ESPEJOS #2
—Cuando Jonathan murió, luego de negarse a que lo transformaran, Mina sufrió una gran conmoción.
La muerte de uno de los espejos provoca una gran sensación de pérdida en el otro, como si le arrancaran una parte de su ser.
La pena es prácticamente insufrible. Mina acabó sumida en una gran depresión.
Comenzó a deambular sin rumbo ni propósito por caminos y distintos lugares como una Errante, intentando encontrar sentido a la vida, un motivo para existir o, simplemente, que la muerte la encontrara.
Al borde de la desesperación un día se encontró con João.
Él le dio la instrucción necesaria como vampiresa que Mina nunca había recibido y le enseñó a sobrellevar el dolor y la pérdida.
Luego, años después, nos encontró a nosotras y se volcó con nuestro bienestar.
Nos crió como si fuera nuestra madre, nos tuteló y nos enseñó todo acerca de cómo existir como vampiresas.
Ciertamente, parecía feliz mientras vivíamos juntas.
Entre todas formamos la familia que creíamos que habíamos perdido y que nunca jamás podríamos volver a disfrutar.
—A Helena le brillaban los ojos mientras recordaba la historia—.
Sin embargo, la sombra de la pérdida de Jonathan nunca la abandonó.
Su sufrimiento fue muy grande y recordarlo todavía le provoca un gran dolor.
Tanto Paty como yo lo podemos notar con nuestros dones.
—¿Entonces Mina y Jonathan eran espejos? —Helena asintió—. ¿Y dónde está Mina ahora?
—Viaja por distintos lugares, conociendo el mundo, otras gentes y realidades. De vez en cuando nos hace alguna visita. Pero la mayoría del tiempo está fuera, cultivándose, estudiando y pensando acerca de la existencia.
—¿Quién es ese tal João?
—Un médico portugués desterrado de su clan hace muchos años.
Luego del destierro viajó como Errante también durante décadas.
Sin embargo, él contaba con la instrucción necesaria y le era fácil pasar desapercibido.
Se tomó ese tiempo como días de liberación para hacer lo que le apetecía, sin rendir cuentas a nadie.
—¿Qué hizo para que lo desterraran?
—Curar a humanos. Era médico y vivía su profesión con pasión.
Realmente valoraba la vida de todo ser y eso, entre determinados clanes, le granjeó aversiones.
Para ellos era increíblemente molesto, antinatural e incluso peligroso que un vampiro se dedicara a curar humanos.
Por eso un grupo de clanes instigaron a otros para que se unieran a ellos y entre todos presionaron al consejo y a su clan para que lo expulsaran.
Al fin, luego de muchas discusiones, alegaciones y reuniones del consejo con los clanes, la mayoría del consejo estuvo de acuerdo en expulsarlo y así lo hicieron.
—Pero podría dedicarse a otra cosa y evitar que lo expulsaran.
—Realmente, según él nos contó, llevaba años encorsetado en ese clan. El clan Luso es ciertamente estático e inflexible y permite pocas desviaciones y experimentos respecto de los cánones establecidos. João tenía ganas de viajar y conocer otras formas de vida. Para él no fue un castigo.
—Además, hay otro motivo —interrumpió Paty—. João tiene una gran intuición para detectar males y percibir dolencias. Por eso le gusta la medicina, se le da realmente bien y le resulta fácil detectar enfermedades.
Helena asintió.
—Y si te destierran estás condenado a vivir como esos Errantes que decís.
—Te puede acoger otro clan pero, con sus antecedentes y todo el proceso de expulsión, ni siquiera los Pacíficos estarían muy dispuestos.
—¿Los Pacíficos?
—Un clan que tampoco goza de demasiadas simpatías entre los demás. Su actitud amistosa hacia los humanos y su apuesta por la integración y las buenas relaciones tampoco son vistas con muy buenos ojos desde determinados sectores.
—¿Cuál es vuestro clan?
—El clan Harker. João y Mina lo fundaron. De momento somos solo nosotros cuatro. Somos un clan pequeño, que está empezando.
—¿Harker?
—Por Mina, el nombre de João tenía una gran carga negativa y Mina, después de todo, fue creada por La Condesa y eso le daba prestigio y respeto. La Condesa era tenida y respetada a partes iguales y sus creaciones lo eran de igual modo.
—¿Tanto prestigio tenía La Condesa?
—Prestigio y temor. La Condesa poseía el don de percibir su entorno, a parte de por sus propios sentidos, por los sentidos de los que tenía cerca.
Como te puedes imaginar, eso le daba gran poder y la hacía muy fuerte.
