FUEGO Y HIELO #2
—No lo sé. No sé como valorar tu presencia en mi vida. No tengo nada ni nadie para comparar. He estado enamorado más veces, pero esto se sale de todos los esquemas. —Me quedé en silencio un instante—. ¿Y tú? ¿Qué me dices de eso?
—Tampoco lo sé. Para mí también se sale de mis esquemas.
—Pero tú puedes percibir los pensamientos de otras personas. Si has tenido otras relaciones ya podrás valorar lo que es percibir al otro a este nivel.
—Te olvidas de algo. No he conocido a nadie que sintiera mis emociones y mis estados de ánimo. Contigo, aunque asimétrico, el vínculo es bidireccional. Tú te sincronizas conmigo y yo contigo. Es algo extraño, incluso entre los de mi especie.
—Y eso es lo que nos está ligando —concluí sin estar muy seguro de mis palabras ni de si eso era bueno o malo.
Paty se quedó parada por un momento. Yo empezaba a intuir que había algo relacionado con nuestra conexión que alimentaba nuestro acercamiento y estaba detrás de toda nuestra relación y, además, aseguraría que Paty sabía más de lo que decía. Pero no quería presionarla demasiado.
—Sí —murmuró a contragusto, aparentemente.
Nos quedamos en silencio un momento hasta que yo no podía soportar más la incertidumbre.
—¿Y qué haremos ahora?
—No creo que sea inteligente empezar ningún tipo de relación.
Tenemos mucha diferencia de edad. A pesar de mi apariencia, mi mente ha evolucionado y, aunque conserve el deseo sexual en su plenitud, será difícil que podamos mantener una relación sana.
Yo sigo viéndote como un jovencito y, ciertamente, no creo que esté enamorada de ti.
A pesar de que me esperaba una respuesta por el estilo, aquella franqueza y rotundidad me dolió.
Pero más doloroso era admitir que tenía bastante razón.
Ella había tenido muchos años para cultivarse y conocer el mundo, ya había vislumbrado que su nivel de profundidad y sus inquietudes no eran las mismas que las mías.
A pesar de que no sabría definir mis sentimientos por ella de una forma tan tajante como ella lo había hecho hacia mí.
—A mí me sigue apeteciendo verte —dije al fin.
—Podemos seguir haciéndolo.
—A mí me apetece pero, ¿y si sucede lo mismo que hoy?
—Yo no tengo problema ni complejos con vivir libremente mi sexualidad, y si eres maduro para saber distinguir deseo de sentimentalismos, no habría problema. ¿Te ves capaz?
—No sé que responder, la verdad.
—Entonces a lo mejor debemos evitar estas situaciones.
—Si nos vemos, eso es difícil. A mí me seguirás pareciendo preciosa y atractiva. El enamoramiento es un paso más avanzado que requiere de más componentes, no solo de atractivo físico. El problema es que contigo la sintonía entre nuestros caracteres parece darse sola, y ahí reside el peligro.
Nos volvimos a quedar en silencio.
—A lo mejor hay que dejar que las cosas surjan solas, sin tantos miramientos ni complicarlas más nosotros mismos. Vivir sin miedo a lo que suceda y afrontar los fracasos —esta vez fue Paty la que habló.
—Eso suena bien, dejar que tus pies te guíen pero, ¿cómo saber si el camino es el correcto?
—Tiempo… Necesitamos tiempo y no precipitar las cosas. El tiempo alumbrará caminos y disipará las brumas. Solo el tiempo nos mostrará hacia donde debemos ir. Y, mientras tanto, dejar que los acontecimientos fluyan.
—Es una buena cita para una novela. Aunque tu cambio de actitud me resulta llamativo.
—¿Cambio de actitud?
—Sí, antes parecía que me evitabas y ahora dejas que las cosas sigan su curso.
—No es que te evitara. No quería meterte en problemas. Y tampoco quiero luchar contra aquello en lo que no tengo control.
No había entendido muy bien aquella última frase. ¿En qué cosas sentía Paty que no tenía el control? Así que rematé.
—Y en problemas ya me meto yo solo.
—Efectivamente. Tu curiosidad te matará.
—Quién sabe… De momento me ha permitido ver y vivir cosas extraordinarias. —Entonces cambié de tema—. Tengo la sensación de situación no resuelta, como cuando se te olvida algo y no sabes lo que es.
—Necesidad de finalización, eso es lo que te pasa.
—Cierto —coincidí—. En fin, me tengo que marchar. Ya hablamos para el siguiente fin de semana.
—El siguiente fin de semana no estamos. —La miré y entonces aclaró—. Cosas nuestras… Ya me entiendes.
Aunque no tenía ni idea de lo que sería me imaginé que tendría que ver con su condición de vampiresas.
—Efectivamente, no puedo darte más detalles —cerró Paty el tema.
Entonces me levanté y me vestí, Paty hizo lo mismo. Me acompaño hasta la puerta y nos despedimos con dos besos en la mejilla. A lo que, ante mis dudas, Paty zanjó enlazando con lo que me había dicho con un “Todo a su tiempo. Ya se verá”.
Salí de la casa y la puerta se cerró detrás de mí.
Me dirigí hacia la parada del autobús con la mochila a la espalda mientras la presencia de Paty se hacía más tenue.
Sus emociones eran muy neutras mientras que las mías eran más dubitativas.
No sabía si debía preocuparme de algo y tomar alguna iniciativa o si, simplemente, dejarme llevar y que pasara lo que tuviera que pasar.