Sálvame de tiempo. EL JARDÍN DE LA REFLEXIÓN #2
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EL JARDÍN DE LA REFLEXIÓN #2

—¿Y eso es posible? —No dejaba de sorprenderme el proceso mental de aquella chica. Sus hipótesis aunque improbables eran posibles, y refutarlas era difícil. La carga de la prueba recaía sobre ella. Pero, como solo eran teorías, había más campo para expandirse.

—No lo sé. Pero ya tienes tu grieta. De hecho parece que ya la habías visto pero no le diste importancia.

Aquello me dejó sin palabras. Lo había pensado, pero lo había descartado por absurdo. De hecho toda aquella conversación rayaba en lo absurdo, estaba en el terreno de la ciencia-ficción. Pero una cosa era fantasear por deleite y otra vivir en una fantasía.

—Quizás deberías preocuparte menos de tu fin y hacer todo lo que te propones antes de que llegue.

Si no, vas a vivir con una angustia fatal.

Y para añadirle dramatismo, ni siquiera sabes la fecha.

Es como jugar a la ruleta rusa, una tortura autoinflingida totalmente innecesaria.

Además, ¿quién sabe? Lo mismo al final estos escenarios que parecen de ciencia-ficción son posibles y puedes hasta llegar a aburrirte de vivir años.

¿No te gusta la ciencia-ficción? —remató Paty quizás para tratar de aliviar la conversación.

—Sí, me encanta. Ya te dije que disfruto conociendo otras realidades. Y que mejor manera que llenar la cabeza de cosas imposibles que una buena obra de ciencia-ficción —respondí divertido—. Superhéroes, viajes intergalácticos, futuros apocalípticos o utópicos…

—¿Y qué superpoder te gustaría tener? ¿Te gustan los X-men? —preguntó Paty.

—¿En serio estoy con una chica de, calculo que unos treinta y pico, y me está preguntando por personajes de cómics como si estuviéramos en el colegio? —pregunté sorprendido. Pero algo que me extrañaba era por qué sacaba precisamente el tema de la ciencia-ficción en aquel momento.

Asintió con la cabeza.

—Es una buena forma de conocer a alguien. Preguntarle lo que desea y lo que le gustaría tener o hacer. Habla mucho de sus valores, expectativas e intenciones. Y las historias fantásticas te dan la libertad de ser quien quieras ser.

—No sé… Soy bastante ecléctico y no soy un gran fan de ningún personaje en particular, pero quizás Jean Grey es la que mejor combinación tiene.

Telequinesis junto con telepatía, una combinación muy poderosa.

También Raven, con su capacidad camaleónica me parece un personaje muy completo.

Además, envejecía muy lento precisamente —terminé con una sonrisa.

—Hmm. Pero Jean grey tenía un lado oscuro y terrible…

—Veo que sabes del asunto. Quizás todos lo tengamos. —Paty apretó el volante un brevísimo instante, marcándosele los tendones de las manos. Ese detalle me desconcertó. ¿Había dicho algo malo? ¿Escondía algo ella y se puso nerviosa al decírselo?

Preferí no preguntar sobre ello, si había algo oculto y quería descubrirlo era mejor no ponerla en alerta. Y la verdad es que tampoco era mucho de mi incumbencia, mientras no me afectara a mí.

Entonces Paty retomó la charla.

—Además, es de ser un poco cotilla y, ¿no te parecería agotador ser como Jean? Escuchar todo el día las cosas de los demás. Muchas, ni te interesarían y otras te parecerían frivolidades y tonterías. —Se detuvo unos segundos antes de continuar—. ¿Y Raven, por qué?

—Por poder pasar desapercibido. Hay veces que te gustaría ser otra persona y, poder elegir, aunque solo sea en apariencia, solucionaría algunas situaciones. —Hice una pausa—. Y a ti, ¿que personaje te gustaría ser? ¿O que habilidad sobrenatural querrías tener? —Ahora era mi turno.

—No sé… Quizás Kitty —respondió dubitativa.

—¿Atravesar obstáculos, viajar al pasado, ambas…?

—Viajar en el tiempo es algo que a muchos les encantaría.

—Solo se me ocurren dos motivos para viajar en el tiempo —dije con seguridad.

—¿Cuáles?

—Para viajar al futuro, la curiosidad por saber lo que pasará, hacia donde vamos todos, el propósito y el destino de todo lo que conocemos y lo que nos queda por descubrir.

—Entonces empleé un tono más apagado. Mis propias experiencias pesaban en lo que iba a decir—.

Y para viajar al pasado. Los remordimientos y el deseo de que las cosas no sean así.

Todos cometemos errores y es difícil saber donde estaríamos si no fuera así.

—Supongo…

Estaba a punto de preguntarle si había tenido algún episodio que tanto la afectara como para desear cambiarlo. Pero decidí no preguntar por ello. Al fin y al cabo nos acabábamos de conocer y era algo muy personal.

—Llevo conmigo algún remordimiento, como tú dices, si es lo que quieres saber. Y creo que todo sería mejor si pudiera cambiarlo.

—No es necesario que me lo cuentes. Es tu vida y, viéndolo desde un punto de vista físico, piensa que los viajes al pasado son un nido de paradojas para no dormir. Cualquier acción desde el futuro hacia el pasado puede desencadenar todo tipo de contradicciones.

—Es que eres tan curioso que creía que querrías saberlo —dijo recuperando el tono jovial y algo burlón.

—Ya, bueno. Pero que quiera saberlo no significa que me lo vayas a contar. A juzgar por otras preguntas que has esquivado —respondí con picardía igualmente.

Paty sonrió pero permaneció en silencio. Volví a mirar por la ventanilla y vi que estábamos llegando. Seguimos nuestro camino un par de minutos más en silencio, momento que aproveche para apreciar la música que llevaba puesta. Al poco tiempo Paty confirmó.

—Hemos llegado.

Como el día anterior, al bajarme del coche me giré para despedirme, pero se me ocurrió otra idea.

—¿Me darías tu teléfono?

Me miró extrañada.

—Para si un día no puedes venir, o no voy a estar, poder decírtelo. Más que nada.

Dudó un momento pero al final accedió.

—Apunta —dijo, y me dio su número. Yo hice lo propio y nos despedimos

—Hasta mañana.

—Que pases buena noche —le deseé.

Cerré la puerta. Ella se puso en marcha y desapareció entre el tráfico. Me puse a caminar hacia casa. Miré el reloj y eran las nueve y cuarto. Todavía me daba tiempo a correr un poco antes de cenar.

Subí hasta mi casa, me puse la ropa de correr y salí a dar una vuelta.

Durante todo el trayecto seguía pensando en lo que me había dicho Paty.

No parecía muy probable lo que me había contado, se basaba totalmente en hipótesis.

El problema estaba en que teorizaba en campos en los que todavía desconocíamos mucho a día de hoy.

Sin embargo, hasta donde se sabía, no había nada que lo pudiera descartar.

Poco a poco mi mente se fue tranquilizando y volviendo a la realidad.

Pero sabía que en segundo plano mi subconsciente seguiría dándole vueltas al asunto y cualquier día me sorprendería con alguna idea o razonamiento sorprendente.

Le pasa a todo el mundo, de repente te das cuenta de algo y ni siquiera pensabas en ello.

Error, tu parte consciente no, pero tu subconsciente está a toda máquina haciendo el trabajo con la información que tú le has dado.

Luego de media hora completé la ruta y subí hasta mi estudio para preparar algo de cena y a dormir. Estaba rendido luego de la noche de insomnio que había tenido. Cené rápido y me acosté.