Sálvame de tiempo. UN DÍA EXTRAÑO #2
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UN DÍA EXTRAÑO #2

Vasilii es alto, delgado y de ojos azules, pelo rubio y lacio siempre bien peinado, sus facciones son menudas y da la impresión de que apenas llega a los veinte años cuando, realmente, es mayor que yo.

Ya va mediando la treintena y lleva ya varios años en esta empresa.

Es la mano derecha de Hoffmann en las pruebas de laboratorio.

En cambio, Katerina anda en los veintiocho y, por lo que sé, estuvo trabajando en algunas empresas de ingeniería en Ucrania.

Sin embargo, el sueldo no tenía color y decidió probar suerte.

Desde luego, es una persona brillante. Sus ideas en ajustes finos habían hecho que progresáramos mucho estos últimos meses.

Físicamente ronda el metro setenta, castaña, pero de ojos grisáceos, pelo ondulado normalmente atado en una cola de caballo y con una complexión fibrosa de hacer mucho deporte.

—¡Muy bien, ya estamos todos! Cada uno a su puesto.

Vamos a continuar con la prueba del otro día —dijo Hoffmann señalando el motor que estaba en la urna, era una réplica del anterior que se había construido para tener un motor de reserva en caso de avería grave del principal—. Realicen los ajustes de partida.

Me senté al lado de Katerina. Esa tarea era nuestra. Nos llevó casi un cuarto de hora introducir todos los parámetros de nuevo en el programa de pruebas. Había que empezar de cero.

—Ya está todo listo señor Hoffmann —anunció Katerina.

—Perfecto, arránquenlo —ordenó Hoffmann.

Comenzamos el arranque. Al igual que la última vez, el arranque fue suave.

Lo dejamos girar así unos segundos observando los parámetros proporcionados por el programa.

Todo parecía en orden, par motor con poca oscilación, vibraciones dentro de lo aceptable en los principales armónicos y equilibrado adecuado.

—Eleven el régimen de giro hasta su valor de trabajo y comiencen el proceso de carga —dijo Hoffmann mientras observaba los datos.

Yo comencé a elevar las revoluciones y, una vez alcanzada la velocidad adecuada, Katerina aumentó la carga al freno.

Al principio todo parecía ir en orden como la anterior vez.

Sin embargo, al alcanzar los quinientos Newtons por metro de par de freno, las vibraciones comenzaron a hacerse violentas otra vez.

En la pantalla se veían picos muy grandes de par y el momento de sacudimiento comenzaba a dispararse.

—Manténgalo ahí y probemos con diferentes ajustes —dijo Hoffmann alzando la voz por encima del ruido mientras señalaba el monitor donde trabajábamos Katerina y yo.

Entonces Hoffmann comenzó a dar indicaciones.

“Adelanten el encendido de cilindro”. La vibración se hacía más violenta.

“Retrásenlo”. La vibración se atenuaba algo, pero el encendido retrasado provocaba una caída de par abrupta y que las combustiones fueran tardías con explosiones violentas en el conducto de escape.

—Podolsky, ¿qué ve en el monitor de cilindros? —preguntó Hoffmann.

—Encendido irregular en los cilindros uno y seis y fluctuaciones en el dos y el cinco —respondía Vasilii.

Estuvimos un buen rato probando configuraciones, cargas de freno y revoluciones hasta que Hoffmann parecía satisfecho.

—Muy bien, tomemos todos los datos obtenidos con los diferentes ajustes y analicémoslos.

Por hoy no haremos más pruebas, ya tuvimos bastante el otro día.

—Esta vez Hoffman no se quería arriesgar.

Estaba en una situación muy precaria, le habían dado permiso para seguir trabajando hasta que se formara la comisión de investigación, pero en cualquier momento podría pararse todo y si hubiera otro accidente lo mismo nos íbamos todos a la calle.

Paramos el motor y se hizo un silencio reconfortante luego de tanto escándalo.

—Yanukova y Ferreira. Ustedes estudiarán las configuraciones de encendido para detectar dónde está el fallo.

Podolsky y yo iremos a hacer el informe y estudiaremos las gráficas de vibración frente a carga y revoluciones a ver si les podemos aportar algún dato que les ayude.

Mañana continuaremos con los avances obtenidos —y dicho esto, Hoffmann se levantó y abandonó el laboratorio y, detrás de él, le seguía Vasilii.

Ambos se despidieron al pasar a nuestra altura.

Me giré hacia Katerina y la miré, ella me devolvió la mirada y una tímida sonrisa al tiempo que se giraba para comenzar a examinar toda la serie de datos. Una tabla interminable de valores que medía cada sensor en un tiempo determinado, había allí trabajo para varios días.

—¿Qué te parece? —le pregunté a Katerina.

—Ni idea. Solo sé que analizar todo esto nos llevará una eternidad y sacar algo en claro otro tanto —dijo mientras repasaba los datos en el monitor.

—¿Alguna idea de por dónde empezar?

—Esperaba que me lo dijeras tú —me dijo girando la cabeza hacia mí—. A fin de cuentas, tú eres el de energías, yo soy de sistemas de control.

Esbocé una sonrisa, y eché un vistazo a los datos que teníamos.

—Bien, ¿qué te parece si empezamos por graficarlos?

Haremos varias gráficas paralelas para cada valor en función del ajuste y para distintos regímenes de giro.

Así veremos ajustes frente a resultados en cada punto, podremos comparar el funcionamiento estable con el inestable y el análisis será más fácil.

—¡Pero eso son un montón de gráficos! —exclamó—. ¡Nos llevará una eternidad!

—Sí, ya lo dijiste tú hace un momento —comenté con tono bromista. Sin embargo en ese momento adopté una expresión más neutra, había mucho por hacer.