Sálvame de tiempo. LA EXCURSIÓN #3
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LA EXCURSIÓN #3

Me quedé en silencio mirando para ella y me di cuenta de que volvía a agarrar el volante con una fuerza extrema.

Los tendones de las manos se le volvían a marcar como el día que casi atropellamos a aquel chico.

Me saqué la herida de la boca y la tapé con un dedo para hacer presión y detener la hemorragia.

—Vete…

—Pero Paty…

—¡Vete!

—Comprendo lo que te pasa, pero si todo ha ido bien hasta ahora, puede seguir yendo bien. —Sin embargo. si mi teoría era cierta era evidente que el peligro era bastante grande. Me moría de ganas de saber más de ella, pero por otra parte estaba asustado. Aquello quizás era ya demasiado.

—Sabes que es peligroso…

—Sí, pero si te has podido controlar hasta ahora…

—Pero en este momento estoy a punto de perder los estribos. Ese olor me nubla la razón.

Aquel estado de ansiedad no disminuía a pesar de que ya no había sangre en mi mano.

—No es tan fácil. El olor permanece y una vez que la veo… Vete.

—Pero Paty…

Entonces, Paty se bajó del coche y yo me temí lo peor. Pero, para mi sorpresa, se puso a correr por la calle en dirección opuesta.

—Paty, espera —grité.

La chica seguía corriendo, haciendo caso omiso de mi petición.

Me eché a correr detrás de ella. Pero era demasiado rápida, era imposible que la alcanzara.

No estaba corriendo tan deprisa como para llamar la atención, pero yo sabía que si yo llegara a recortarle distancia, ella aceleraría el paso lo suficiente como para que no la alcanzara.

—Espera —repetí.

En ese momento me di cuenta de que estaba gritando mientras corría detrás de ella y la gente por la calle se giraba y me miraba. Entonces bajé la voz algo.

—Paty, espera, tengo que hablar contigo.

—No, vete. Aléjate de mí.

Consciente de que no la iba a alcanzar, me quedé quieto. Según iban transcurriendo los segundos la presencia de Paty en mi consciencia se iba diluyendo a medida se alejaba, hasta que se hizo imperceptible. Como el silbido del viento en una ventana según la ráfaga se va extinguiendo.

En ese momento, una sensación de depresión me invadió y reemplazó la excitación anterior.

Parecía un efecto rebote de algún tipo de droga.

Me quedé quieto, inmóvil durante un rato, hasta que mis pensamientos turbulentos comenzaron a amainar.

Entonces me di cuenta de que Paty se había dejado el coche abierto, aunque se había llevado la llave.

No era probable que volviera estando yo allí.

Es más, era probable que de alguna forma me estuviera vigilando.

Me acerqué a él y cerré la puerta del copiloto, luego fui al maletero y recogí mi bolsa de deporte.

Cerré también y me marché a la parada del autobús en medio de mi confusión para que Paty pudiera volver al coche cuando quisiera.

De vuelta a casa iba completamente turbado.

Si ya estaba en un mundo al revés cualquier idea podía ser válida.

¿Era una vampiresa? Y si no, ¿por qué le afectó tanto que sangrara?

Y sobre todo, cuando me chupé la sangre.

Pero lo que más me desasosegaba era que había encontrado una criatura sobrenatural y, por algo fortuito, quizás no la volvería a ver.

Y lo cierto era que la conexión que teníamos los dos me gustaba, era maravilloso poder percibir cómo se sentía otra persona y poder interactuar con ella con esa profundidad.

Sin embargo, por otro lado, sentía temor.

Podría haber estado todo este tiempo con un depredador natural de personas.

Aquella idea aún seguía sonando absurda en mi cabeza por un momento.

Pero luego volví a reencajar todo. Lo que había vivido y había descubierto parecía irrefutable.

Sin embargo, todavía algo no cerraba en mis conjeturas.

Algo no encaja. ¿Por qué no me había hecho nada?

Es más, parecía agradarle mi presencia. ¿O acaso era todo una maniobra premeditada?

¿Me había encontrado y había mantenido esa relación conmigo solo para poder acercarse?

No, eso tampoco tenía sentido. Además, si fuera una vampiresa, en primera instancia, según las leyendas, no podría haber estado al sol tal y como estuvimos y no bebería agua.

Aunque sí es cierto que nunca la he visto comer.

Mi mente y mi imaginación eran un volcán en erupción de ideas y conjeturas, un remolino de tormenta en el que una idea era barrida por un vendaval para dar lugar a otra, la cual, podía desparecer como humo en medio de un día ventoso para volver a la original según iba analizando las distintas opciones y poniendo a prueba su solidez.

Estaba acostumbrado a ello, mi trabajo consistía en eso, todo el tiempo en apagar fuegos, análisis y más análisis, mejora de ideas, creación de otras nuevas y puesta a prueba de sus fundamentos.

Yendo absorto en mis pensamientos casi me paso de la parada.

Me bajé y me fui a casa, totalmente sumido en mis cavilaciones.

No entendía nada y en ese momento no sabía qué rumbo tomaría mi relación con Paty.

Ultimé los últimos detalles del día sin prestar mucha atención a lo que hacía y me fui a la cama sin saber si dormiría aquella noche con todo lo que había pasado y por cómo me había afectado.