Capítulo 28
—¿Esto es siempre así de abrumador? —pregunta Erin desde un lateral de la sala donde se celebra la gala.
Noah está a su lado, vestido con un traje y una corbata que lo está asfixiando.
Han llegado hace una hora y ellos y Jude han entrado por una puerta trasera tras mostrar su acreditación, mientras que Mia lo ha hecho por la alfombra roja, donde ha estado posando frente a decenas de cámaras y respondiendo a preguntas de los periodistas —entre ellos Lexie Farhall— que consiguió su acreditación después de que Erin se lo pidiera a Mia.
La cantante no puso ninguna pega, cogió su teléfono y le envió un mensaje a Noah para que se ocupara del asunto y, cuando terminó de escribir, levantó la vista hacia Erin.
—¿Qué tienes con ella exactamente?
—Nada que deba preocuparte —respondió sin apartar la mirada de ella.
Se hizo un silencio extraño que duró unos segundos, porque Erin consideraba que era demasiado pronto para tener esa conversación, puesto que todavía tenía que procesar lo que estaba sucediendo entre ellas.
Mia se levantó de su sitio y se acercó a ella, colocando las dos manos en los reposabrazos del sillón en el que estaba sentada e inclinándose sobre ella.
—No tenemos que hablar de esto todavía —susurró como si le estuviera leyendo la mente, y Erin se estremeció—, pero te prometo que tú tampoco tienes que preocuparte por nadie.
La besó y volvió a su sitio, dejando a Erin con los muslos temblando de deseo.
—Es bastante caótico, sí, sobre todo las primeras veces —responde Noah, tratando de ajustarse el nudo con frustración.
—¿Por qué no te la quitas si te molesta? —pregunta Erin, intentando ayudarlo a aflojar un poco la presión de su cuello.
Noah se mira el cuerpo y después la mira a ella.
—¿No crees que será demasiado informal? A Jude no le gustará.
—A Jude que le jodan —espeta la doctora, aflojando el nudo para quitarle la corbata.
Noah suelta una carcajada y deja que Erin le ponga bien el cuello de la camisa tras desabrocharle el primer botón para que no le moleste.
—Así estás igual de guapo que antes y ya no tienes cara de estreñido —afirma convencida, y la sonrisa del asistente de Mia se ensancha mientras se pasa la mano por su pelo enmarañado, algo con lo que Jude nunca puede luchar.
—Tú también estás muy guapa. Mia se va a caer de culo cuando te vea.
Erin se mira un momento y sonríe. Se ha negado por completo cuando la estilista de la cantante le ha propuesto ponerse un vestido, pero ha aceptado vestirse con un traje entallado que parecía hecho a medida para ella.
El pantalón es gris oscuro, igual que la blazer, y la camisa es de un tono azul que le ha recordado la mirada de la cantante y la ha hecho preguntarse si la mujer había elegido ese color a propósito.
Hace rato que se ha quitado la blazer y tiene las mangas dobladas por debajo de los codos porque está sofocada, no porque haga calor, sino porque está nerviosa mientras ve entrar a decenas de personas que se reparten entre los asientos que tienen asignados.
—Espero que no se caiga —la voz de la doctora sale en un susurro mientras sigue mirando a la gente, hasta que de pronto se escuchan muchas voces juntas y los flashes de algunas cámaras hacen que ambos miren hacia la puerta que da acceso al pasillo lateral en el que se encuentran.
Erin ve entrar a dos mujeres y un hombre.
Ellas van de la mano y él está al lado de la más mayor.
Es evidente que todo el interés está en la más joven, una chica que aparenta la edad de Mia, con una melena abundante y rizada y unos ojos marrones enormes.
Le suena haberla visto, pero no es capaz de ubicarla.
Los tres se detienen en la entrada y el hombre se aparta mientras ellas posan para las cámaras.
La joven sonríe sin esfuerzo, pero la mayor, una mujer rubia de porte imponente y tan atractiva como la otra, es incapaz de estirar los labios; de hecho, parece incómoda con las cámaras, pero no suelta la mano de su chica.
—¿Quiénes son? —pregunta Erin, intrigada.
