Sálvame de tiempo. ROMPER LA MONOTONÍA
57%

ROMPER LA MONOTONÍA

La semana siguiente fue una semana anodina. Los del equipo de trabajo seguimos con nuestras quedadas extralaborales. Pasábamos ratos muy amenos en esos momentos. Nuestra relación de compañerismo se reforzaba al conocernos mejor en el ámbito personal.

Por veces por mi cabeza surgía Paty y todo lo que estaba significando en mi vida, lo que me distraía a veces de las conversaciones. Katerina por fin parecía haber recuperado algo de su característica alegría, aunque a veces parecía que tenía bajones.

Vasilli por el contrario, parecía mucho más suelto y liberado que en la oficina. Hasta se animaba a veces a contar chistes. Cosa que nunca me hubiera imaginado conociendo solamente su faceta laboral.

Era ya viernes y, como siempre en nuestra reunión diaria, pululaba el fantasma de la comisión de investigación. Evitábamos hablar mucho del tema, pero yo tenía curiosidad después de varios días por saber algo más sobre ella.

—Se sabe algo de la investigación —pregunté a Vasilii.

—De momento nada. El señor Hoffmann dice que todavía no han acabado y que no quiere dar más detalles.

—¿Se sabe si les falta mucho?

—Según Hoffmann están analizando los datos y falta elaborar los informes, que luego se remitirán al ministerio y a la fiscalía, que dictaminará si hay alguna medida que tomar.

—Así que de momento seguimos igual —dijo Katerina.

—Básicamente, sí —apostilló Vasilii encogiéndose de hombros.

Entonces tuve una idea.

—¿Por qué no salimos este fin de semana tomar algo por ahí?

Katerina y Vasilii dudaron un momento. Hasta que dijeron casi al unísono.

—Vale.

Nos pusimos de acuerdo y aquel fin de semana nos perdimos en la noche Madrileña de discoteca y bar. Hacía tiempo que no salía de fiesta y me apetecía meterme de nuevo en una pista de baile. Así que había que aprovechar que tenía compañeros de juerga y tiempo libre.

La noche pasó rápido y luego de un par de copas por ambas partes hasta Katerina se desinhibió y accedió a concederme un baile a pesar de que, según ella, no saber bailar. Cosa que yo consideraba infundada, resultó que sabía llevar le ritmo de maravilla.

Hasta Vasilii mostró el bailarín que llevaba dentro. No dejaba de asombrarme con aquel nuevo Vasilii.

Era tarde cuando decidimos irnos a casa. Nos despedimos y yo, después de la noche loca, llegué a casa fatigado de tanta música y movimiento, con los oídos pitando y las piernas cansadas. Así que me acosté para descansar, sabiendo que al día siguiente debería lidiar con la resaca.