Sálvame de tiempo. SIN RESPUESTAS
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SIN RESPUESTAS

El domingo desperté temprano, la tentación de llamar a Paty era muy grande.

Sin embargo, la intuición me decía que sería mejor dejar reposar el asunto, al menos hasta más tarde.

Para distraerme y evitar romper mi propia promesa, me puse a adecentar la casa, como todos los domingos solía hacer.

Desde luego le venía bien y por la tarde volví a salir por Madrid.

Hoy me apetecía volver al Retiro y entrar en el palacio de cristal, que el otro día no lo había hecho.

El camino ya lo sabía, así que no me complicaría más.

Tomé la misma ruta que el domingo anterior para llegar al parque. Comencé a perderme por los jardines hasta que llegué al palacio, entonces entré.

El palacio por dentro era de una belleza indescriptible, refinado, opulento y caprichoso.

Los detalles en la decoración eran increíbles y de una gran belleza.

La arquitectura y el diseño interior, elaborado.

Típico de la época en la que fue construido, pero seguía sin ver detalles que resultaran superfluos o rebuscados.

Era una decoración elaborada y hecha con pretensión, pero cada detalle, cada pequeño elemento parecía imprescindible para darle sentido al conjunto.

Estuve en el palacio un par de horas, hasta que acabé de apreciar todo su interior.

Luego, me volví a casa, y entonces, consideré oportuno llamar a Paty.

La llamé y… Nadie respondía. Decidí llamarla más tarde y, mientras tanto, preparar todo para el día siguiente.

Sin embargo, las tres siguientes llamadas tampoco obtuvieron respuesta.

Era tarde y, para no agobiarla, decidí escribirle un mensaje que podría leer cuando quisiera.

Pero, ¿qué decirle? Al final pensé que sería lo mejor ser lo más espontáneo posible y no pensar demasiado las cosas.

“Paty, creo que deberíamos hablar sobre lo que pasó anoche. Creo que podré soportar lo que me puedas decir y cualquier cosa será mejor que una despedida así.”

Me acosté y al día siguiente lo primero que hice fue comprobar si me había respondido. No lo había hecho.

Me dirigí al trabajo, como todos los días. Esta semana podía ser decisiva, quizás al fin el proyecto saldría adelante. Con esa esperanza llegué y fiché, subí al despacho y al entrar encontré a Hoffmann y a Vasilii de pie hablando entre ellos. Katerina todavía no había llegado.

—Buenos días.

Me devolvieron el saludo.

—Si no les importa voy a ir encendiendo los equipos en lo que llega Yanukova.

—Espere —interrumpió Hoffmann—. Tengo algo que comunicarles. Pero esperaremos a que llegue la señorita Yanukova para no tener que repetirlo tantas veces.

—De acuerdo.

Me fui hacia ellos y esperé de pie hasta que llegara Katerina.

No tardó mucho. De hecho, era una persona muy puntual y responsable en el trabajo. Realmente, era yo generalmente el que llegaba tarde más veces.

Katerina entró en el estudio y saludó. Sin embargo, se percató de que la situación no era normal.

—¿Sucede algo?

La miré y me encongí de hombros.

—Ahora les cuento —empezó Hoffmann. Entonces se puso a andar y se situó en frente de los tres.

—Todos ustedes saben que estábamos pendientes de una investigación para aclarar lo que pasó el día que hubo el incidente en el laboratorio estando el señor ministro con nosotros.

Todos asentimos.

—Bien. El equipo de investigación se ha formado y hasta que se concluyan las pesquisas el proyecto queda paralizado.

Ninguno de los tres pudo contener su asombro.

—Pero, ¿por qué? —preguntó Vasilii.

—Consideran que es muy arriesgado y peligroso para el equipo y para terceras personas seguir con nuestro trabajo hasta que se hayan aclarado las causas del accidente.

—Pero, señor Hoffmann —ahora hablaba Katerina—. Habíamos encontrado una buena línea de trabajo. Si paramos ahora perderemos mucho tiempo y ventaja respecto a otros.

—Lo sé. Pero no podemos hacer nada. Las órdenes son conjuntas del ministerio y del director general.

—¿Cuándo se supo esto? —preguntó Katerina.

—Me ha llegado la notificación esta mañana. Se suspende el trabajo con carácter inmediato.

—Entonces, ¿qué haremos? —Estaba extrañado de que la empresa paralizara así el proyecto con todo el equipo involucrado.

—Según el jefe del departamento de I+D, todo el equipo exceptuándome a mí, que soy el líder del proyecto, tendrá un mes libre por ahora. Es decir, ustedes tendrán un mes libre, pudiendo alargarse si la investigación no concluye.

—Pero podríamos seguir trabajando en el nuevo diseño mientras la investigación se desarrolla.

Hoffmann negó con la cabeza.

—Imposible. Se paraliza todo el departamento de diseño y desarrollo del motor de hidrógeno.

Los demás departamentos siguen trabajando, pero ustedes de momento se quedan fuera y yo debo estar presente en la investigación.

Por tanto, se suspende el trabajo. Pueden, si están interesados, desarrollar ideas por su cuenta y, cuando se reanude el proyecto, usarlas.

Pero ya saben que dentro de la empresa está todo paralizado en ese sentido.

—¿Y nuestro sueldo? —preguntó Katerina.