Podía ver y saber prácticamente todo lo que la rodeaba.
Podía anticiparse y obrar de la forma que más le conviniera.
—Y Mina es respetada por ser creación de La Condesa.
Helena asintió.
—Qué Mina hubiera sido capaz de matar a La Condesa hizo que todos la temieran incluso más.
—¿Mina heredó sus dones?
—Temporalmente, mientras La Condesa estuvo viva, podía ver a través de ella y de Jonathan, tenía algún tipo de conexión telepática con los dos, parece ser que por la maldición de sangre.
Pero una vez murió, Mina perdió su don, al menos hasta hoy.
El vínculo con La Condesa no era un espejo real y desapareció con La Condesa.
El espejo con Jonathan no se completó y así que tampoco se sabe el don que los vinculaba.
Paty estaba ensimismada, no había dicho prácticamente nada, sus emociones eran encontradas, de preocupación y de… ¿esperanza?
Helena mientras tanto seguía hablando.
—Pero esto no debe volver a pasar. Por eso debes arreglar los asuntos que tengas pendientes y prepararte para tu trasformación. —Helena se mostraba tajante y segura de sí misma.
—No, no lo hará. Ya te lo he dicho. —Paty seguía manteniéndose en su negativa.
—¿Y tú qué dices? —dijo Helena refiriéndose a mí.
—Yo la verdad no lo veo claro. —La idea me asustaba, ciertamente.
—Pues ya te puedes ir aclarando.
—¡He dicho que no! —espetó Paty—. No lo hará y no hay nada más que hablar del asunto!
Paty parecía realmente alterada.
—¡Sabes que tienes que hacerlo! Y él ahora también sabe por qué. Es absurdo negarlo.
—¡Ni hablar!
La discusión estaba subiendo de tono rápidamente.
—Si tú no lo haces lo haré yo.
—¡Ni se te ocurra! ¡Eso no te lo permito! —exclamó Paty levantándose de la silla. Sus ojos estaban adquiriendo otra vez un tono violeta.
—¡Eres una cabezota! ¿Por qué te niegas a hacerlo?
—Helena se puso de pie también, sus ojos también habían cambiado de color y habían adquirido el color naranja que ya había visto en otras ocasiones.
Entonces con maneras airadas se puso en marcha hacia la puerta con paso rápido y la cerró de un portazo.
Paty y yo nos quedamos en silencio. Ella se volvió a sentar y me miró a los ojos. El tono violeta iba mutando lentamente a su azul habitual. A pesar de lo incómodo y violento de la situación era un espectáculo increíblemente bello.
—No te preocupes, no lo haremos. —Intentó tranquilizarme.
—No sé qué decir. Es todo muy repentino. No tenía ni idea de eso de los espejos; ni que hubiera tal tipo de conexión entre los dos.
—Tú mismo dijiste que no era normal y que no veías por ahí gente con telepatía.
—Ya lo sé, pero no sabía las implicaciones que tenía.
Entonces por mi mente comenzaron a pasar rápidamente pensamientos peregrinos. La tentación de la inmortalidad, ser un ser de la noche, la transformación y el terror que me infundía, perder a mis seres queridos.
—No pienses en eso. No lo haremos y ya está. Vivirás una vida plena como humano, no tienes de qué preocuparte.
—¿Y qué vida llevaremos tú y yo? Y sobre todo, ¿qué pasará contigo cuando me muera?
—Lo iremos viendo. Solo el tiempo nos lo dirá. —Paty parecía distraída, tenía la vista perdida en la pared que había detrás de mí, como si intentara ver a través de ella. De lo más profundo de su ser podía sentir su preocupación y cómo escrutaba los pensamientos de Helena en la otra habitación.
—Según Helena, Mina sufrió mucho —dije girando la cabeza y mirando también a la pared que había detrás de mí—. Tampoco quiero que te pase eso a ti.
—El tiempo… Si tengo que superarlo, lo haré. Pero no quiero arrastrarte conmigo.
Mis sentimientos seguían siendo encontrados. Por un lado la tentación y la responsabilidad directa en el sufrimiento que pudiera causar a Paty y por otro, el miedo y el terror a lo desconocido y a convertirme en un monstruo. Entonces recordé lo que había dicho Helena.
—¿Otras criaturas?
Paty me miró y comenzó a hablar sin apenas darle importancia. Seguía distraída.
—Sí. Hombres lobo, gente con dones extrasensoriales como cierta telequinesis o percepciones como las nuestras, nigromantes… Hay muchos pero, al igual que nosotros, son bastante raros.