Sálvame de tiempo. UN NUEVO MUNDO #2
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UN NUEVO MUNDO #2

—No, pero has dado con la clave. No sabemos quién fue el primero, es el eslabón perdido. Simplemente desapareció, no sabemos las causas; la luz solar, humanos, luchas entre vampiros, suicidio…

—¿Suicidio?

—Sí. Los vampiros más viejos, al no poder salir a la luz del sol y no poder relacionarse con casi nadie ni nada, acababan encerrándose y entrando en depresión. Muchos de ellos se acabaron suicidando.

—Pero si nos vamos remontando a través de las generaciones de Antiguos llegaríamos al principio.

—Te acabo de decir que muchos se suicidaron y otros murieron en guerras entre vampiros, o con humanos u otras criaturas. Los Antiguos de hoy en día son los vampiros más viejos que quedan. Los anteriores desaparecieron y ya ellos no conocían a los primeros de nuestra especie.

—¿Qué es lo que convierte a un humano en vampiro?

Otra vez Helena me miró fugazmente.

—No lo sabemos con certeza. Lo que sí sabemos es que es un ente simbiótico, autorreplicante y adaptativo que se integra en los organismos portadores y les da esas características; fuerza, velocidad, sentidos desarrollados, una regeneración celular prodigiosa y la eliminación del límite Hayflick, de forma que evita el envejecimiento de los tejidos.

Los cambios físicos y mentales que se producen tratan de replicar la imagen de su portador original, pero evolucionan para integrarse con su nuevo anfitrión, de forma que esa pequeña evolución pasa hacia las nuevas generaciones y cada vez el cambio dentro las sucesivas generaciones de la misma especie es menos apreciable, porque el nuevo anfitrión cada vez es más parecido al previo.

Paty hizo una pausa para reorganizar las ideas y retomó el hilo.

—Puede ser un virus, terrestre o extraterrestre o incluso nanotecnología extraterrestre. Lo que parece es que provenía de criaturas muy distintas a nosotros a juzgar por la apariencia de los primeros.

Entonces, llevado por la situación, yo expuse una idea que se me acababa de ocurrir.

—Quizás incluso algún experimento o arma de seres de otros mundos.

Algo que convierta a los habitantes de otro planeta en seres que atacan a sus iguales.

Se expandirían exponencialmente, eliminarían a los de su misma especie y cuando acabaran con ellos morirían de inanición.

Eso dejaría al planeta fácil de ocupar… aunque aquí no les salió muy bien…

O quizás ese virus son los propios extraterrestres que se integran en los nuevos mundos…

—Hice una pausa valorando lo que acaba de decir—.

Estoy divagando. —Me había desviado del tema.

—Puede ser… Las posibilidades son muy amplias y se prestan a conjeturar.

—Y dices que esos Antiguos os gobiernan —retomé.

—A pesar de su aspecto estrafalario tienen mentes astutas que funcionan distintas a las de los vampiros jóvenes.

Nosotros nos parecemos más a los humanos en todo, ellos tienen estrategia, cálculo e instinto.

Sus valores difieren mucho de los convencionales o lo que nosotros llamaríamos normales, en parte por el tiempo en que se criaron, pero también por el resultado de los cambios mentales que te comenté —entonces prosiguió—.

Su misión es mantenernos ocultos, garantizar nuestra supervivencia y la salud de nuestra población.

—¿Y qué pasa con los conflictos humanos? También os afectarán, aunque sea indirectamente.

—No nos inmiscuimos a no ser que corramos peligro y, en todo caso, lo hacemos sutilmente, a nosotros tampoco nos interesan.

Los conflictos, si son armados disminuyen las presas, y vampiros descontrolados crean más vampiros, haciendo que la cosa se desmadre pronto.

La población de vampiros ha de controlarse con sumo cuidado.

—¿Sois muchos?

—Más o menos uno por cada diez mil habitantes es el límite establecido, pudiendo rebasarse en condiciones excepcionales. Se considera que con este ratio un vampiro puede alimentarse fácilmente sin ser detectado.

Todas aquellas respuestas resultaban impactantes.

—Entonces aquí en Madrid hay sobre trescientos sesenta vampiros.

—En realidad algo menos.

—¿Y vosotras salís cazar humanos?

—No, Helena aprovecha que es jefa de hematología para aprovechar la sangre que se desecha para nosotras.

—¿Y los demás?

—Hay de todo. Pero pocos cazan, existen los conseguidores, que extraen sangre de distintos lugares, mataderos, donaciones… Pequeños porcentajes, pero que son suficientes.

—¿Podríais comer otra cosa?

