EN BUSCA DE RESPUESTAS
—¡Ah! —Me dolía el labio y el sabor de la sangre me inundó la boca.
Me incorporé y tarde unos segundos en saber dónde estaba.
Empecé a apalpar todo a mi alrededor. A mi espalda había una cama y a mi izquierda un mueble.
Busqué la luz a tientas y la encendí. Estaba en mi habitación, me había caído de la cama y me había partido el labio contra la mesilla.
Me limpié la sangre y me senté en la cama.
Desde luego, aquella noche era la noche de la sangre y el dolor.
Estuve un rato así, sentado, recordando lo que había pasado y tratando de darle algún sentido a aquello.
Los últimos meses me habían pasado suficientes peripecias como para haberme sugestionado, pero también como para ignorarlas por completo.
El accidente en el trabajo, la suspensión del proyecto y sobre todo, el conocer a Paty y sus “poderes” y como yo mismo había desarrollado un vínculo totalmente inexplicable con ella.
En mi mente seguía retumbando Paty, sus pocas explicaciones sobre según qué temas y la disparatada idea que, a falta de que me lo desmintiera, se me había clavado en la mente sobre ella.
Lo peor de todo es que ya no sabía que pensar o creer, todo mi mundo se había vuelto del revés.
Había descubierto cosas que siempre había considerado imposibles y, aunque siempre fui de mente abierta y me fascinaba todo lo extraordinario, en el fondo, aunque deseara que existieran cosas así en el mundo, lo cierto es que el pensamiento moderno minimizaba la posibilidad al punto de hacer improbable que algo así pudiera existir.
¿Qué más cosas podían ser posibles si esto también lo era? Sería abrir la caja de Pandora.
Todo esto sacudía toda construcción del sentido común actual desde sus cimientos.
No obstante, nada podía negarme lo que yo había vivido.
Comenzaba a dudar de mi propia percepción, pero no veía resquicios por los que tirar y todo lo que me había pasado me decía que ya no podía descartar nada de antemano.
Me sentía muy turbado, todo podría ser nada más que mi propia autosugestión.
Entonces me acordé de los rasgos de aquel hombre y se me heló la sangre.
Acaba de darme cuenta de que el hombre que había visto en mi sueño era increíblemente parecido al atracador de hacía unas horas.
De hecho, me costaba reconocerlo, pero aseguraría que era el mismo. ¿Podía ser todo mera sugestión?
En ese momento, en medio de mi caos mental, una idea se iba haciendo cada vez más poderosa e iba cortando y hendiendo aquel tumulto de pensamientos erráticos y confusión para aparecer y reclamar su lugar en mi cabeza.
Era una idea totalmente absurda y terrible que me gustaría negarme a aceptar.
Pero, a pesar de mi reticencia y mi negativa, las piezas del rompecabezas iban encajando cada vez mejor en su sitio.
No tenía sentido, pero era la que parecía dar sentido a todo.
Había presenciado a Paty cazando para alimentarse, matando a aquel hombre para beber su sangre.
Pero, ¿por qué a él? ¿Era una casualidad?
Sin embargo, estaba en el punto de partida. ¿Qué certeza tenía de aquello? ¿Cómo podía poner a prueba mi suposición?
Entonces me di cuenta del edificio que había visto de vuelta a casa, rodeado por agua. Era la montaña hueca por la parte de atrás. Yo la había visto desde dentro del parque del Retiro, no desde la calle. Pero estaba casi seguro de que era el mismo edificio.
Había encontrado un hilo del que tirar y, aunque eran las cuatro de la mañana y estaba agotado y dolorido, me armé de voluntad me vestí y salí de casa. Tenía que ir hasta el Retiro. Cogí una chaqueta por el frío y me puse en marcha.
Bajé hasta la parada del autobús. A esas horas pasaba a intervalos grandes todavía, esperé unos minutos y entonces, llegó el primero y me subí a él. Era el único pasajero. Durante todo el camino apenas subió gente, la verdad es que apenas me fijé tampoco, iba demasiado absorto en mis pensamientos.
Cuando llegué a la parada me bajé y me dirigí al parque por la parte exterior siguiendo la verja hacia la puerta de Alcalá, reconstruyendo la ruta que había visto; temeroso y al mismo tiempo impaciente de ver si era real.
Luego de unos minutos andando, llegué hasta la esquina y miré hacia adentro.
El corazón me dio un vuelco, era tal y como lo había visto.
Mi ritmo cardíaco se iba acelerando. Comencé a recorrer el camino que había visto en mi sueño.
No lo recordaba en su totalidad sin embargo, de vez en cuando, veía algún detalle que me recordaba lo que había visto en mi ensoñación.
Continué mi caminata por las calles según recordaba.
Salí a una intersección de cuatro calles, tal y como recordaba y tomé la calle lateral de la derecha mirando todos los portales.
Caminaba despacio y cada vez con más nerviosismo y tensión.
Mi teoría cada vez se sustentaba en más pruebas.
Pero quería llegar hasta el fondo. Las piernas casi me flaqueaban y una presión en el pecho comenzaba a acrecentarse hasta que una parálisis temerosa me atenazó cuando llegué a una puerta de madera trabajada.
No sabía que debía hacer, si dar la vuelta y seguir adelante.
Lo que me extrañaba era que no podía percibir a Paty.
Si estuviera cerca debería sentirla. Lo mismo todo era una paranoia, o igual seguía soñando todavía…
En ese momento sonó un chasquido y la puerta se abrió, no lo esperaba y me sobresalté por mi propia tensión.
Al abrirse la puerta, se vio una mujer de cabellos castaños con un gorro y un abrigo.
En su brazo llevaba un bolso en el que estaba metiendo las llaves.
Me di la vuelta hacia la calle para disimular antes de que me viera.
La escuche salir a la acera y comenzó a caminar.
Sin embargo, no escuché cerrarse la puerta.
Me giré rápidamente, y vi como el portero automático la movía lentamente, pero aún no se había enganchado.
Tenía delante de mí la oportunidad, pero no tenía demasiado tiempo para decidir si aprovecharla.
Esperé a que se desviara un poco y entonces, con un paso rápido, coloqué el pie e impedí que la puerta se enganchara.
Entré con la máxima naturalidad y tratando de aparentar tranquilidad a pesar de que parecía de que el corazón se me iba a salir por la boca.
Subí las escaleras tratando de serenar mi mente.
Respiré hondo y pausado, tratado de desviar mis pensamientos y tranquilizarme.
Intenté no focalizarme en nada mientras subía peldaños a un ritmo monótono y regular para concentrarme y descargar la tensión hasta que llegué al tercer piso.
La primera puerta a la derecha era tal y como la había visto.
Ya no podía engañarme más a mí mismo, había visto a través de los ojos de Paty y estaba delante de la puerta de su casa.
Tenía una misión, quería llegar al fondo del asunto y cogí valor. Intenté relajarme otra vez controlando la respiración y manteniendo la mente en blanco. Quizás no estaba en casa, no podía percibirla.