—La morena es Taylor Davey. Está nominada a artista revelación.
Empezó hace poco, pero está pegando fuerte; su primera gira comenzó hace dos meses.
La mujer que está a su lado es Abigail Stone, es su novia y socia de la agencia que la representa; imagino que se conocieron así.
El hombre que ha entrado con ellas es Liam Cottet, el otro socio de la agencia y agente oficial de Taylor.
A Erin se le acelera el pulso cuando recuerda su conversación con Violette sobre esta mujer.
—¿Es buena? —le pregunta a Noah.
—¿Quién? ¿Abigail?
—Sí.
—Joder, ya lo creo —responde él, con las cejas levantadas—. Esta mujer abre puertas que están cerradas para otros. La agencia de ambos es una de las más potentes del país.
—Eso no me interesa mucho; lo que quiero saber es cómo tratan a sus representados. ¿Son como Jude pensando solo en números, o se preocupan por ellos?
—Gracias a este trabajo he conocido a varios artistas que trabajan con ellos y nunca he escuchado ninguna queja, pero no sabría decirte más.
—¿Nunca se han interesado por Mia? —sigue indagando la doctora.
Noah parpadea, divertido.
—Todos suelen interesarse por todos cuando las carreras tienen potencial. Mia tiene ofertas de varios agentes, entre ellas una de Stone a mí me funciona —escucha Erin a su otro lado.
Se gira y se encuentra con la mirada helada de Abigail Stone, que parece tan incómoda como ella, pero con una pierna cruzada sobre la otra y la mano entrelazada entre los asientos con la de Taylor, no lo parece.
—Lo probaré. Soy Erin.
Le tiende la mano y Abigail la mira durante un segundo antes de soltar a Taylor y estrecharla.
—Abigail. Puedes probar lo del cine o beberte un par de wiskis la próxima vez; eso también sirve.
Erin asiente y Abigail se gira hacia Taylor cuando esta le dice algo.
La doctora mira hacia arriba, siguiendo el eje de la cámara móvil mientras piensa en lo que ha dicho la mujer.
La próxima vez. ¿Habrá próxima vez antes de que acabe su contrato con la cantante?
¿Y después? Erin no quiere pensar en eso ahora, pero no puede evitarlo y se gira hacia Mia.
La cantante está más seria de lo que la ha visto nunca, con las manos sobre el regazo mientras dibuja algo invisible sobre su palma izquierda con un dedo, como si eso fuera lo único que sabe hacer para distraerse de la angustia que siente en ese momento.
—Mia… —susurra Erin, pero la cantante no la escucha, o si lo hace, está demasiado absorta para conseguir reaccionar—. Cariño —la doctora se inclina un poco hacia su lado y Mia ladea la cabeza lentamente hacia ella.
—¿Qué? —pregunta, y se retuerce las manos con fuerza.
—No eres tú, es este sitio el que me pone nerviosa, pero…
Erin tiene que dejar de hablar porque alguien sale al escenario y anuncia que empiezan en treinta segundos, pero Mia no quiere quedarse con la intriga porque lo último que necesita es pasarse toda la gala con esa sensación extraña en el cuerpo.
—Pero ¿qué? —pregunta, acercando la cabeza a la de Erin para poder escucharla.
—No me molesta estar aquí contigo si es lo que te tiene preocupada.
—Lo que me tiene preocupada es que te alejes de mí por cosas como esta. A mí me gustas mucho, Erin, pero esto forma parte de mi vida, al menos mientras mi música siga gustando.
La presentadora comienza a hablar y Erin mira hacia delante, sin saber cómo hacerlo para que Mia disfrute este momento sin que ella convierta este día en un mal recuerdo.
Empieza una actuación, el público aúlla y ella siente un escalofrío de emoción.
Se fija entonces en Abigail, rígida como ella, pero sonriéndole a Taylor y aceptando sus muestras de afecto en público sin que le salga urticaria.
La doctora no sabe hacia dónde va lo que empieza a tener con Mia, ni siquiera si tiene futuro, pero el presente le gusta, está cómoda con ella y quiere que la cantante sienta lo mismo.
