos saliendo con calma de la sala y del cine, ya casi eran las ocho.

—¿Nos vamos a casa ya u os apetece hacer algo más? —pregunté.

Las dos chicas se miraron como extrañadas.

—Me refiero a si os apetece tomar algo por ahí, antes de regresar.

Se volvieron a mirar hasta que Helena dijo.

—Pues la verdad es que sí. Hace una eternidad que no voy así de tranqui por ahí.

No nos fuimos lejos. Buscamos una cafetería dentro del propio centro comercial donde estaba el cine y allí nos acomodamos.

Nos pedimos todos un refresco y charlamos divertidamente sobre la película y algunos otros temas poco trascendentales.

Cuando acabamos, nos montamos nuevamente en el coche de Paty con Helena de chófer y nos dirigimos a su casa.