UNA BUENA VELADA #3
—Tu cabeza es un tumulto de preguntas sin respuesta. Las cosas no son tan complicadas. Actúa con razón y honestidad y no te preocupes tanto de los demás. Te hace parecer demasiado servicial.
—Puede que tengas razón, pero a lo mejor es que soy así.
—La personalidad evoluciona, no es un monolito. Progresa.
Nos quedamos en silencio, observando a la gente pasear por el parque y a los niños jugar. Daba gusto ver a los niños correteando y su algarabía. Notaba como a Paty también le resultaba placentera la escena.
—Es bonito verlos, pero criarlos… —dije con una media sonrisa—. ¿Tienes hijos? —le pregunté
—No —respondió escueta.
—¿Te gustaría?
—Sí, claro. Me parece que dan alegría.
—¿Y pareja tienes?
—Tampoco.
Decidí no preguntar más sobre el tema, no percibía que la molestara. Pero eran preguntas personales.
—A eso me refiero. Mientras yo no te diga que pares no tienes que dar por supuesto que me molesta. —Me había olvidado de que podía percibir mis pensamientos.
—Es que son preguntas que pueden resultar molestas.
—Eso es lo que te quería decir antes. Te puedes arriesgar más a conocer a la gente, sin preocuparte tanto de si algo los molesta. Los demás ya son mayorcitos también para decirte si algo no les gusta.
—Me preocupa ser entrometido. Y recibir alguna mala contestación —reconocí.
—No tengas la piel tan fina.
—No es que sea fina, puedo soportar los reveses. Pero recibirlos por no ser cuidadoso o no tener educación, me duele.
—Sigues en lo mismo, no dudes tanto en la interacción con otros.
Volvimos quedarnos en silencio, hasta que decidí retomar la conversación.
—A mí sí que me gustaría tener hijos.
—¿Tú tienes pareja?
—No, yo tampoco —dije mirándola.
—¿Ves? No te ha molestado la pregunta.
—No, pero no todo el mundo puede estar dispuesto a responder o tener el mismo rasero que yo. Lo que a mí no me importa a otro puede molestarlo.
—Entonces que lo diga, simplemente —respondió Paty con seguridad.
Llevábamos ya un rato en el parque, cuando me levante y dije.
—¿Vamos?
—Sí, claro —Paty se levantó.
Entonces nos pusimos a dar un paseo, me seguía llamando la atención su forma de caminar. El día ya empezaba a oscurecer.
—¿Te apetece si cenamos algo?
—Yo no tengo hambre.
—Ya casi es de noche, yo sí.
—Pues vamos. Pero cenas tú solo.
—Me parece de mal gusto. Aunque sea poco pide algo.
—En realidad estoy a dieta, no ceno.
—Pero si estás como un palillo —dije sorprendido.
—Pero hay que mantenerse así —respondió con una sonrisa.
—Bueno, pues me cojo algo rapidito y luego nos vamos a casa.
Fuimos a un bar cercano y pedí un sándwich para llevar, comenzamos a caminar por la acera entre la gente.
—Luego vas a cenar en casa, ¿no? —me preguntó al ver lo poco que había cogido para comer.
—No sirve de nada que te lo oculte, así que, sí. Pero ahora tenía hambre de verdad —dije entre risas.
Paty se rió también.
—Sí, tu mente parecía una carta de restaurante.
Comí en silencio mientras caminábamos, hasta que acabé el sándwich, que me zampé con ganas.
—¿A dónde vamos ahora? —le pregunté.
—Esperaba que me lo dijeras tú.
—La verdad es que no tenía pensado nada.
—Ya me parecía…
—Si quieres vamos a tomar algo a un bar.
—No bebo.
—Pues a la disco pegarnos unos bailes —dije con una sonrisa.
—Todavía es temprano para eso.
—Podemos hacer tiempo…
—La verdad es que también tengo cosas que hacer y veo que tú también tienes cosas pendientes.
—Bueno, ahora ya estamos aquí. Podemos aprovechar la noche, hace tiempo que no salgo por ahí.
Paty negó con la cabeza.
—Tendremos tiempo para eso más días,. Quizás por hoy ya no está mal.
¿Me estaba emplazando a vernos otro día? —La miré con cierta sorpresa.
—Sí, podemos quedar otro día —saltó, como lo hacía con frecuencia antes de que yo formulara la pregunta en voz alta.
—De acuerdo. ¿Cuándo?
—El próximo fin de semana estaría bien.
—Por mí, bien. ¿Nos llamamos entonces?
—Claro.
Fuimos de vuelta hasta donde Paty había dejado su coche, charlando a ratos. Aunque para mí la sensación era de que la cita se había acabado de forma rápida y algo en seco, de una forma rara.
—No le des más vueltas. Las cosas surgieron de esta forma y ya está. Tendremos tiempo de sobra para pasar juntos. Yo también hace tiempo que no salgo por ahí y me gusta tu compañía.
La miré con una mezcla de orgullo y gratitud.
—En serio, no tengo que disimular y no me siento juzgada. Es una liberación poder ser yo misma.
Me halagaba que Paty se sintiera tan cómoda conmigo. Entones ella también sonrió.
—Me contagias tu alegría —me dijo.
Entonces recordé como aquel día que venía contento con los progresos que habíamos conseguido en el trabajo me había dicho lo mismo.
—Sí, aquel día también.
—Ten cuidado con andar hablando sola —le dije divertido.
Se rió. En ese momento estábamos llegando al pie de su coche. Entonces nos despedimos y nos emplazamos a llamarnos para concretar una nueva cita otro día.
Paty se subió al coche y se marchó, desapareciendo entre la marabunta de coches que circulaban por la avenida. Según se iba alejando notaba como cada vez la percibía menos, hasta que ya no fui capaz de sentirla en absoluto.
Me fui a casa, todavía tenía que tender la ropa y poner otra lavadora. Así lo hice, luego preparé la cena y me acosté.