Sálvame de tiempo. UN NUEVO MUNDO #3
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UN NUEVO MUNDO #3

—Sí, pero, llévale tú la contraria al Santo Tribunal. Seguramente ocuparas el lugar del reo —intervino Helena.

—Pero volviendo al tema. Luego de siglos con todo este revuelo, los Errantes capturados por los humanos eran escasos y los ataques seguían.

Ellos pensaban que era porque nos reproducíamos a gran velocidad.

Pero la verdad es que tenían muy mala puntería y ajusticiaban de todo, pero muy pocos Errantes.

En medio de esta cacería, las demás comunidades de seres extraordinarios, como los conocemos, nos exigieron que diéramos solución a esto por las muertes y ejecuciones entre sus miembros sin tener nada que ver en el asunto.

No queríamos conflictos con nadie y los Errantes ya eran un problema para nosotros también, atacando propiedades y miembros formales de la comunidad.

De forma que se empezó una purga interna y una caza de Errantes hasta casi su eliminación.

Duró casi un siglo y luego de ello las aguas se calmaron.

Sin embargo, las historias, los rumores y los miedos seguían instalados de forma que se recuperó una vieja leyenda.

En una sociedad tan religiosa y cristiana, una baza casi segura era establecer como elementos de protección crucifijos y agua bendita.

Paty hizo una mueca difícil de interpretar y prosiguió.

—Todo el mundo llevaba una cruz, de forma que creía que ningún vampiro lo atacaría, y en las iglesias se repartía agua bendita por doquier.

Según la leyenda, nadie que fuese vampiro podría ni siquiera mojar los dedos en la pía y presignarse o estar cerca de una cruz.

Con esta leyenda, los vampiros ya podíamos vivir entre humanos.

Aunque los rumores seguían existiendo, aquellos que fueran elementos inofensivos, podían pasar desapercibidos puesto que podían hacer aquellas cosas que supuestamente la leyenda les prohibía.

Así, los humanos ya no desconfiaban ni se podían centrar en alguien en concreto y podíamos llevar una vida tranquila; sin sospechas de los humanos que nos rodeaban. Básicamente esa es la historia.

—¿Y lo de los espejos?

—Eso es falso. Proviene de la creencia de que en el espejo se ve el alma. Como otra leyenda dice que no tenemos alma. Pues no hay nada que reflejar, pero no tiene nada que ver.

Nos quedamos en silencio, no se me ocurrían en aquel momento más cosas que preguntar. Hasta que a la mente se me vino la pregunta más obvia estando con un vampiro.

—¿Sois inmortales de verdad?

—Estrictamente sí, pero no invulnerables. Nuestro cuerpo y mente pueden resistir el paso del tiempo; nuestra capacidad de autorregeneración nos protege de ello. Pero no de daños físicos irreparables.

—¿Y podéis tener hijos?

—No es habitual. —Se detuvo un momento—.

Las mujeres, al transformarnos, por regla general, perdemos nuestros ciclos o se vuelven irregulares.

Los embarazos son muy raros y escasos por ese motivo.

Apenas hay vampiros nacidos. —Hizo una mueca con la boca—.

“Puros”. Y los hombres se vuelven prácticamente estériles también.

—¿Es cierto lo de los damphires?

—¿Mestizos?

—Sí.

Helena me volvió a mirar. Desde luego no le gustaba la revelación de tantos detalles.

—Los hay, pero también son muy escasos, aunque muy codiciados por todos los clanes.

La combinación de las características de humanos y vampiros los hace muy versátiles, fuertes y resistentes.

Además, están perfectamente integrados en la vida humana normal.

Tienen la mayoría de las fortalezas de los vampiros pero no sus debilidades.

Nos quedamos en silencio nuevamente, estaba asimilando todo lo que acababa de decirme Paty. No estaba seguro de acabar de creérmelo, lo había entendido y quería respuestas, pero ahora que las tenía no estaba seguro de estarlas aceptando. Necesitaría tiempo.

—¿Por qué le has contado todo esto? —preguntó Helena rompiendo el silencio.

Paty se encogió de hombros y explicó sus motivos.

—No hay razones para ocultarle cosas y mantenerlo ciego con todo lo que ya ha descubierto. Y, luego de todo esto, ya casi da igual que lo sepa. Además, a mí me apetece poder seguir viéndome con él y no sería lógico hacerlo sin que sepa lo que está haciendo y dónde se está metiendo. Que él decida.

Helena asintió en silencio. A través de mi sincronía con Paty podía notar como, en el fondo, se sentía aliviada luego de contar todo aquello.

Parecía que darme aquella información la liberaba del peso de la responsabilidad conmigo.

Ahora mis decisiones ya eran por mi cuenta y riesgo, y las consecuencias de mis actos eran responsabilidad mía.

—Ahora sí que agradecería esa cama.

—Yo también —apostilló Paty.

—Y yo, me he tragado todo el turno de noche y estoy muerta —coincidió Helena.

Paty se levantó.

—Ven conmigo.

Me levanté y la seguí, llegamos ante una puerta y la abrió.

—Es aquí, que descanses.

—Y vosotras —respondí.

Entre en la habitación y Paty cerró la puerta. Me descalcé, me tumbé vestido encima de la cama y me puse a dormir.