Capítulo 34
Dos meses después.
La última canción termina y el público ruge mientras Mia y los músicos hacen reverencias en el borde del escenario.
Erin se frota la piel de los brazos cuando la atraviesa otro escalofrío de emoción de los muchos que sufre durante la actuación.
La gira acaba aquí para todos y para ella terminan los cuatro meses más intensos de su vida.
Los ojos se le humedecen y trata de respirar con calma.
No se imaginaba sentirse así cuando llegara este momento, pero ha llegado y se da cuenta de cuánto le gusta esto.
Le encanta viajar con la gira aunque varias veces haya perdido la noción del tiempo y le haya costado pensar unos segundos de más para saber dónde están. Le gusta este ritmo, entre loco y estresante, que hace que los días le pasen volando y que las noches sean demasiado cortas junto a Mia.
Su relación con Nell se ha estrechado y la mujer se ha convertido en algo parecido a una segunda madre para ella.
También ha hecho una gran amistad con Lexie Farhall, con la que suele tomarse una copa cuando tienen tiempo y logran coincidir.
A Noah le ha cogido tanto cariño que lo considera un hermano más que un amigo.
Echará de menos a varias personas del equipo técnico con las que ha tratado casi cada día, y después está la cantante, por quien Erin siente cosas tan intensas que ya no se molesta en intentar definirlas.
Tampoco le asustan como antes: ha asumido que está enamorada de la chica con el pelo de color lavanda, que la diferencia de edad entre ellas no les importa a ninguna y que está dispuesta a sortear cada dificultad que se les presente.
Tras otro rugido del público que parece interminable, las luces se apagan y la cantante y los músicos bajan del escenario con ayuda de linternas.
Mia avanza siguiendo la luz hasta que la ve y camina hacia ella con los ojos tan húmedos como los de Erin.
No solo está emocionada por el final de una gira que le ha traído tantas cosas, sino porque es el último día que Erin pasará con ella.
Se abrazan sin necesidad de hacer otra cosa y Mia acaba llorando porque tiene las emociones a flor de piel. Erin le besa el cuello y no se molesta en tomarle las constantes porque ahora tiene el pulso por las nubes.
—Ve a ducharte —susurra, limpiándole las lágrimas con los dedos—. Iré en diez minutos.
Mia se sorbe los mocos, se dan un beso y se aleja por el pasillo. Erin camina hacia Nell, que la espera con los brazos cruzados junto a un altavoz gigante que por fin está en silencio. Se miran y la doctora siente que se le aprieta la garganta justo antes de que la mujer sonría y abra los brazos.
—Iré a verte cuando pase por Nueva York —asegura Nell mientras la estrecha con fuerza—, y espero que tú te escapes y vengas a Baltimore a visitarme.
—Te lo prometo —Erin se limpia las lágrimas.
Mañana Nell coge un vuelo temprano para volver a su casa y preparar la siguiente gira que tiene que dirigir, así que esta es la última vez que la verá.
Pasa los siguientes minutos despidiéndose del equipo y, finalmente, tras hacerlo también de Jude con un gesto seco que hace con la mano, camina hacia el vestuario, del que salen media hora después acompañadas de la seguridad de la cantante.
Se dirigen a una puerta trasera donde las espera un coche, pero como siempre, hay fans de la cantante que de alguna manera mágica encuentran la manera de llegar a cualquier parte.
Salen cogidas de la mano y Mia se pega a ella para posar ante los flashes que se disparan.
Ya es oficial que están juntas de cara al mundo.
Tras hablarlo entre ellas y después con Noah y el publicista de la cantante, Mia hizo una breve declaración en redes sociales afirmando que salía con la doctora de forma oficial y, aunque a Erin le costó acostumbrarse al acoso de las primeras semanas, ahora se ha habituado y no le molesta posar con ella.
Se mete en el coche mientras Mia firma algunos autógrafos y, cuando finalmente sube la cantante, el chófer pone el vehículo en marcha, solo que, en esta ocasión, no van directamente al hotel, sino que han pedido que las lleven a un mirador que Erin encontró buscando cosas que hacer en la ciudad y que ambas quieren visitar antes de irse.
Para llegar, tienen que serpentear por una carretera estrecha que asciende durante veinte minutos; después el chófer se mete por un camino de tierra donde circulan un par de kilómetros hasta que al fin las luces del vehículo iluminan una baranda de madera que delimita el precipicio.
El hombre se detiene a varios metros tras girar el vehículo y dejarlo preparado para volver.
Ellas se bajan, se ponen una chaqueta para protegerse del frío y caminan hacia el mirador junto a un guardaespaldas que da una vuelta por la zona y, tras asegurarse de que no hay nadie lo suficientemente cerca, se aleja varios metros y se vuelve invisible.
—Es bonito —murmura Erin, mirando las impresionantes vistas de la ciudad desde ahí arriba.
—Sí —confirma la cantante, y se gira hacia ella para abrazarse a su cuerpo mientras sus ojos se pierden entre las luces—. Te voy a echar de menos —asegura en un susurro.
Erin, que le ha rodeado los hombros con el brazo, baja un poco la mirada para encontrarse con los ojos de la cantante, que se ven oscuros en medio de la escasa iluminación de la zona.
