UN NUEVO MUNDO
Paty y Helena desaparecieron por la puerta. Me quedé un momento sentado, pero enseguida me aburrí. Me levanté y me puse a examinar la estancia, había una televisión en una mesita y al lado una estantería llena de libros.
Revisé los títulos, entre las obras había libros de grandes nombres de la literatura universal, Shakespeare, Dickens, Asimov; de filósofos como Kant, Leibniz, algunos de Física, Medicina, Biología y arqueología.
Era una colección muy variopinta. Encima de unos libros había una hoja escrita. La ojeé y vi que era una poesía
Caminamos juntos por senderos conocidosY extraños desvíos separaron nuestros caminos
Cogimos con fuerza nuestras manosMas la distancia crecía y nos alejamos
Nos situamos en los opuestos del mundoY a pesar de ello nunca olvidamos nuestro vínculo
No fuiste capaz de hacer hasta mí un viaje sin regresoY yo ya no podía cruzar ese trecho
Cortos años de luz se tornaron en infinitos de oscuridadTe fuiste y me dejaste triste compañera de viaje, soledad
En mi vida ahora existe el pleno vacíoLlenado con tu recuerdo, amor mío
Plasmo en estas líneas palabras de mi nostalgiaPues no hay nada en este mundoQue pueda borrar tu recuerdo de mi memoria
Era una poesía corta, no aparecía el autor, le di la vuelta a la hoja pero estaba en blanco. Desde luego que se percibía dolor y pérdida en aquellas estrofas.
En el resto de la sala no había mucho más que ver. Aparte de la estantería, era una estancia muy sobria así que me senté y me relajé. Tampoco quería pasarme de impertinente y curiosear demás en las cosas que no eran mías. Entonces, con el cansancio me dormí.
—Pero puedo hacerlo yo si tú no quieres.
Un silencio.
—¿Por qué no? No lo entiendo. ¿A qué viene ese ansia de protección? ¿No te habrás enamorado de él?
—No —respondió la voz de Paty.
—¿Entonces? Sabes que es peligroso dejarlo ir. Si alguien del consejo se entera tendremos problemas. Es joven y parece sano, resistiría sin problemas.
—No quiero condenarlo a esto.
—Si tan bien os entendéis lo soportará. Además, conocerá a más gente.
Sabes perfectamente que para él cada día es un día menos, no un día más.
Algún día, más tarde, o más temprano, se irá, aunque no quieras.
Tendrás que soportar su pérdida, como mamá.
No tiene por qué ser una condena. Considéralo tiempo extra.
—No lo haremos.
—También tendríamos que saber su opinión.
—No. Además, hace poco que acabé mi tutela. No estoy preparada todavía para tutelar a nadie.
—No estarás sola, mamá y yo te ayudaríamos.
—Sigo sin creer que sea buena idea.
—Espero que sepas lo que haces.
—Se despierta…
Entreabrí los ojos, el sol ya había salido y entraba por la ventana hasta el centro del salón, debía llevar un par de horas durmiendo.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Nada, no te preocupes. Sigue durmiendo. Tenemos una habitación libre si quieres —respondió Paty.
—No, gracias. Supongo que me tendré que ir. —Entonces miré hacia la ventana, Helena se había acercado y estaba mirando hacia fuera, el sol de daba en la cara.
Aquello me chocó. ¿No se suponía que a los vampiros no les podía dar el sol?
—Son leyendas —se adelantó Paty.
—¿Eh? ¿Con quién hablas? —Helena se giró.
—Arturo se extraña de que el sol no te haga nada —respondió Paty con una sonrisa.
—Pero si no te ha preguntado… —Se produjo un silencio—. ¡Ah! ¡Estupendo! También sabe que puedes leer mentes. —Helena parecía furiosa y alarmada.
—Sabes que leer mentes no es el término más correcto.
—¡Me da igual! ¿Cuánto más sabe de nosotros?
—Tranquila Helena, no pasa nada.
—¡Sí que pasa! Se supone que nadie debe saber de nuestra existencia y tú vas y le hablas de tus dones, de nuestra comunidad y, aún por encima, le dices donde vivimos.
—No le dije nada, lo descubrió él solo.
—¿Qué es, Sherlock Holmes?
Paty se quedó en silencio.
—Te estás volviendo a callar cosas. —Helena seguía enfadada, su expresión era tensa y sus ojos habían vuelto a adquirir un tono anaranjado.
Aquello me llamó la atención, Paty seguía sin contarle cosas a Helena. Pero, ¿por qué? A través de mi conexión podía sentir su actitud defensiva y su preocupación.
—Como quieras. Pero sabiendo tanto, si nos descubren, lo pagaremos caro —Helena se sentó en otro sillón que había del otro lado de la mesa, al lado de Paty.
Entonces fijó su mirada en mí haciéndome sentir incómodo. Aquella mirada agresiva me hacía temer otro ataque y más después de lo que había pasado hacía unas horas.
—No hagas eso, le haces sentir incómodo —le reprochó Paty.
Sé quedo mirándome un poco más, entonces su expresión se suavizó.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Puedes sentir lo que yo siento, verdad? —preguntó Helena mirando ahora a Paty.
—Sí.
—¿Y tú no sabes nada?
Un breve silencio.
—Tengo mis conjeturas.
—¿Y bien?
—Son sólo conjeturas, si supiera algo con certeza te lo diría.
—Dime lo que sepas.