—En caso extremo, quizás. Pero nuestro cuerpo no asimila bien la comida normal y sería como si un celíaco se hartase de gluten. Podría acabar matándonos.

—Pues yo te he visto beber agua.

—No es lo mismo, nos podemos hidratar normalmente. El problema es que no podemos asimilar la comida normal y que nuestro volumen sanguíneo no se repone, de forma que necesitamos otras fuentes.

—Pero entonces, ¿qué hay de cierto en las leyendas sobre vampiros?

—Hay de todo, hay cosas ciertas y otras falsas, medias verdades e incluso rumores difundidos desde los propios vampiros —dijo con una sonrisa.

—¿Cuál es cada una?

—Pregunta y te respondo.

Esperé un momento pensando sobre todas las leyendas sobre vampiros.

—Los ajos. —Fue lo primero que se me ocurrió.

—Nos afectan, somos alérgicos. —La miré extrañado—. Es cierto, hay alguna sustancia en ellos que nos produce una reacción alérgica, nos resulta molesto y angustioso. Pero no esperes repeler a nadie con determinación real de cazarte.

—La estaca en el pecho.

Ahora fue Helena la que contestó con cierto sarcasmo.

—Eso es verdad. Pero en general cualquier cosa que destroce un órgano vital. Tú no eres vampiro y, ¿qué crees que te pasaría a ti si te endiñaran un mamotreto en el epigastrio? —La respuesta parecía evidente—. Pues eso.

—¿Y los crucifijos y el agua bendita?

—Eso es un rumor difundido desde los propios vampiros —respondió Paty de nuevo.

—¿Qué diferencia el agua bendita de la normal? —preguntó Helena.

—¿Hache dos O-Dios? —bromeé.

Paty y Helena se rieron, contrastaba su risa ahora dulce con los gritos horrendos que pegaban en plena pelea.

—Pero, ¿por qué difundisteis ese rumor? —Me picaba la curiosidad.

—Para eso es necesario conocer un poco de nuestra historia.

Paty estuvo un momento en silencio reordenando sus pensamientos y luego prosiguió.

—Al inicio de la alta edad media la situación estaba totalmente descontrolada.

La caída del imperio romano por las invasiones bárbaras y hunas dio lugar a un montón de guerras que llamaban a Errantes como miel a las moscas.

Estos Errantes, por su falta de control y disciplina, crean gran cantidad de vampiros por su poco cuidado cazando, y los campos de batalla son vergeles perfectos para esto.

—¿Los Errantes?

—Vampiros solitarios que no están vinculados directamente a ningún clan —intervino Helena—.

No reciben ninguna instrucción y no conocen ni tienen intención de respetar la mayoría de reglas.

Vagan por el mundo actuando a su antojo, generalmente sin control.

Entonces a veces se requiere hacer alguna intervención para poner orden.

Paty asintió con la cabeza.

—La cuestión es que, luego de varios siglos de guerras, invasiones y saqueos los Errantes eran una horda descontrolada formada por gran cantidad de vampiros jóvenes sin ninguna formación.

Sus ataques a humanos se volvieron recurrentes y sembraron la histeria entre ellos.

Luego, las distintas epidemias hicieron descender mucho la población y los ataques eran cada vez más masivos y frecuentes.

En ese momento los humanos tomaron la iniciativa y comenzaron a perseguirnos y a cazarnos.

Fue la época de las hogueras y de las grandes atrocidades.

—Sonaba rara la palabra atrocidad viniendo de un vampiro.

Paty sintió mi extrañeza y continuó—. Es cierto, se quemaba a la gente viva, se empalaba o desmembraba.

Algunos de nosotros matan para alimentarse, es cierto, pero la mayoría no son unos sádicos que infligen dolor porque sí.

En esa época, aparte de vampiros, fueron asesinados muchos humanos inocentes y otros seres extraordinarios ajenos a la causa.

—¿Otros seres extraordinarios? ¿Qué tipo de seres?

—Ya hablaremos de ello que, si no, nos desviamos.

Acepté a regañadientes.

—Más tarde, se crearon los santos tribunales y la cosa empeoró. Al principio eran turbas alborotadas y asustadas. Pero una vez que se institucionalizó esa violencia, cada vez las acusaciones eran más numerosas y se produjeron más muertes.

—¿Tiene algo que ver lo que se decía de que las brujas desaparecían en la hoguera?

—Sí, esas brujas muchas eran vampiresas, las reales no desaparecen. Pero ver arder un vampiro es algo llamativo, de ahí la leyenda.

—Acabas de decir que se ajusticiaron inocentes. Si no desaparecía ni ardía de forma llamativa como dices, entonces era evidente que no era vampiro u otra criatura.