INSOMNIO #2
—Sí, la hipótesis de Ferreira es buena. Hemos hablado con el departamento de fluidos y creen que es muy posible que el fallo se pueda deber a ello.
Esta semana no pueden ayudarnos. Pero ya hemos acordado con ellos un grupo de trabajo para estudiarlo y para comenzar a trabajar en los nuevos diseños la semana que viene.
Hasta entonces, Podolsky y yo empezaremos solos estableciendo los requerimientos básicos y los objetivos y, si nos da tiempo, empezaremos con los cálculos preliminares.
En ese momento se me vino a la cabeza una idea que podría ser útil.
—Quizás sería conveniente que los conductos tuvieran longitudes lo más parecidas posibles para facilitar los cálculos.
—Ciertamente —contestó Hoffmann—. Ya lo habíamos pensado y eso intentaremos hacer.
Asentí con la cabeza y me interesé por el cometido que nos correspondía a Katerina y a mí.
—Entonces, ¿Yanukova y yo seguimos con el estudio de los datos de la anterior simulación? —pregunté
Hoffmann asintió.
—¿Alguna vez ha tenido problemas de esta envergadura durante su carrera? —preguntó Katerina.
Hoffmann esbozó una sonrisa. Parecía divertido.
—Muchos, desde luego.
Entonces, Hoffmann nos estuvo contando sus peripecias a lo largo de su carrera de diseñador y probador. Todos escuchábamos con atención las experiencias que compartía con nosotros. Hoffmann parecía disfrutaba contándonos cada detalle, cada problema y cada una de las soluciones que adoptaron.
A mí me llamó especialmente cuando, durante el diseño de una turbina de aviación, creían haber encontrado una forma de potenciarla haciendo turbinas más compactas y potentes hasta que se dieron cuenta durante la fase de ejecución que, por un despiste, habían empleado relaciones de compresión y expansión distintas.
Un despiste absolutamente infantil que tardaron semanas en detectar.
Era algo con lo que me identificaba mucho, a pesar de mi escasa experiencia, pequeños errores me habían dado grandes dolores de cabeza.
Siempre había sido un despistado, como siempre me recordaba mi tía, que a veces se enfadaba conmigo.
Estaba tan absorto en mis pensamientos que a los cinco segundos de decirme algo ya se me olvidaba.
Y durante mi hasta ahora todavía corta trayectoria, ya me había encontrado de bruces con mis propios errores triviales.
La comida continuó con todos escuchando a Hoffmann y preguntándole sobre sus avatares.
Hasta entonces nunca había visto esa faceta tan cercana de Hoffmann, parecía un padre contándonos sus vivencias, su expresión era relajada y amable.
No había rastro de la rectitud y el rigor habitual.
Se le veía ilusionado con la perspectiva de nuevos avances.
Acabamos la comida y nos levantamos para volver a la oficina. Ahora volvíamos todos juntos. Iban a ser las dos de la tarde.
Cuando llegamos, Katerina y yo volvimos a nuestro sitio mientras que Vasilii y Hoffmann se pusieron a trabajar juntos en los nuevos conductos.
Katerina y yo nos sentamos juntos de nuevo, nos miramos y me dijo.
—¡Manos a la obra!
Levanté el pulgar en gesto de aprobación y sonreí. Ella me devolvió la sonrisa y continuamos nuestra tarea.
Trabamos hasta las seis cuando Hoffmann anunció.
—Bien, por hoy es suficiente, pueden irse a casa.
Todos nos levantamos, recogimos nuestras cosas y nos despedimos. Todos se iban a casa excepto yo, que me tocaba una de academia, como todos los martes y miércoles.
Dos días a la semana iba a la academia para mejorar mi inglés y viernes y sábados me había apuntado a un Do-jo para mantenerme en forma. Además, siempre me habían interesado las artes marciales.
Por suerte, la academia no estaba lejos de las instalaciones de HPower.
Se encontraba a una distancia similar a la parada de autobús pero en dirección opuesta.
Podía ir andando y, por suerte, hoy no llovía.
Siempre había llevado una vida en movimiento y tanta oficina me resultaba limitante.
Era un alivio poder andar ese trayecto y ejercitar las piernas.
Por el camino se me vino a la mente Paty.
No me había acordado de ella en todo el día excepto por la mañana, cuando le conté a Katerina como había tenido la idea de los conductos.
Pero ahora se me acordé de ella como si fuera algo importante que tenía que recordar y se me hubiera olvidado todo el día.
Continué caminando hasta llegar a la academia, pensado con qué me sorprendería hoy.
Llegué a la academia, subí a la primera planta donde estaba mi grupo, llamé a la puerta, entré en clase y saludé. Me senté en mi sitio habitual al lado de la ventana y saqué papel y bolígrafo para tomar apuntes.
Hoy tocaban pronombres y su posición. La gramática todavía la llevaba floja también y en vocabulario a veces me quedaba sin palabras.
Una hora de clase y para casa. No parece mucho pero aunque Anne, nuestra profesora, era increíblemente paciente y exponía los conceptos de forma clara, después de un día de trabajo extenuante, yo no daba ya más de mí.
Salí de la academia. El sol ya iba bajando, pero todavía quedaba un ratito de luz, ya estábamos a finales de abril. Entonces, me dirigí hacia la parada del autobús, que era donde ayer me había recogido Paty y, sin decirle otra cosa me iría recoger allí de nuevo. Al menos, eso esperaba.
Llegué al punto acordado a las ocho y diez y me puse a esperar, llegaron las ocho y cuarto y seguí esperando, y veinte, y veinticinco. Lo mismo se había arrepentido.
Me puse a dar pequeños paseos por la acera. Estar quieto sin hacer nada y esperando me ponía de los nervios. Ocho y media, nueve menos veinticinco mi ansiedad crecía. Lo mismo no había podido llegar antes y si me marchaba la culpa sería mía. Nueve menos veinte.
Bueno, pues habrá que buscarse otro medio para llegar a casa.
Aunque quería de verla, si no aparecía, no aparecía. No era para tanto, tampoco había que tomárselo a pecho.
En ese momento me sentí más tranquilo y aliviado.
Me giré para volver hacia atrás y vi un coche como el suyo doblando la curva.
¿Sería ella? En ese momento recuperé las ganas de verla.
Me acerqué al bordillo, el coche puso la intermitente y redujo la marcha hasta parar casi a mi altura.
Me acerqué un poco y, efectivamente, era ella.
Seguí con paso decidido hasta la puerta de atrás, la tanteé pero estaba bloqueada, le di unos toquecitos en la ventanilla y, con un suave golpe se abrieron los seguros. Tiré de la manilla de la puerta y entré adentro.