—Prefiero esperar.
Era evidente que Helena quería más respuestas. Pero se reprimió.
—¿Qué pasa? —pregunté. Yo no me estaba enterando de nada.
Entonces la que habló fue Helena.
—Sabes que Paty puede percibir los pensamientos y escrutar los recuerdos. Yo puedo sentir el peligro y puedo avisar y proteger a los miembros del clan. Mi vínculo con ellos hace que pueda ser como una especie de ángel de la guarda. Pero solo para los miembros de mi clan.
Ya sabía que Helena poseía el don de la protección. Paty me lo había dicho. Sin embargo, no revelé nada sobre aquello por lo que acababa de pasar. Sentí como Paty me estaba vigilando y aprobaba la decisión de que no hablara más de la cuenta.
—No entiendo muy bien qué tiene que ver eso conmigo.
—No debería tener nada que ver, eres un humano, tu olor es característico. En especial, tu aroma indica un tipo de sangre que resulta suculenta. Por eso te ataqué de una forma tan descontrolada. Seguro que los mosquitos te acribillan.
Asentí con la cabeza. Era cierto, los mosquitos parecían tener una especial saña conmigo.
—Me lo imaginaba. Existe una proteína que llama a todo ser que necesite sangre y su olor es muy característico; resulta muy tentador, como un reclamo.
—Sigo sin ver la relación de tu don de protección conmigo.
—La cuestión es que mi don de protección solo funciona con los miembros del clan familiar. Tú solamente eres un humano ajeno a todo que acaba de llegar. Lo extraño es que estoy sintiendo un vínculo contigo a pesar de que no eres del clan y eres… —Olisqueó el aire—. Indudablemente, humano.
—¿A qué te refieres?
—Que a pesar de no ser del clan familiar, y seguir siendo humano, siento un vínculo contigo parecido al que siento con Paty o con nuestra madre que me hace sentir los peligros que te acechan y me animan a protegerte.
—Se detuvo un momento—. Es más débil, sí, pero ahora quizás ya no podría atacarte.
—Ahora, dirigiéndose de nuevo a Paty—. ¿Y dices que no has tenido contacto de sangre con él?
—No, claro que no.
—Entonces no entiendo nada. Más valdría que me contaras tus hipótesis, porque esto no es normal.
Nos quedamos los tres en silencio un rato, hasta que yo recordé cómo Helena había estado al sol tan plácidamente.
—¿A qué te referías antes con lo de que eran leyendas lo de que no os puede dar el sol? —retomé la pregunta, ahora en voz alta, dirigiéndome a Paty.
—Son verdades a medias. La radiación de alta energía nos es dañina, pero eso es como todo ser vivo.
Sin embargo, nosotros somos más sensibles a radiaciones de más alta energía y por tanto, la luz ultravioleta ya nos afecta.
Pero no es mucho más que a una persona con albinismo.
Podemos estar expuestos un tiempo sin problema y con crema solar se puede llevar una vida normal.
—Y la parte de verdad, ¿cuál es?
—La parte de verdad es que los Antiguos sí que son muy sensibles. De ahí es de donde surge la leyenda.
—¿Los antiguos?
—Sí, los vampiros más viejos y líderes de nuestra especie.
—¿Entonces ellos estallan en llamas al darles el sol?
—Eso es exagerado. Como te dije, son muy sensibles a la luz ultravioleta y enseguida les produce quemaduras en la piel, de ahí surgió la leyenda.
Antiguamente cuando cogían a uno lo exponían al sol durante todo el día.
Es una muerte horrible, quemado vivo, la piel se les caía a trozos.
Como si entraran en un reactor nuclear. Su capacidad de cicatrización no era suficiente y morían.
Pero no hay llamaradas ni nada grandilocuente.
—Entonces son noctámbulos totalmente. De ahí la leyenda de que vivís y cazáis de noche, ¿no?
—Sí, se ocultan en las horas de luz. Pero además hay otro motivo para que lo hagan, su aspecto difiere mucho del nuestro.
Ante mi extrañeza Paty respondió.
—Los vampiros jóvenes de las últimas generaciones apenas nos diferenciamos de los humanos normales, nuestra metamorfosis es pequeña y resistimos bien la luz solar.
Sin embargo, cuánto más antiguos, mayor es el cambio físico.
Si observas murales y escritos antiguos verás criaturas horrendas e incluso grotescas.
Esas representaciones hacen bastante justicia a la realidad.
—Pero entonces, ¿cuántos años tienen esos Antiguos de los que hablas?
—Estás hablando demasiado… —intervino Helena con tono de atención.
Paty pareció ignorarla y prosiguió.
—En los actuales, el más mayor ronda los cinco mil años.
Me quedé estupefacto ante tal cantidad de años.
—Has dicho los actuales. ¿A qué te refieres?
—A que antiguamente ya había Antiguos, cuando éstos eran jóvenes.
—¿Y cómo eran aquellos?
—Nadie lo sabe, salvo los Antiguos actuales.
—Serían criaturas horrendas…
Paty asintió.
—Espera… Si los vampiros sois inmortales. ¿Quién fue el primero?
Entonces Helena, que estaba aparentemente distraída, volvió a clavar su mirada en mí. Paty, por el contrario, sonrió.
—Te dije que descubría las cosas él solito.
—Ya veo… Sigo diciendo que no sé si deberías revelar tanto y dar tantas pistas.
—¿He dicho algo malo? —pregunté.