Salvaje (Destrucción nº 2) 27
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DESGARRO

Alaska

El pecho me palpita con fuerza. Markos analiza cada pequeña seña que hago, cual depredador a punto de atacar. Las piernas me tiemblan, todas mis malditas terminaciones nerviosas se elevan.

El corazón parece salirse de mi pecho cuando tensa la mandíbula. Finjo desinterés, como si lo dicho fuera un invento de Briana, pero nada cambia. Sus ojos se oscurecen.

—¿Alaska?

El aire se queda atorado en mi garganta. Se va, y uno de sus hombres lo sigue. El ruido del auto encendido se escucha desde fuera.

«No puedes rendirte ahora».

Me enfoco en la cámara. Ellos reparan todo de mí, desde lo que hago con mis manos hasta lo que proyecto con mi rostro. Si algo he aprendido de este mundo es a cuidar mi lenguaje no verbal.

Suelto una risa.

—Primero que nada, me gustaría saber quién es esa niña. ¿Modelo?

—La nueva adquisición de la competencia de Level Gold —Ryha aclara—. Sin duda, alguien a quien no le agradas.

—Tú misma lo has dicho: son medidas desesperadas. Las empresas que no han podido hacerse un espacio en el modelaje tienen que aceptar lo que venga.

—Está bien fea la joven. ¿Es lo que dices?

Quieren crear polémica.

Sonrío.

—Es lo que tú estás diciendo, no yo. —El público en el set se ríe—. Soy partidaria de que la belleza no solo se muestra por fuera, sino también por dentro. Para alguien que tiene un sinfín de operaciones… no debe de ser fácil.

Sueltan carcajadas.

—Ay, vamos, Ryha —continúo—. ¿Cuántas te has hecho?

—Las mismas que tú, cariño.

—Pues siempre me has criticado que no tengo senos con silicona, ¿verdad? Me gusta mi cuerpo natural. No necesito agregar o quitar nada de mí para sentirme linda.

Los fans presentes en el estudio aplauden. No tiene más opción que sonreír.

—Entonces niegas las acusaciones.

—¡Pero si ustedes han seguido mi carrera desde el inicio!

Si hubiera estado embarazada, se habría notado.

Lo que me sorprende es que le den pantalla a novatas que solo hablan por fama.

Aunque la entiendo, con su desesperación, cualquiera utilizaría lo que sea.

La chica es… —Callo a propósito, todos se ríen—.

Es simpática. Digo, tiene un perfil interesante, aunque el cabello…

—Cariño, parece chita —Ryha responde.

—Briana, te hago un cambio de look gratis —otro de ellos habla—. Pero nada igual que nuestra queen of shadows. ¿Vieron que se vestía como Alaska? Lo original vale mucho más que una copia.

Se burlan. Si hay algo que Briana odia es su cabello. Logré introducir la cizaña, ahora son ellos quienes hablan de ella.

—Oye... ¿y tu galán? —Ryha continúa—. Has dejado con el corazón roto a todos los que pensaban que tenían una oportunidad contigo. ¿No tenías una relación con tu guardaespaldas?

—Yo jamás dije que estaba en una relación. Ustedes lo asumieron por sí solos.

—¡Ay, no! ¡Si te la pasabas con él, hasta de la mano!

—Era su trabajo.

—Entonces… ¿el verdadero galán es un magnate?

Sonrío.

—Por mi contrato con Level Gold, no podía decir si era soltera o casada, pero en realidad estoy feliz. El... amor es lo que sobra en nuestra casa.

Mis palabras parecen un cuchillazo a mis venas. Aun así, muestro mi mejor cara. Lo que viene hace que mi energía aumente.

—Les agradezco a todos por su preocupación.

Estoy bien, y no tengo nada que ver con el atentado.

Es difícil querer tener una vida tranquila cuando se es una persona pública.

Este era un viaje en pareja que no terminó de la mejor manera.

Los disparos nos sorprendieron, tuvimos que mantenernos en resguardo.

—Pero, ¿sigues en Japón?

—Por mi propia seguridad, no puedo revelar mi ubicación. Saben lo difícil que es vivir un secuestro… Tengo una amenaza de muerte, por lo que pido públicamente garantías para mi vida.