La verdad es que a mí también me interesaba ese asunto.

—Hablen con administración. En principio este mes se les pagará como vacaciones y si la investigación se prolonga, la verdad es que yo ya no puedo decírselo.

Todos parecíamos en shock. Se paralizaba nuestro proyecto y sin certeza de que se pudiera reanudar. Tanto trabajo y podría ser todo para nada. Si se suspendía a lo mejor nos despedían a todos y entonces, vuelta a empezar.

Entonces Hoffmann volvió hablar.

—Desde este momento pueden irse. A mí me requieren para la llegada del equipo de investigación, así que tengo que dejarles. —Se detuvo un momento—. No se desanimen, estas cosas pasan y se resuelven. Pronto estaremos trabajando de nuevo. Hasta pronto.

Hoffmann se marchó y nos quedamos los tres solos en silencio durante unos segundos.

—Vamos hasta administración, ¿no? —dije mirando a los demás—. Al menos saber cómo será con nuestros contratos.

Nos pusimos en marcha todo el grupo hasta administración.

Allí nos informaron de que, de momento, se nos computaría este tiempo como vacaciones y si la investigación se alargaba más de tres meses, se suspendería el contrato hasta nuevo aviso.

Cobraríamos un subsidio en tanto no se resolviera la investigación y durante todo el proceso deberíamos estar totalmente localizables.

Nos fuimos un poco preocupados. La verdad es que certezas había pocas.

Quién sabía lo que duraría la investigación ni cuál sería el resultado.

Además, teníamos que estar localizables.

No creía que ninguno de nosotros pensara por el momento abandonar el lugar.

Pero si la cosa se alargaba habría que buscarse la vida.

Salimos del despacho de Administración en la planta baja y nos pusimos a caminar por el pasillo hacia la puerta principal cuando Vasilii dijo.

—¿Vamos hasta la cafetería?

Katerina y yo le miramos.

—De acuerdo —respondí.

Tomamos el pasillo que nos quedaba a la izquierda, en frente de la puerta principal y fuimos hacia la cafetería. Pedimos cada uno una consumición y nos sentamos. Nos quedamos un rato en silencio hasta que yo lo rompí.

—¿Y bien? ¿Qué os parece que debemos hacer?

Vasilii se encogió de hombros, Katerina apenas levantaba la vista de su taza.

—No sé. Podríamos seguir trabajando por nuestra cuenta, pero sin el departamento de fluidos, sin nada de laboratorio ni los ordenadores y sin la certeza de volver, es un poco absurdo —dijo Vasilii en voz baja.

—Eso también me lo parece a mí —coincidí—. Es construir castillos en el aire.

Vasilii asintió, mientras que Katerina seguía callada.

—¿Estás bien, Katerína?

—Sí, es solo que todo esto me ha cogido por sorpresa.

Era evidente que algo más le pasaba, los demás también estábamos preocupados por el futuro del proyecto y del nuestro. Pero no teníamos ese nivel de abatimiento.

—Entonces estamos como al principio. ¿Qué creéis que debemos hacer? —insistí.

—¿Tienes alguna idea?

La verdad es que la tenía, miré por la ventana un instante, en silencio, y centré mi vista en los ojos azules de Vasilii. Me encogí de hombros y expuse lo que pensaba.

—Por mí, deberíamos tomarnos este tiempo como unas vacaciones, que es lo que teóricamente nos han dado, desconectar un poco y airear la cabeza.

Puede que cuando volvamos tengamos más perspectiva y las ideas más maduras y avancemos más rápido en el proyecto —entonces añadí—.

Sin embargo creo que no deberíamos dejar de vernos.

Llevamos tiempo trabajando juntos y podría ser bueno que sigamos viéndonos y hablando en un ambiente más relajado que el trabajo.

Conocernos un poco más como personas, apenas sabemos nada los unos de los otros acerca de nuestras vivencias.

Era una verdad a medias. Me apetecía pasar más tiempo con mis compañeros de trabajo en un ambiente sin tensión como era el día a día. Pero por otro lado, todo el día solo en Madrid, sin hacer nada, se me haría larguísimo. Y también distraerme un poco de Paty, me haría bien.

Vasilii estuvo en silencio un momento, como valorando la idea.

—Me parece bien —dijo al fin—. Me apetece seguir viéndoos.

—¿Y tú Katerina? ¿Te animas?

Katerina seguía en silencio, absorta.

—No sé —masculló.

—Te veo triste. Si quieres hablar de algo puedes contárnoslo.

Negó con la cabeza.

Estuvimos un momento en silencio hasta que al final se decidió.

—Está bien. ¿Cómo queréis hacer?

—Un par de días a la semana por las tardes estaría bien. ¿No? —propuso Vasilii—. Si todos podéis, claro.

—Espero que sí. ¿A qué hora y hasta qué hora quedamos?

—Pues, desde las tres de la tarde hasta… No sé, ya veremos.

—De acuerdo.

—¿Te va bien a ti, Katerina?

—Sí, no hay problema —contestó apagada.

Tanto Vasilii como yo no incidimos en el tema. Pero era evidente que a Katerina algo la traía de cabeza

—¿Nos vemos mañana entonces? —pregunté

—Nos vemos.

—Sí.

Respondieron mis dos compañeros. Acabamos lo que habíamos pedido, nos despedimos y nos fuimos.