Sálvame de tiempo. DILEMAS
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DILEMAS

¿Cómo puede estar tan obcecada? No lo entiendo.

Helena caminaba en círculos por su habitación con paso increíblemente rápido, al menos comparado con el paso que se consideraría normal para un humano común.

Sabe lo que le pasó a Mina y el sufrimiento que le acarreó. El chico es mortal, su tiempo se acabará y a ella le pasará lo mismo que a Mina y, aún así, se niega a hacerlo.

Entonces se detuvo y miró por la ventana hacia el exterior.

Si hasta él no se negó de primeras. Se acabará acostumbrando, estoy segura de que sabrá llevarlo. Peor es lo que le espera. El que se muere tiene todo solucionado, pero a un buen coste, perder lo único que tiene.

Helena comenzó a caminar de nuevo por la habitación, seguía sin comprender los recelos de Paty sobre transformar a Arturo.

Al fin y al cabo, son espejos. ¡Espejos!

Miles de vampiros viven vidas miserables y en soledad, atrapados en la monotonía y rodeados de gente que no comprenden ni les comprende a ellos.

Muchos sueñan con encontrar alguien que sea su espejo, alguien con quien compartir su existencia, alguien que los comprenda, que comparta inquietudes y les haga desear la llegada de un nuevo día.

Miles de ellos solamente existen aferrados a ese pequeño hilo de esperanza, condenados eternamente.

No tienen en su vida ningún motivo más para vivir que el que un día aparezca alguien que los complemente.

Y Paty, que en un golpe de suerte del destino se lo encuentra, se niega a aceptar su dicha y se condena voluntariamente al sufrimiento.

Helena se detuvo de nuevo un instante, absorta en sus pensamientos. Entonces se sentó en la orilla de la cama.

¿Qué prevalece? Paty debe elegir entre querer ser feliz y atar egoístamente el destino de Arturo al suyo o condenarse a un sufrimiento seguro en el largo plazo.

Y Arturo debe elegir entre vivir su vida en libertad tomando las decisiones que le apetezcan pensando en sí mismo o sacrificar su libertad para brindar felicidad a Paty y la oportunidad de encontrar aquello que muchos desean en lo más profundo de su corazón.

Él mismo no encontrará a nadie con quién tener el nivel de sintonía y compenetración que tiene con Paty.

Helena había dado con un conflicto de intereses.

¡Vaya! Un dilema, uno de los más antiguos. Ser feliz a costa de la libertad de otro o quizás condenarse a un sufrimiento seguro al dejarle elegir si lo hace de forma inconveniente. Y por otro lado libertad egoísta o sacrificio por la felicidad del prójimo… ¿Qué es lo correcto?

La chica seguía sentada en la cama, totalmente centrada en sus cavilaciones.

Toda aquella situación la tenía terriblemente alterada y confundida.

Para ella la decisión era clara e irrecurrible.

Transformar a Arturo parecía lo más obvio del mundo.

Una vez hecho, juntos podría vivir su tiempo y ser felices juntos si así lo decidían.

Si se niega, enloquecerá, como Mina, que llegó al punto de intentar recurrir a un nigromante. Algo totalmente estúpido y peligroso. Estaba terminantemente prohibido por el consejo y con buen criterio, desde luego.

La única vez que Helena se había encontrado un reanimado había sido terrible y peligroso. Lo más parecido a un zombi que uno se podía encontrar en el mundo.

La tentación de resucitar un ser querido puede ser grande.

Pero los nigromantes, en realidad, reaniman, no resucitan.

El cuerpo se puede mover de nuevo, pero la mente no existía o estaba corrompida e irreconocible.

No tenía nada que ver con la conciencia y la consciencia que habían animado ese cuerpo en tiempos anteriores.

La consciencia se volvía retorcida y no había rastro de cualquier signo de humanidad.

Podían volverse criaturas peligrosas, sin ningún tipo de limitación moral o ética, y sin un propósito concreto en la vida.

Solamente movidos por un impulso momentáneo, los hilos de su creador o incluso, no presentar rastro de interacción con el entorno.

Sentada en la cama Helena llegó a un punto de saturación, de repente se quedó mirando la pared, una grieta había captado su atención.

¿Qué estaba pensando yo?