—Espera… ¿Esto es por el mismo hombre que describías en el libro de la mafia?

Callo.

En el libro que escribí mencioné a un hombre y una empresa fantasma con la que lavaba dinero. Muchos esperan saber la identidad de mi secuestrador. La policía lo perseguiría, bloquearía sus alcances.

El sabor a venganza palpita en mi interior. Las visualizaciones aumentan. Bajo la mirada, a punto de hacer la mejor jugada de mi vida.

—Viktor Smirnov, un alto traficante que quiere tenerme bajo tierra. Opera bajo una falsa empresa llamada Smirtap. Solo pido garantías por mi vida.

Suelto, dejando a todos con la boca abierta. La transmisión se corta.

Dejo caer mis hombros tensos cuando todo se apaga. La información que hay en el libro es una lista de daños; muertes, asesinatos, contratos ilícitos que hizo Markos, pero que ahora lo atribuirán a su enemigo.

Acabo de hundir a Smirnov, por ende, también a Briana. Un sabor agridulce florece en mi garganta.

—Señora, las consecuencias serán... brutales —me advierte el escolta. Aún tiene la cara pálida.

—Asumo la responsabilidad.

Camino hacia la ventana. No suelo fumar, pero esta vez lo hago para calmarme.

—Tú y yo siempre juntos —murmuro, mientras acaricio mi pequeña pulserita de oro.

El reloj sigue su curso, pero pasan horas y Markos no aparece. Mi mente empieza a sobrepensar, aunque quiera calmarme.

¿Y si no me cree?

¿Y si realmente esa perra sembró la duda?

¿Y si descubre la verdad?

Insisto en saber dónde está, pero nadie lo ubica. El escolta a mi cargo conecta la señal de internet para hablar con Sky y lo primero que se escucha de fondo son las noticias.

—Señora.

Miles de europeos están contra las empresas de Smirnov.

«Son narcos, no les compren».

La policía internacional empieza a dar declaraciones.

«Investigaremos más el tema».

No se debe presumir lo que uno es capaz de hacer hasta que realmente lo hace. El mundo no está diseñado para las buenas personas, sino para quienes saben aprovechar sus oportunidades.

Y yo jugué la mía.

Se hace de noche. Mi cabeza está en llamas al no saber de Markos. Desde la ventana, veo cómo un hombre se acerca. Habla con el guardaespaldas. En minutos, el escolta me trae noticias.

—El avión que el señor Van Loren solicitó ya está en tierra. El amo tuvo que adelantarse por un problema. Un informante acaba de llegar y dice que las revueltas siguen, es peligroso que la mantengamos aquí. Debemos llevarla ahora mismo. Tenemos una hora.

Se largó porque no quería verme. El guardaespaldas ha estado con nosotros desde que pisamos este lugar, incluso junto a Markos. No mentiría.

Asiento.

—¿Cuál es tu nombre? —Necesito saber con quién hablo.

—Omar, señora. Siempre a sus órdenes.

—Quiero una daga. Dame una de las que tienes.

Accede. Me aprieto la blusa, compruebo que mi cuchillo esté en el bolsillo y salgo en silencio.

—En mi auto —dice el informante—. Podrían tener las placas del que tienen ahora.

Omar no deja que el otro me toque. Me abre la puerta y se sienta a mi lado en la parte trasera mientras el mensajero maneja.

El ambiente es tenso, por lo que trato de distraerme. Le pregunto si tiene familia y tímidamente me responde. Tal vez piensa que no es propicio, pero a mí me gusta escuchar historias de la gente.

—Tengo dos hijos. Soy parte del imperio Van Loren desde hace muchos años.

—Pero vives aquí.

—Sí, señora.

—¿Eres parte de la Fuerza Negra?

Abre los ojos con sorpresa.

—Eso sería un gran privilegio, a donde todos aspiramos llegar. La Fuerza Negra siempre está oculta. Son más de doscientos hombres entrenados para ser invisibles.

—¿Como los Red Men? —tanteo.

—Los Red Men solo entran en algunas contiendas, las más sangrientas.

La Fuerza Negra, en cambio, es más un poder en masa.

Un ejército de la mafia que ataca con tecnología y estrategia.