—Oye —Erin se inclina otra vez hasta que sus hombros se tocan y Mia vuelve a girarse—. Sonríe, por favor, haz eso por mí.
Mia la mira a los ojos y su sonrisa se queda en un intento que hace que le tiemble la comisura de los labios, porque se siente aterrada ante la idea de que lo suyo con Erin termine antes de comenzar si la doctora no puede soportar la presión de los medios.
No se trata de esta gala, sino de todo en general, porque si lo que tienen avanza y se hace público, ambas sufrirán mucho acoso mediático al principio, y no ve a Erin soportando que invadan su privacidad de ese modo.
La gala avanza y la tensión entre ellas se calma un poco.
La doctora consigue acostumbrarse al movimiento de las cámaras y las luces de los focos ya no le molestan tanto.
Anuncian el tercero de los premios, la artista revelación, y la presentadora saca una tarjeta de un sobre y lee el nombre de Taylor Davey.
La cantante casi salta en el asiento mientras todo el mundo aplaude, pero su primera reacción después de eso es girarse hacia su chica y besarla.
Mia silba a su lado, dejando a Erin medio sorda y haciendo que se gire para mirarla, encontrándola pletórica, emocionada por su compañera como si el premio lo hubiera ganado ella misma.
Erin siente unas ganas tan tremendas de besarla y abrazarla que le sorprende que no le importe que haya cámaras en ese momento.
Taylor se levanta para recoger el premio y la gala continúa hasta que llegan a una de las categorías en las que está nominada su amante.
El premio se lo lleva otro chico y Mia se lo toma con deportividad y aplaude con la misma euforia que antes.
Erin no; ella querría abrazarla y empieza a sentirse un poco desconcertada consigo misma.
—¿Estás bien? —pregunta, acercándose a la cantante de nuevo.
Mia asiente y Erin no se conforma y le toma el pulso con disimulo, encontrándolo desbocado.
—Intenta no alterarte tanto, ¿quieres? —pregunta, levantando una ceja.
La cantante sonríe y acepta la botella de agua que le ofrece, dando un trago largo porque tiene la boca seca de tanto gritar. Llega su siguiente nominación y todo el mundo se queda en silencio hasta que la presentadora lee el nombre:
—Mia Wilder.
Al contrario de lo que ha hecho cuando han ganado sus compañeros, Mia se queda petrificada en el asiento, con la boca medio abierta y las manos en los reposabrazos.
La parálisis le dura un segundo antes de que su sonrisa se ensanche y a Erin le dé un vuelco el corazón cuando se gira hacia ella, se inclina hacia delante y se detiene en seco cuando se da cuenta de lo que estaba a punto de hacer.
El público estalla en aplausos, pero Erin no se da cuenta del efecto que ha causado la reacción de la cantante porque para ella todo ha desaparecido y lo único que puede ver son los ojos azules de Mia.
—He ganado —susurra, como si no supiera qué hacer en ese momento.
Erin se inclina hacia ella, le pone una mano en la mejilla y se acerca hasta que sus frentes se tocan.
—Enhorabuena, cariño, sube a por tu premio.
Mia no puede contenerse y la besa, y Erin no se aparta, ni siquiera cuando escucha el estallido del público a su alrededor. Es un beso corto, una pequeña presión sobre sus labios que termina en una sonrisa antes de que Mia se levante y la doctora siga aplaudiendo con orgullo.
—Por las personas que aportan, las que se quedan en tu vida y las que te ven cuando te miran —dice Mia al micrófono, mirando primero a Noah, sentado en la zona central junto a Jude y Nell, y después a Erin, que le sonríe desde la primera fila.
La cantante baja del atril y se tambalea ligeramente hacia un lado; es un movimiento de apenas una fracción de segundo, pero Erin ya está levantándose cuando Mia, que se ha agarrado a la presentadora para equilibrarse tras haber tropezado, le coge el micrófono y lo acerca a su boca.
—Falsa alarma, Dooley —dice divertida, y el público estalla en carcajadas.
Erin también se ríe y se deja caer en el asiento sin que le pase desapercibido que Abigail Stone también se había levantado para socorrerla.