Salvaje Capítulo 25
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Capítulo 25

—¿Cuánto llevas esperando? —pregunta Nell cuando baja a recepción y se encuentra a Erin sentada en los inmensos sofás que hay junto al ventanal de la fachada.

—Poco —responde la doctora, poniéndose de pie—. ¿Adónde vamos?

—Por ahí —Nell se encoge de hombros—. A dar un paseo por la ciudad. Tienes que aprovechar, cielo, conocer cada lugar que pisas por si no puedes volver. ¿Cuántas veces has salido de los hoteles desde que estás con nosotros para algo que no sea acompañar a Mia?

Erin se toca el pelo y después hace una mueca, torciendo los labios hacia un lado.

—Ninguna.

—Pues eso se acaba hoy; al final no podré jubilarme porque es evidente que necesitas mi ayuda para aprender a vivir —bromea, y Erin siente un burbujeo de ansiedad en el centro del pecho porque sabe que es cierto, que se ha pasado toda su vida sin vivir, pero ese burbujeo ya no es tan incómodo como hace unas semanas porque, aunque todavía le falta mucho por hacer, al menos ha tomado la decisión de priorizarse, y ese es un paso muy importante para ella.

Cruzan la puerta para salir y, cuando ponen un pie en la acera, se encuentran de cara con Lexie, que parece venir con prisas.

—¿Qué haces aquí? —pregunta Erin cuando se saludan.

—He quedado con el responsable de prensa para recoger la acreditación para el concierto de Washington D. C., y cuando venía me ha llegado el mensaje confirmando que Mia asistirá a la entrega de premios —responde frustrada.

—¿Y eso es malo? —pregunta Nell.

—Para ella no —sonríe Lexie—, pero para nosotros como prensa es complicado porque a estas alturas es difícil que consigamos acreditación para cubrir el evento desde dentro.

—Hablaré con Noah a ver si puede hacer algo, o con Mia —asegura Erin.

—¿En serio? —Lexie parece sorprendida.

—Sí, puedo intentarlo.

—Te lo agradezco —la periodista le da un apretón en el brazo y le dedica una sonrisa sincera, y Erin se da cuenta de que Lexie ha comprendido que lo que pasó entre ellas no se repetirá sin necesidad de que se lo explique, que lo acepta y que probablemente podrán mantener una relación cordial e incluso tomar una copa de vez en cuando—.

Os dejo, que se me echa el tiempo encima.

Lexie se pierde en el interior del hotel y Erin empieza a caminar al lado de Nell, que mira a un lado y a otro mientras decide por dónde ir.

—¿Puedo hacer una pregunta? —Nell se pone las gafas de sol y decide que van a cruzar.

—La vas a hacer igualmente.

La mujer sonríe.

—¿Cómo ha terminado la cosa entre tú y Lexie? —de repente se detiene y se gira hacia Erin—. ¿Te das cuenta de que tienes a todas las mujeres de la gira babeando por ti?

Erin se ríe.

—Creo que babear es exagerado. Lexie solo quiere lo mismo que yo quería en aquel momento: pasar un rato agradable.

—Y si no quieres pasar ratos agradables con ella, ¿con quién quieres pasarlos?

Erin se aparta para dejar pasar a dos mujeres que vienen acaparando la acera y después se coloca al lado de Nell, que la mira de reojo.

—¿Os habéis acostado ya? Tú y Mia.

La risa le sale por la nariz. Si esto se lo hubiera preguntado hace dos meses, se habría sorprendido y es posible que incluso se hubiera sentido incómoda, pero ya empieza a conocer bastante a Nell y sabe que la mujer es directa y no se anda con rodeos.

—No, todavía no.

—Pero quieres —Nell pregunta con la mirada clavada en un escaparate donde acaban de detenerse.

—Sí.

La mujer se gira y le da una suave palmada en la espalda antes de reanudar el paso.

—He hablado con Brooke.

Justo en ese momento pasan por delante de una cafetería cuyo olor las hace detenerse.

—Cuéntamelo con un café —Nell la coge del brazo y entran, y se pide dos dónuts de chocolate que hacen que la mujer la mire con los ojos muy abiertos—. ¿Dónde metes todas esas calorías?

—Las quemo en el gimnasio.

Nell asiente y sopla su café con leche antes de beber.

—Bueno, cuéntame.

—No hay mucho que decir. Se enteró de que estaba en la gira de Mia y me pidió que lo arreglara para que pudiera conocerla, y, obviamente, que le pagara el viaje hasta donde fuera.

Nell niega con la cabeza de forma lenta, sorprendida por el nivel de descaro de la hermana de Erin.

—¿Vas a hacerlo? ¿Vas a darle ese capricho también?

—No —Erin empieza con su segundo dónut y de pronto recuerda los cuatro que se comió Barry la última vez que estuvo con él, y sonríe para sí—. Le he dicho que se acabó, que si me llama para saber cómo estoy, perfecto, pero que no lo haga si es para pedirme algo —resume la doctora.