Yo fui criado en las pandillas, pero mi dominio del idioma hizo que me enviaran a este país antes de seguir entrenando.

El hombre solo confirma lo que sospechaba.

Froto mis hombros por el frío que empieza a azotar la zona. Me cubro con el abrigo. Pasamos una gran carretera con carteles en japonés que apenas se ven.

—¿Y tú cómo te llamas?

El mensajero no responde.

—Te hice una pregunta.

Frunzo el ceño.

Todos los hombres de Markos responden al instante. Temblando o no, lo hacen. Este no. Entonces lo noto. Nos desviamos del camino.

El escolta me mira de reojo y saca su arma, pero pongo una mano encima. Lo ataco de otra manera. Cruzo mi brazo por el cuello del conductor y el auto tambalea.

—Ai muri, ai putea —grita, con acento rumano—. Usted va a morir, maldita zorra.

Me clava un cuchillo en la mano para que lo suelte. Aguanto el ardor hasta romper la luna del auto con mi pierna. Omar y yo corremos con todas nuestras fuerzas. En el camino, vemos viejas bodegas abiertas. Entramos, pero nos perdemos en un laberinto de callejones.

—Sky, nos atacan. La señora Van Loren en riesgo —Omar trata de comunicarse—. ¡Sky!

Grita cuando le disparan en la pierna.

Le quito el arma, me bato a balazos con el tirador, pero enseguida los pasos de otros se escuchan.

—Escóndase, señora.

—No.

—¡Por favor, hágalo! La quieren a usted. ¡Corra!

La sangre fluye caliente por mis venas, miro hacia los costados y pronto me acorralan. Tres hombres me apuntan con sus armas. Levanto las manos, fingiendo que me he rendido, entonces me lanzo entre los callejones.

—¡Zorra!

Un golpe en mi cara me noquea.

Las risas se alzan. La sombra de un hombre se presenta. Me jalonea del brazo y me da una bofetada.

—Así que eres tú, la puta de Siniestro. —Lame mi sangre—. Ahora entiendo tantas cosas...

Me arrastra hasta la luz y veo su figura. Alto, maduro, con un marcado acento rumano. Mis ojos se agrandan.

Viktor Smirnov.

—¿Te gusta el golpe, hermosa Alaska? —Posa sus labios sobre los míos—. Por fin siento lo que mi mayor enemigo experimenta cuando te besa.

Río.

—Tenías que ser tú. Atacando por la espalda. ¿Así le lloras a la hembra que acaba de hundirte? ¿O es que te impacta ver una mujer con agallas? —escupo.

Vuelve a bofetearme y río.

—Me excitas, naibii de femeie. Vas a pagar lo que has hecho.

—Disfrutaré al ver tu sangre cuando Siniestro te hunda.

Sonríe.

—¿Hundirme? No mientras tengo lo que más anhela… —Empieza a olerme—. Durante años busqué su debilidad y no hubo ninguna hasta que tú llegaste.

Acaricia mi rostro.

—¿Ya le dijiste que te embarazó y te largaste sin que lo supiera? ¿Le contaste que mi mujer, Briana, mató a tu hijo?

Mi respiración se corta.

—Qué excitante debe haber sido quitártelo, pedazo a pedazo mientras tú llorabas su pérdida.

Mis ojos pican.

—¿P.M.? —Levanta mi mano y ve mi esclava—. Tan estúpida…

Las lágrimas me nublan la vista. Mis dedos se cierran en el cuchillo que agarro de mi pantalón. Se lo clavo y atrapa mi muñeca.

—Eres rápida, pero no más que yo. No te preocupes, esto no durará mucho. Él vendrá por ti y lo mataré con mis propias manos. ¿Quieres saber por qué nos odiamos?

Sus dedos se cierran en torno a mi garganta.

—Le quité lo que más quería. Su madre fue mi amante, aun cuando yo era un adolescente. Nos encontró follando y no pudo soportarlo.

Abro los ojos con fuerza.

—Mató a mi único hijo en venganza. No contento con ello, me arrebató todo lo que tenía. Ese día nos declaramos la guerra. Aunque ahora… las cosas cambian.

Da un paso atrás, apuntándome.

—Pagará con lo único que le importa. Pronto le harás compañía a tu hijo…

Aprieta el gatillo.