—Serán dos semanas.
—Que se harán muy largas —el tono dramático de Mia hace reír a la doctora.
Aunque la gira ha terminado oficialmente, a la cantante todavía le quedan un par de viajes antes de volver a Nueva York, donde podrá descansar unas semanas antes de empezar a preparar el nuevo álbum.
Primero volará a México en un par de días para grabar un miniconcierto a capella en la ciudad, estarán cinco días allí haciendo entrevistas y después volarán a Canadá para asistir a otra entrega de premios en la que la artista está nominada.
Erin no puede acompañarla. Violette negoció cuatro meses con el hospital y se cumplen en un par de días, así que debe volver para reincorporarse.
—¿Estarás bien? —pregunta Mia, pero no lo dice por ellas, sino porque sabe que Erin ya no quiere aquello.
—Sí, no te preocupes —la doctora le aparta un mechón de pelo hacia atrás y después se inclina sobre la baranda, apoyando los brazos mientras mira hacia el infinito.
No llegaron a un acuerdo con Jude. El agente no se opuso a que Erin fuera parte del equipo como médica oficial de Mia de forma prioritaria y también de los demás, pero se negó en redondo a darle la autoridad que pedía.
Se puso rojo y empezó a decir que una mala decisión podía costarles mucho dinero, que se debían al contrato firmado con la discográfica y al cumplimiento de las fechas de las giras.
Empezó una retahíla de razones por las que solo él podía decidir lo que se hacía en cada momento hasta que Mia explotó de repente, le dijo que estaba harta, que sin ella no había gira, ni contratos ni patrocinios, y exigió que se aceptaran las condiciones de Erin.
Jude la miró, perplejo al principio, pero después se sobrepuso a la sorpresa y dijo algo que Mia no se esperaba.
La amenazó con hundirle la carrera, recordándole que él tenía todos los contactos y que, si se lo proponía, podía hacer que nadie más quisiera contratarla.
Mia abrió la boca para decirle que estaba despedido, pero la cerró cuando sintió la mano de Erin en su pierna.
—De acuerdo, con tus condiciones —aceptó la doctora, porque no quería provocarle ese estrés a Mia y que acabara desmayada.
—¿Por qué has aceptado? —preguntó la cantante cuando entraron en la habitación, cargada de rabia—. Iba a despedirlo; si cree que puede amenazarme…
—Cariño —Erin le sostuvo la cara entre las manos y Mia sintió que todo su cuerpo hormigueaba—, no entiendo mucho de esto, pero no creo que puedas despedirlo así como así; también tendrá un contrato.
Además, no puedes tomar estas decisiones en caliente, ni hacerlo a lo loco y quedarte sin agente de repente.
No quiero que discutas por mí, no merece la pena.
Seguiré negociando con él como hasta ahora y ya está, no pasa nada.
La cantante se abrazó a ella sin decir nada mientras Erin le acariciaba la espalda para relajarla, pero para Mia sí que pasaba algo.
Jude jamás la había amenazado así ni le había mostrado su verdadera faceta.
Agradecía que Erin la hubiera detenido porque sabía que tenía razón y que no podía actuar movida por la rabia, pero hablaría con Noah sobre esto y juntos concertarían una videollamada con Violette para asesorarse sobre las opciones que tenía.
Ahora siguen ahí, mirando las luces de la ciudad mientras el aire frío las hace estremecerse, pero también las va relajando.
—Cuatro meses es mucho tiempo —se lamenta Mia.
Erin suelta el aire por la nariz y no dice nada.
Tras decidir que iba a dejar su trabajo en el hospital, se puso en contacto con recursos humanos y, después de una reunión por videollamada que tuvieron unos días después, le explicaron que en su contrato estaba firmada la cláusula de avisar de una renuncia definitiva con seis meses de antelación, y no hubo manera de que cedieran en eso, así que ahora tendrá que trabajar los cuatro meses que le faltan antes de poder dejarlo.
—El tiempo pasa rápido —responde al fin, y la mira de reojo con una pequeña sonrisa.
Sabe que se van a ver muy poco porque, cuando la cantante regrese a Nueva York, ella estará metida en turnos imposibles que solo les dejarán algunos huecos, y esos ratos no coincidirán siempre con la agenda de Mia, que solo tendrá un mes de descanso completo antes de empezar a trabajar de nuevo, pero lo considera una prueba: si superan eso, podrán con cualquier cosa.
Mia se pega más a ella y le da un suave empujón con la cadera.
—Podríamos hacer esto más veces —sugiere, refiriéndose al mirador—, buscar sitios tranquilos con buenas vistas y visitarlos por la noche; me gusta esta calma.
Erin está de acuerdo, le acaba de coger la muñeca para tomarle el pulso y tiene un ritmo suave que no tiene nada que ver con el de otras noches de concierto, donde le cuesta horas que la adrenalina le baje.
—Los buscaré. Encontraré sitios así e iremos siempre que quieras —Erin la abraza y le da un beso en el cuello que hace cosquillas a la cantante, que se encoge y suelta una sonora carcajada.