—Bien hecho, Erin —aplaude Nell—. Sé que es duro, pero es lo correcto.

Por lo que me cuentas, tu hermana es la típica persona tóxica que te deja sin energía, y sin dinero —apunta mientras unta su tostada con mermelada de fresa—.

Solo tenemos esta vida, querida, y hay que vivirla rodeada de personas que te aportan, o que por lo menos no molestan.

Erin se recuesta en la silla, terminando el último bocado.

—Voy a intentar ayudar a Lexie para que consiga acreditación en la gala y no voy a ayudar a mi hermana a conocer a su cantante favorita —comenta pensativa.

—La diferencia entre una y otra es que Lexie no te lo ha pedido; te has ofrecido tú porque te apetece ayudarla, porque por algún motivo sientes que se lo ha ganado.

Tu hermana, bueno… ya sabemos que esa chica no tiene freno si tú no se lo pones.

Madurará en algún momento, Erin, o no lo hará, pero eso ya no dependerá de ti; es adulta para tomar sus propias decisiones.

—Gracias, Nell, por todo en general. Me has ayudado a abrir los ojos, a hacer algo que debí haber hecho hace mucho tiempo.

—Hace mucho tiempo probablemente no estabas preparada —opina la directora de producción de la gira—.

Lo estás ahora, y eso es lo importante. Cada uno hace las cosas cuando se siente con fuerzas para ello y cuando llega el momento, aunque a veces pensemos que todo eso llega más tarde de lo que nos hubiera gustado.

A Erin le encanta pasar tiempo con esta mujer y no puede evitar preguntarse cómo habría sido ella de haber tenido una madre como Nell.

—¿No tienes hijos? —pregunta curiosa.

—¿Yo? Qué terror. No, gracias.

Erin suelta una carcajada.

—No tengo nada en contra; de hecho, me gustan mucho los niños, pero uno propio…

Estoy segura de que, de haberlo tenido, mi matrimonio se habría acabado.

Me gusta esta vida, viajando de una ciudad a otra, y si hubiera tenido que renunciar a ella para cuidar a un hijo, me habría vuelto tan insoportable que mi marido me habría dejado. ¿Y tú? Todavía estás a tiempo.

—Ni hablar, ya tuve bastante con Brooke.

Las dos sueltan una carcajada y Erin saca el móvil cuando le vibra en el bolsillo. Desliza la parte superior y ve que es un mensaje de Mia.

Mia Wilder

«¿Cómo estás? ¿La has llamado ya?»

Erin sonríe y contesta.

Erin Dooley

«Sí, todo bien. Ahora estoy con Nell desayunando por segunda vez. Pásalo bien.»

Mia le devuelve una carita sonriente y un corazón en llamas.

—¿Estoy presenciando una escena de amor? —pregunta Nell con parsimonia.

A Erin el corazón le da un vuelco y nota que la cara le arde de repente.

—No me imaginé que me sentiría así con ella —confiesa, y levanta la mano porque necesita otro dónut.

—Estas cosas son así: aparecen de repente, o a veces están ahí desde el principio y somos nosotras mismas las que nos negamos a verlo.

Las palabras de Nell hacen reflexionar a la doctora, que se queda en silencio mirando el dónut que acaban de ponerle delante.

El primer recuerdo que permanece anclado en su memoria son los ojos azules de Mia cuando la observaba desde la camilla.

Eso la ha perseguido desde entonces, y llega a la conclusión de que esa era la primera señal, de que Mia ya inició algo en su interior aquella misma noche y que ella se pasó las siguientes semanas negándose algo que también quería.

No sabe si lo hizo porque se empeñó en pensar que Mia solo quería una cosa de ella o porque estaba tan acostumbrada a ser invisible para los demás que no concebía que la cantante tuviera interés real en ella.

—¿Qué estás pensando? —pregunta Nell.

Erin se encoge de hombros; no quiere contarle que se siente insegura, que quiere esto y a la vez está aterrada porque no sabe lo que viene después.

—No sé si encajo en el mundo de Mia —confiesa al fin—. Cuando termine la gira volveré a Nueva York y ella dice que estará allí un tiempo descansando, pero después empezará a moverse de nuevo y…

—Erin —Nell levanta una mano—, no se trata de que tú te adaptes a su vida ni ella a la tuya; eso no funciona.

Si queréis estar juntas, lo que tenéis que hacer es encontrar la manera de construir una vida nueva entre las dos.

Una que os haga sentir cómodas con lo que tenéis, nada más.

A veces es difícil y otras más fácil de lo que parece, pero lo importante es que queráis hacerlo; con eso ya está la mitad del trabajo hecho.

—¿Has pensado en hacerte coach motivacional o algo de eso? —bromea Erin.

—No me des ideas o empezaré a cobrarte por mis sabios consejos.

La carcajada de Erin es profunda y repentina, de las que te dejan completamente relajada.

—Pagaría encantada por ellos —dice, levantando la mano para pedir la cuenta—, pero de momento solo pagaré el desayuno.

—Buena chica —murmura Nell.